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[10 días de verano] Yo en el espejo

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looking-car-mirror.JPGUna de las cosas me llaman la atención es cuando yo estoy en el asiento de atrás de un coche y voy hablando con el conductor. Lo único que puedo ver de su cara son sus ojos, tal vez un poco de la frente y el principio de la nariz. Apenas le reconozco. Incluso su forma de hablar me parece extraña, ajena a la persona que sé que es la que conduce.

Privado de toda la gestualidad, de la comunicación no verbal (con suerte mantendrá ambas manos en el volante durante todo el trayecto) la conversación carece de gran interés, de profundidad, incluso aunque esté interesado en el tema. No pasa mucho tiempo hasta que encuentre más interesante mirar por la ventana que intentar descifrar el sentido de lo que me están diciendo.

Todos tenemos una imagen idealizada de nosotros. Los mayores dicen que no se sienten mayores, que se recuerdan a sí mismos como eran en un momento de su vida en que se sintieron en plenitud de sus fuerzas, capaces de salir adelante con todo y dueños de su destino. A mi me pasa parecido (y supongo que a muchos otros).

Si pienso en mi tiendo a verme como ligeramente mayor a cuando era el “terror de las chicas”. Por supuesto, nunca gordo. Y si alguien me dice que lo estoy, una breve caricia a mi curva panzil sirve para despreciar esa apreciación objetiva con un “no tanto”. Si se insiste, me agarro sicológicamente al proyecto de que, cuando cambie mi vida, podré ponerme a dieta, hacer ejercicio… volver a un estado anterior, en resumen.

Sin embargo, al más puro estilo Homer, basta que se me ocurra mirar al espejo mientras abro la puerta del baño para salir para darme cuenta de que lo que me precede es algo más que un simple “abandono” de la dieta. Es cierto, estoy gordo. Aunque prefiera ignorarlo. También me doy cuenta de mis ojeras ya están marcadas indeleblemente -bien por genética, bien por las horas delante del tubo de rayos catódicos, bien los problemas o bien todo a la vez- y que las arrugas faciales ya no sólo se forman cuando sonrío, sino que, en algún momento del pasado, se quedaron registradas como parte integrante de mi cara.

Así que, por más que mi cerebro quiera engañarme, estoy muy lejos del adolescente que se se sentía omnipotente paseando por su barrio.

Mi cara. En realidad ¿cómo es mi cara? Es cierto que me miro para afeitarme, para peinarme, para lavarme los dientes (aunque siempre que lo hago mancho el espejo de diminutas gotas de pasta), al secarme después de la ducha o al darme crema después de un día de sol. Pero siempre estoy pensando en otras cosas.

En estos años me han salido algunos lunares. O al menos antes no los vi. Mis cejas parece más pobladas, y parecen empeñadas en meterse delante de mis ojos cuando frunzo el ceño. Ya tengo canas en las sienes (y probablemente se acerca la hora de un corte de pelo). Me sigue gustando el contraste entre el blanco y el azul de mis ojos. Me gusta que el blanco siga siendo blanco. Y cada vez que me miro en el espejo, o voy a una piscina o visito el mar, me felicito de haberme operado la miopía y haber podido prescindir de las gafas. La verdad es que me molestaba no poder llevar gafas de sol cuando hacía sol, o quitarme las gafas cuando viene esa brisa que tanto me gusta…

Me sorprende que de mis orejas (afortunadamente bastante recogidas y ni muy grandes ni muy pequeñas) salgan de repente delgadísimos pelillos rubios como si alguien se hubiera dedicado a cultivar ese pelo en concreto, que surge fornido y atrevido, insultantemente desafiante… supongo que es su momento de gloria. Cuando me pasa eso, me acuerdo de que dentro de la nariz también hay una flora propia (puede que incluso fauna) y empiezo a hacer contorsiones para intentar que la luz que viene del techo se cuele por los agujeros de la nariz, algo que todo el que haya estudiado un poco o haya comprado algo de sentido común donde quiera que lo vendan entenderá que es físicamente imposible.

