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[10 días de verano] Palas en la playa

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palas-en-la-playa.JPGUna de las actividades (me niego a llamarle ejercicio) que me molestaban (sí, porque podemos molestarnos por lo que hace la gente aunque no tenga que ver con nosotros ni nos interfiera lo más mínimo) cuando iba a la playa, era ver a dos humanos jugando con palas de madera y una pelota a una especie de ping-pong sin mesa.

Son numerosas las razones por las que presenciar esa actividad me irritaba sobremanera, algunas bastante objetivas (creo):

– Normalmente se colocan en el centro de la orilla, molestando, interrumpiendo, y a veces hasta bloqueando, el tránsito normal de gente que no tiene otra cosa que hacer que andar de un lado para otro.

– Jugar a las palas requiere ignorar totalmente al resto de la gente que comparte esa zona, estén en tierra, en mar o sean mediopensionistas. Hay un componente de exhibicionismo que está implícito en ese escenario.

– Da igual lo poco que les preocupe la gente que les rodea. Si la pelota se va lejos, en vez de salir corriendo a por ella, se quedan mirando al más cercano esperando a que se la lance.

– No sé cuántas horas habría que jugar a las palas para considerar que se ha hecho ejercicio, pero quince golpes seguidos no cualifican. Y aún así puedes ver en la actitud de los jugadores que lo consideran “su ejercicio”.

– ¡El ruido! Jod*r, que no estamos en Roland Garros ¿por qué tengo que estar oyendo constantemente el golpear de la pelota, los grititos, los “uy”, etc.?

En fin, podría seguir aún analizando todos los aspectos que me reventaban de los participantes en el absurdo juego de dos raquetas de madera golpeando una pelota de goma.

Sin embargo, el otro día, algo me sucedió. No sé si fue un golpe de calor, una repentina maduración (puede que ya senilidad), o una rendición incondicional ante lo que no puedo entender. Lo cuento:

Estaba yo tumbado sobre mi toalla en la arena (Supongo que alguien, desde algún otro lugar, estaría mirándome con desprecio sin entender cómo se puede ir a la playa a no hacer nada -pasa la bola), mirando hacia el agua mientras esta histérica pareja intentaba encadenar una serie de golpes antes de volver a empezar (simplemente por no reconocer que se aburren soberanamente en la playa y tienen que hacer otras cosas) -fracasando una y otra vez, y -no sé por qué- en vez de dirigir mi frustración hacia el vaivén de las raquetas, me detuve en las caras.

Risas, felicidad, armonía… ni que aquello fuera algo importante para ellos, cuando en realidad no hacen más que molestar al personal. En realidad, parecía no importarles lo más mínimo cuantas veces tuvieran que volver a empezar a contar desde uno (sí, es otro de los absurdos rituales de ese “absurdo” juego: contar los golpes que se dan e intentar superar la mejor marca). Sin embargo, no había ni rastro de pericia, ni uno intentando enseñar a otro, ni competición.

Simplemente estaban allí. Compartiendo. Disfrutando. Juntos. Y de repente entendí de que iba aquello. Entendí que pudieran pasarse horas sin llegar a ningún lado, porque ya estaban donde querían estar (no, no me refiero a la playa, me refiero a las personas). Porque lo importante de la actividad es la propia actividad, no los réditos o la utilidad que se extraiga de ella.

Y me acuerdo que pensé (y por eso, pasadas varias semanas de aquello, lo anoto aquí) que tenía que recordarlo. Porque demasiadas veces me encuentro a mi mismo incapaz de disfrutar de las cosas vanas de la vida. Parecería que todo tiene que tener un significado profundo, alguna conclusión de valor, algo importante que justifique lo hagamos.

Y descubrí que a veces simplemente hay que estar. Estar atento a lo que tienes delante, y disfrutarlo tal y como es, sin pararse a pensar más. Y tal vez, si consigo recordarlo, encontraré más momentos para disfrutar de mi vida tal y como es.

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8 Comentarios

  1. Anónimo 11 agosto, 2010

    El que ha escrito esta especie de sufrimiento, me parece que tiene muy poca cultura de playas, supongo que en su ciudad no hay playa y lo más cercano que tiene son esas playas que bien podrían aparecer junto a la marca en el cartoncillo que envuelve las latas de sardinas, por aquello del paralelismo. Sólo hace falta ver Benidorm y la costa mediterránea en general. Si vas ese tipo de infiernos, ¿Qué quieres? ¿No te molestan las sombrillas a tu lado y el corretear de los niños? Hijo mío, vete al norte, que allí hay mareas que suben y bajan y espacio de sobra para dar vueltas, jugar partidos de fútbol y que no te molesten las palas de playa mientras tomas plácidamente el sol.
    P.D. j***r con el p**o captcha.

  2. Anónimo 11 agosto, 2010

    No hace flata irse al norte.. al igual que el redactor, creo que al comentarista 1 le pasa exactamente lo mismo que no conoce las playas, las del mediterrraneo.

    No hace falta irse al Norte, podemos hacer mucho surf, pescar buen marisco y disfrutar de una gente increíble, pero PLAYAS..¿? amigo no le recomiendes a nadie dejar el mediterraneo por el norte en busca de playas que la partida está perdida, desde Gerona hasta Cadiz y si extenderme en mis Baleares….. todo el mediterraneo es una inmensa y turquesa playa sin palas. Pero no se llega en bus ni con el mapa del parque acuático…

  3. Anónimo 12 agosto, 2010

    Soy el del comentario nº 1. Nací y crecí en el norte y desde hace 8 años vivo en Barcelona, conozco muuuchas playas del mediterráneo, si, esas playas que la gente se tumba a 2 metros del agua. Me parece que el problema es que yo nunca he estado en Baleares y tú no has salido de ella. Que pases buen verano amigo.

  4. Anónimo 12 agosto, 2010

    Creo que es el peor artículo que he leído en un blog, sinceramente… Parece escrito por un viejo que no hace más que quejarse por un asunto ridículo.

    Supongo que el redactor no tendrá a nadie con quien jugar a las palas, le pesará el culo de estar todo el día sentado delante del ordenador o algo así, pero desde luego muy aburrido tienes que estar para escribir semejante sarte de chorradas.

    Faq-mac lleva ya tiempo con contenidos bastante “reguleros”, y eso que soy un usuario que entra al blog a diario, cosa que sinceramente, me planteo dejar de hacer pronto, ya que todo lo que publican lo sacan de otros blogs, y si no es así, son artículos como este de las palas en la playa, escritos por gente que parece que, al salir de su cueva con el ordenata, se queja por cualquier chorrada…

    En fin, espero que saquéis artículos con calidad, como hacías hace tiempo.

  5. Anónimo 12 agosto, 2010

    Pues a mi me parece un buen articulo, al igual que los anteriores de 10 de verano.
    ¿Vosotros solo comentáis cuando algo no os gusta?

  6. Anónimo 12 agosto, 2010

    Parece que simplemente se centran en la crítica a la playa y no en el profundo significado del post.

    Yo hace cinco minutos estaba disfrutando simplemente del hecho de estar tumbado en el sillón sin hacer nada, ni ordenador, ni tele, ni dormir, ni siquiera pensar… 20 minutos nada productivos, pero a la vez taaannn placenteros.

  7. Anónimo 12 agosto, 2010

    La imagen es la playa de Las Canteras en Gran Canaria 😉

  8. Anónimo 13 agosto, 2010

    Muy bien al que ha escrito el artículo, va por el buen camino.

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