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[Diez días de verano] ¿Qué vas a hacer con tu vida?

Hace ya muchos meses, cuando el COVID parecía un híbrido entre la pesadilla orwelliana y el fin de la civilización (posiblemente las dos significan lo mismo) Carlos Burges publicó un artículo incitándote a que aprovecharas el confinamiento para mejorar tus aptitudes.

Yo también he hablado en varias ocasiones sobre la necesidad de repasar nuestras prioridades, porque muchas veces -inconscientemente- se altera el orden y nos pasamos mucho tiempo (demasiado) centrados en cosas que no son tan importantes para nosotros, mientras que las cosas que sí lo son se quedan a la espera, pospuestas, mientras nuestro tiempo y energía se disipan sin conseguir beneficios tangibles para nosotros.

Así que hemos pasado casi dos años “en suspenso”, entre confinamientos, limitaciones de movimiento, teletrabajo, etc. Es muy probable, porque nadie nunca nos enseñó a gestionar estas situaciones que hayas pasado estos meses distraído, descentrado, en el mismo suspenso mental que físico.

Y como resultado, aquí estás, con una sensación extraña de vacío y de haber desperdiciado una oportunidad de oro para cambiar tu vida, o al menos para poner los pilares del cambio que llevas toda la vida anhelando poder abordar,

Y ves que vuelve la rutina que odiabas, el trabajo que querías dejar, que ya no vas a tener tiempo de llamar o visitar a los amigos o familiares que cuando todo esto empezó pensaste en visitar… y te das cuenta, puede que con un punto de desesperación y de dolorosa angustia, que ese tren ha partido y te has quedado en el andén pensando que tenías tiempo de apurar un poco más antes de subirte.

Todos los que hemos perdido un tren sabemos perfectamente dónde está esa frontera: la soberbia de pensar que tienes tiempo y la vergüenza íntima de saber que solo hay un culpable de esa situación.

Y todos los que hemos perdido un tren conocemos la inseguridad que nos queda de por vida y por qué preferimos estar sentados tranquilamente en nuestro puesto -aunque haya tiempo de sobra.

El caso es que el tren del aprovechamiento del tiempo durante el COVID ya ha pasado. 

Pero eso no quiere decir que no haya más trenes, o que tengas que conformarte con no viajar.

Solo que -posiblemente- tienes que cambiar el destino. En vez de empezar el largo recorrido que podrías haber cogido si te hubieras puesto en marcha hace año y medio, ahora tienes que pensar bien que paradas hay a lo largo de ese recorrido y coger trenes de cercanías que, por pequeñas etapas, te vayan cercando a donde quieres llegar.

Eso sí, tienes que ponerte en marcha ya, si no, nunca saldrás de la estación.

Y una última reflexión: en toda esta metáfora tan sobada de “subirse al tren”, hay algo que me molesta.

Parece estar implícito que nos van a llevar, que solo tenemos que subirnos y está todo hecho.

Sé que lo sabes, pero aún así te lo voy a decir. Es mentira. Ese tren solo te llevará a donde tu quieras llevarlo. Eres tan maquinista como pasajero.

Así que, deja de mirar atrás, a lo que podías haber hecho y no hiciste, y mira hacia adelante, con la mirada alta, para ver dónde quieres llegar y si vas en la dirección adecuada.

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

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