Asomarse al interior de la nariz es bastante deprimente. Creo que probablemente es una de las perspectivas menos favorecedoras del ser humano, casi comparable a agacharte a coger algo y que se te rompa el pantalón al tiempo que se te escapa un viento…

Mirarse la nariz es como empezar a ver algún tipo de documental sobre una selva oscura y desconocida. Enormes árboles de negro tronco habitando en una cueva oscura, de donde de vez en cuando se extraen frutos (para la mayoría no comestibles)… no me extraña que su mero avistamiento nos provoque ganas de entrar a cazar. Supongo que está en nuestros genes.

Sonrío. Entonces veo ese diente central mellado, que me rompí porque me gustaba mordisquear un anillo. Claro, aquel día fue el último que lo mordí. Además tengo los incisivos en cuña hacia afuera (puede que por eso pueda silbar bien -ahora que lo pienso, ¿sabrán los niños de hoy silbar? a lo mejor es algo que también ha pasado de moda). No tengo los dientes especialmente blancos, pero me gustan ¡son mios! y desde luego los prefiero a esos dientes azules que te ponen ahora y que los llaman “blanqueados”. Me acuerdo siempre de una escena de Algo pasa con Mary, cuando convencen al investigador de que a Mary le apasionan los dientes blancos, y éste se los blanquea tanto que relumbran en la oscuridad. La verdad, prefiero el blanco marfil natural, aunque no pueda salir en un anuncio de dentrífico.

Debajo de la sonrisa está… la papada. Lo reconozco. Porque sí, porque estoy morcilloso. Bueno, encima tengo una barbilla, pero es normal, vulgar, no tiene cicatrices, ni hoyuelos, ni lunares. Ni es redonda ni es plana, ni sobresale ni se hunde. Así que para ser una barbilla vulgar ya he hablado mucho de ella.

En fin, que así soy yo… más o menos. ¿Cómo es tu cara?

pd.: No, la foto que ilustra esto no soy yo. Mi mente distorsiona la imagen que tengo de mi, pero no tanto 🙂

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10 Comentarios

  1. Anónimo 7 agosto, 2010

    Sí, yo tampoco soy ese “viejo” al que a veces sorprendo mirándome fijamente desde los espejos. Y creo saber por qué es la única persona que me mira fijamente: le recuerdo a él mismo cuando era más joven. 😉

  2. Anónimo 7 agosto, 2010

    Seguro, cuando tenía 20 años no lo habría pensado, me siento igual (o casi) pero el espejo me muestra otra cosa, me siento como la “chica” de 20 pero tengo 40 y arrugas y agacharme me pesa y tengo canas (muchas), surco entre las cejas y la piel no tan firme y me replanteo lo que he hecho en la vida, seguro es la edad.
    Pero también me siento más sabia, mas segura, mas lista y con un renovado interés de estar funcionando, de atreverme, de hacer cosas que no había hecho (grutas y montañismo) de estar sana, de disfrutar mi vida, de mantener el ritmo de los hijos.
    Somos “mayores” , nos hablan “de usted” y aun no se si me la empiezo a creer o me ofende…
    Mi cara, de una mujer madura, mi espíritu joven, ¡jovencisimo! aunque me duela todo el cuerpo por haber hecho rafting y montar a caballo esta semana…
    La redacción se puso nostálgica y yo con ella.

