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[Diez días de verano] Parece que un hombre se ahoga

Déjame que te ponga en situación: hace un día precioso, soleado, con un calor suave que permite disfrutar sin sentirse agobiado. 

El mar está calmado, con una olas minúsculas que parecen besar la orilla con la delicadeza de un amante ¿tal vez por eso la arena está caliente?

Entramos tranquilamente en el agua, charlando y riendo, el banco de arena nos permite adentrarnos sin brusquedad, mientras poco a poco vamos sumergiendo nuestros cuerpos.

La brisa, los gritos, la gente en la orilla, son la música ambiental idóneo para un dia perfecto de playa.

Detrás de nosotros, imponiéndose sobre nuestra conversación, oigo a una familia entrar en el agua: una mujer, varios niños.

A medida que vamos profundizando, las voces  siguen acercándose.

Nos desviamos hacia la izquierda, y las voces parecen seguirnos.

Mira que es grande la playa, y se tienen que venir donde estamos nosotros.

Al final, irritado, me doy la vuelta para ver qué pasa y hacia donde tenemos que movernos para poder estar tranquilos.

A pesar de no entender lo que hablan, algo señalan hacia el mar y la mujer le coge al hijo una de esas tablas de surf de porexpan que se han popularizado tanto.

Miro a donde señalan y veo una cabecita que, periódicamente, emite gritos cortos e ininteligibles.

Vuelvo a mirar a la mujer y entiendo: el hombre está pidiendo ayuda.

Afortunadamente siempre he sido buen nadador (en mis años escolares incluso competí) asi que, como en los viejos dibujos animados de Tarzan, con un saltito me pongo en posición y empiezo a nadar a toda velocidad hacia el presunto naúfrago.

Cuando llego a él, me quedo a un metro escaso y le pregunto, ¿está bien? Porque le veía nadar y no parecía en absoluto estar en apuros.

El hombre me mira con mirada estúpida y no dice nada. Y sigue nadando a braza (a esa velocidad habría tardado dos o tres días en llegar a la orilla).

Le vuelvo a preguntar si le pasa algo, o si puedo ayudarle y repite la mirada al vacío. Pienso que a lo mejor es extranjero y no entiende lo que le digo.

Detrás llega la mujer con la tablita de surf. La mujer, sin duda más despierta que yo, no guarda la distancia y llega hasta él con la tabla para que se sujete.

En ese momento, el hombre parece volver en si y dice “Ya está, es que me he asustado”.

Me quedo atónito. Así que no sólo habla español, sino que me entendía. Simplemente, su ataque de pánico le impedía reaccionar más allá de mantenerse a flote.

Su cerebro, una vez que vio que sus gritos de auxilio habían sido oídos y que llegaba ayuda había desconectado también ese circuito, dejándole prácticamente como un cuerpo a la deriva.

Hasta que no sintió el contacto (no las preguntas educadas y respetuosas que yo hacía desde una distancia prudencial) de otro ser humano, su cerebro no volvió a activarse.

Como he dicho, con el mar en calma, sin corrientes y a poca distancia de la playa en apenas cinco minutos estaba haciendo pie y quitándole importancia (ante sus hijos pequeños) a lo que había pasado.

Seguramente estarás pensando “pues vaya porquería de anécdota”. Y eso posible que lo sea.

Pero lo cierto es que siempre esperas que, los que se ahogan (no es el primero que ayudo a salir) muestren señales de desesperación, de peligro inminente.

Nunca se me ocurrió pensar que a veces el miedo, la soledad, la desesperación, la incapacidad de lograr el objetivo, no tener nadie a quien recurrir (todo eso y más debió sentir este hombre) se mostraran, as simple vista, como una absoluta normalidad.

¿Sabes en las películas cuando uno le pregunta a otro (que está visiblemente destrozado, nervioso, triste, etc.) “¿Estás bien? ¿Te pasa algo?” Y el otro responde “No me pasa nada, estoy estupendamente” y lo dan por bueno?

Claro, luego pasa lo que pasa.

Pues eso descubrí yo ese día. Que a veces las apariencias ocultan (no ocultan, disfrazan) problemas mucho más profundos con una apariencia de normalidad.

Y me he hecho la nota mental de no ser “americano”, no preguntar si están bien porque deseo que me digan que lo están y así no tengo que hacer nada.

Si creo que alguien no está bien, que puede necesitar ayuda, da igual lo que digan. Tengo que seguir mi instinto.

Como se suele decir, es mejor pedir perdón que pedir permiso.

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

4 Comments

    1. Alf Post author

      Hola Juan. El hombre que sacamos tardo una media hora en salir del shock. Entonces vino tímidamente y me pregunto si yo había sido uno de los que le ayudaron.

      Me dio las gracias, todavía sin atreverse a reconocer verbalmente su imprudencia.
      Luego ya no le vi más.

      Espero que haya aprendido la lección.

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