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[Diez días de verano] Aprender a decir adiós

Una de las cosas que más me cuestan en la vida es aceptar que una persona ya no es compañía en mi viaje. 

Que nuestros caminos se han separado y que intentar que siga mi ritmo no sólo es ir contra su voluntad, sino que me hace ir más lento y alejarme de mi camino.

¿Sabes en los dibujos animados cuando un tren se rompe y el personaje intentan mantenerlo unido mientras se separan cada vez más y sus piernas y brazos se van estirando y estirando y estirando… inevitablemente tiene que soltarla y sale disparado, sin saber dónde va a caer.

Pues eso es lo que pasa cuando una persona que pensabas que te iba a acompañar en tu vida empieza a tomar una ruta distinta a la tuya. Durante un tiempo intentar que la separación no sea cada vez más grande, y vas estirando todo para que no se note. 

Muchas veces por el camino rompes otras cosas, tan centrado como estás en ser “pegamento”.

Y cuando finalmente lo dejas ir, miras a tu alrededor sin comprender cómo has llegado a esa situación y el paisaje tan diferente que encuentras cuando vuelves a centrarte en lo que de verdad importa -o en los que de verdad te siguen acompañando.

Con los años he aprendido. Me cuesta mucho (dejar de llamar, dejar de intentar, dejar de buscar coincidencias) y me sigue doliendo.

Pero he aprendido a callar y seguir adelante.

Como con Silvia, que el camino volvió a poner en mi vida veinte años después de conocernos y pude acompañarla en un tiempo difícil para ella.. pero luego cada uno siguió o volvió a su vida.

O con Nacho, amigo íntimo del trabajo, cenando en su casa o en la mía, conociendo a su familia… hasta que dejamos de trabajar juntos. Desde entonces nada. Ni un mensaje.

Recuerdo un cuento de Michael Ende (me marcó). Más o menos iba así: Cada año sólo un elegido conseguía salir de la isla, volando hacia la libertad.

El niño elegido, de buen carácter, aceptó llevar un recuerdo de alguien, y otra persona le dio otra cosa, y otro otra… todos querían que una parte suya volara de la isla hacia la libertad.

Pero cuando llegó el momento de salir volando, el peso de tantos recuerdos le impidió despegar el vuelo, y quedó atrapado para siempre en la isla.

Yo intento que el peso de lo vivido no me impida volar si lo necesito. 

Por supuesto, a todos los que han sido importantes en mi vida los llevo dentro, y los recuerdo y les agradezco todo lo que me han aportado.

Pero aprender a decir adiós, a dejar gente atrás (o a un lado) mientras ellos siguen su camino y yo el mío es probablemente una de las cosas que me ha traído la madurez, y de las que estoy contento de haber aprendido.

Siempre me ha cautivado esta letra de Ana Belén:

No llevaré ninguna imagen de aquí

me iré desnuda igual que nací.

Debo empezar a ser yo misma y saber

que soy capaz y que ando por mi piel.

Autores: Víctor Manuel San José, Danilo Vaona, Peter Felisatti

Y tu, ¿cómo llevas eso de decir adiós?

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

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