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[Diez días de verano] Juegos de playa

Ya hace años hice una reflexión sobre la gente que se toma la playa como si fuera su propio campo de entretenimiento, sin importarles el resto de “playeros” y atentos sólo a su propio mundo.

Este año, como no podía ser de otra manera, me he vuelto a encontrar una enorme diversidad de “deportistas” en vacaciones.

Por supuesto, como he comentado, ya hace años que dejé de despreciar a estos “ocupas” del espacio público, pero este año mi mente ha ido un paso más allá.

Este año he visto padres creando vínculos con hijos, parejas trabajando en un objetivo común (por muy banal que sea), amigos riendo y haciendo el “ganso”, sobreactuando por alcanzar esa pelota, por devolver ese golpe o cazar ese frisby.

Por supuesto también están los merluzos o merluzas que ni siquiera en la playa pueden dejar de competir, y se enfadan cuando una y otra vez su compañero fracasa en su meta de llegar a los doscientos mil golpes seguidos, o es incapaz de colocarla a la altura adecuada para que pueda responderla.

Puedes ver que caminan hacia la perdición golpe a golpe. Es posible que tengan éxito laboral (que también lo dudo, porque poco se puede conseguir trabajando solo) pero sin duda van hacia el precipicio personal.

También sabes que, aunque ocasionalmente jugaba a la petanca -costumbre que mi padre me ha transmitido, este verano he tenido alguna actividad deportiva playera no planificada, como ayudar a un hombre a salir del agua.

Pero en general, mi tránsito playero es pacífico, limitado a baños de sol y baños de agua, aderezado por conversaciones reposadas, observaciones (como ésta) y un vaciado de mente absolutamente necesario para afrontar el siguiente periodo.

El caso es que este año, los que van a la playa a hacer cosas juntos (sean las palas, los discos voladores, tirar penaltis al agua, jugar al voleyplaya, etc.) han subido un escalón en mi estima, y comprendo lo saludable que es trabajar juntos simplemente por el placer de estar juntos.

¿Tu has encontrado ese momento de estar con los que te importan y hacer algo simplemente celebrando la oportunidad de estar juntos?

¿Has aprovechado esos momentos para eliminar la “arenilla” que se va instalando en los engranajes de las relaciones? Porque sabes que si se deja que se acumule, puede llegar a pararse…

Ahora -probablemente- la oportunidad de hacerlo en verano ya ha pasado, y seguramente te enfrentas a un estresante fin de año, con el añadido de las lluvias, el frio y la (no nos engañemos, fea) ropa que esto apareja.

Aún así, cada fin de semana (y cada día, si quieres ponerte fino) tienes la oportunidad de hacer cosas sin propósito, simplemente para disfrutar de la compañía que tienes, para construir o reparar vínculos, para crear nuevos.

Todos tendemos a postergar los momentos en que nos mostramos vulnerables, en que reímos hasta llorar, o en los que lloramos sin disimulo.

Y esos momentos, querido y paciente lector, son los momentos que nos convierte en seres que merece la pena conocer.

¿No crees?

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

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