  3. Anónimo 7 agosto, 2010

    Yo estoy igual, cuando tenía 20 años lucía abdominales, pelo sano y frondoso, y en general estaba bastante bueno, no lo digo yo, lo decían las chicas.
    Cuando entré en la carrera, arquitortura,empecé a dejarme, abandoné el volley-ball, el gimnasio y la piscina, empecé a fumar y a coger kilos, etc, etc. Ahora con 30 tacos que tengo, el pelo me clarea, tengo panza, aunque he comenzado a hacer deporte, sigo fumando, pero un día de estos lo dejo seguro, y peso del orden de 85 kilos con 1,76 cm de altura, cuando antes pesaba 68/70 kilos.
    Cuando me miro al espejo no me doy cuenta del cambio, es como si siempre fuera el mismo, pero cuando me miro fijamente a los ojos y voy a través de ellos, es cuando la profundidad que ahora poseo antes no estaba, puedo llegar a otra dimensión de mirada que abarca entre cansancio y sabiduría.
    Algunas veces cambiaría mi mirada actual por la que tenía ese chaval de 20 años, olvidarme de las profundidades del alma y únicamente pensar en sobrevivir y pasarmelo bien, otras veces pienso que la sabiduría adquirida pesa más y te da una libertad de pensamiento que te hace intensificar más las vivencias y apreciarlas.
    Justamente ayer, mi madre me decía que la época más feliz de su vida fue la mía actual porque eres joven pero no incrédulo, como lo eres a los 20. Yo en mis adentros ratificaba sus palabras, pero pensaba:
    ” joder sí, pero y si tuviera todavía esos abdominales “

  4. Anónimo 7 agosto, 2010

    Hoy tengo 20 años pero tengo la vaga idea de que ayer tenía 40. Doctor, ¿sufro de la misma distorsión de la realidad a la que nos tiene acostumbrados Jobs con su famoso campo? No sé, precisamente hace poco se lo comentaba a la novia: Aun considerando la madurez adquirida y viendo la decrepitud física, me sigo creyendo en una edad del pavo eterna y en un semicuerpo de unos 30 tacos; vamos, que tengo 40 pero el cerebro de uno de 20 por ratos.

    Pero lo que más me pesa de todo esto es una cosa muy muy concreta: Agacharme para ponerme/quitarme los calcetines y/o abrocharme los cordones de los zapatos. Y el problema no es mi altura, que no es para tanto, 1,80, sino el sistema de cojinetes, rodamientos y airbags que hay entre mi cabeza y mis pies.

  5. margotan 7 agosto, 2010

    fantástico artículo, en el que me reconozco.

    el reflejo físico me enseña los años pasados, pero no puedo quejarme después de lo vivido: mis arrugas ni me molestan ni son execesivas, mantengo el pelo -ahora blanco y corto- he “conseguido” aumentar en 30 años mi peso en 8 kg … no me puedo quejar,
    ……..
    pero el “alma”, es mucho más dificil de mirar, fijamente imposible, ligeramente, a veces: las decisiones que marcaron tu vida, los cambios/no cambios que hiciste, el tiempo en que los sueños…. sueños son; la realiadad de que tus fuerzas y tus sueños no tienen la intensidad que tenían a los 20 años……. y que la cara a la que miro ahora tiene 50, el “alma” ¿joven?…

  6. Anónimo 7 agosto, 2010

    Y esto que diantres tiene que ver con Macintosh???

    Señores, se les olvida, como dice la cabecera de la página, que esta web es de “Noticias y tecnología para el mundo Mac”. Por favor, podéis ceñiros al tema???

    No sé cuántas veces tendré que repetirlo… Si queréis escribir sobre otros asuntos, me parece mejor idea escribir en otro blog, no creen?

    Un saludo.

  7. Redacción 7 agosto, 2010

    Porque somos nosotros los que los usamos. Es posible que tú sólo quiera saber la velocidad de los chips o si incorporan (¡por fin!) BluRay. Pero otros muchos no.

    No sólo de Mac vive el maquero.

    Aún así, gracias por tu opinión

  8. mikeunimac 8 agosto, 2010

    Cada verano reflexiono igual que Alf, bueno, cada verano, cada navidad y cada semana santa.
    Y siempre agradezco estas entradas que son dulces y humanas. Por mí se podrían mantener como costumbre mensual.

  9. juandesant 8 agosto, 2010

    Todo tiene que pasar como sucedió para que hoy sea como soy.

    Y a veces todo tiene que ser diferente para ser igual 😉

    Un abrazo, y gracias por los artículos!

  10. Anónimo 9 agosto, 2010

    DE VERDAD QUE NECESITAS UNAS VACACIONES.
    Se te va bien la olla.

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