La Unión Europea ha legislado, como bien sabemos aquí, de una manera un tanto unilateral y dogmática, y aún está por demostrar que tenga algún beneficio real para los usuarios más allá del mantra «free is better» (todo lo libre es mejor).
Apple, acostumbrada a reinar sobre sus propiedades, no lleva nada bien que vengan de fuera a decirle lo que tiene que hacer, cómo tiene que hacerlo o en qué plazo tiene que hacerlo. Por el artículo 33 (expresión que significa que se hace porque la UE lo dice).
Apple ha «tomado represalias», dejando de implementar funcionalidades en sus dispositivos, por el miedo a que le obliguen a hacerla compatible con todo aquel que lo pida. Haciendo así que la diferencia de los iPhone desaparezca entre el océano de Android, todos iguales, pero -gracias al «fomento de la competencia»- capaces de disfrutar de la innovación y la investigación de Apple.
Siendo esto Faq-Mac está claro quién pensamos que tiene razón, pero aún así, vamos a repasar, objetivamente (dentro de nuestras posibilidades) como se está desarrollando esto:
La Ley de Mercados Digitales (Digital Markets Act, DMA) es la normativa europea que busca limitar el poder de los grandes “guardianes” digitales y abrir mercado a la competencia. En nuestro podcast hemos hablado varias veces de este tema con el abogado experto en nuevas tecnologías Victor Salgado.
Apple ha criticado la ley, argumentando que perjudica la seguridad y la experiencia de usuario y favorece a otras grandes tecnológicas, mientras que organizaciones de consumidores y la Comisión Europea defienden la DMA como herramienta para recuperar elección y competencia. La situación es compleja: la DMA introduce ventajas para consumidores y empresas pequeñas, pero también plantea retos prácticos que podrían afectar la innovación.
Qué es la DMA
La Digital Markets Act (Reglamento (UE) 2022/1925) obliga a ciertas plataformas muy grandes a cumplir obligaciones específicas: permitir interoperabilidad, ofrecer opciones de pago alternativas, evitar el autopreferenciamiento de sus propios servicios, entre otras. La Comisión Europea supervisa su aplicación y realiza evaluaciones periódicas para garantizar que la norma cumpla sus objetivos.
Las críticas de Apple
En septiembre de 2025, Apple afirmó que la DMA “beneficia solo a otras grandes tecnológicas y perjudica a los clientes”, señalando problemas de seguridad, fragmentación de la experiencia y retrasos en funciones que afectan a usuarios europeos. Según la compañía, forzar alternativas de pago y de tiendas de aplicaciones puede introducir vulnerabilidades y empeorar la experiencia integrada que ofrecen sus dispositivos.
La otra cara: organismos de consumidores y reguladores
Organizaciones de consumidores europeas, como BEUC, y la Comisión recuerdan que la DMA fue diseñada para equilibrar el poder de mercado de los gigantes tecnológicos y aumentar la elección y protección del consumidor: permitir descargas fuera de tiendas propietarias, posibilitar competidores en servicios de mensajería o búsqueda, y evitar prácticas que obligan al usuario a usar servicios predeterminados. Para estos organismos, la DMA protege derechos fundamentales de elección y competencia.
Evidencia temprana: cumplimiento, multas y efectos observados
La Comisión Europea ya ha impuesto sanciones a empresas tecnológicas por incumplimientos de la DMA, demostrando que la norma se aplica y puede llevar a correcciones obligadas. La aplicación práctica genera litigios y apelaciones, pero evidencia que la regulación tiene efecto real.
A quién favorece la DMA
Consumidores europeos: mayor elección, posibilidad de pagar con métodos alternativos y mayor transparencia.
Competidores y desarrolladores más pequeños: reduce barreras de entrada y fomenta alternativas en mercados dominados por unos pocos actores.
Reguladores y defensores de la competencia: cuentan con herramientas proactivas para evitar prácticas que cierran mercados.
A quién puede perjudicar o qué riesgos existen
Grandes plataformas afirman que la norma introduce complejidad técnica, riesgos de seguridad y costes de cumplimiento que podrían trasladarse al consumidor. Esto puede generar retrasos en funciones o cambios en modelos de negocio. Estudios académicos y de think tanks indican que, aunque la DMA ayuda a competidores pequeños, algunos efectos secundarios pueden afectar inversión e innovación si la regulación no se aplica con equilibrio.
¿La DMA frena la innovación o la promueve?
No hay respuesta única. La DMA promueve la competencia y permite la entrada de nuevos actores, pero también existe el riesgo de frenar ciertas innovaciones si los costes de cumplimiento o las exigencias técnicas son demasiado rígidas, como Apple está demostrando. El equilibrio entre seguridad técnica y apertura de mercado es clave.
Implicaciones prácticas para el usuario europeo
Más opciones de compra y pago: posibilidad de elegir tiendas de apps y métodos de pago alternativos en dispositivos cubiertos por la DMA.
Posible fragmentación temporal: hasta que se implementen estándares y garantías, algunas funciones integradas podrían modificarse o retrasarse.
Paciencia y aguantoformo en este pulso entre el fabricante de iPhone, Mac, Watch, iPad, etc. y los legisladores europeos.
Evaluación general: ¿favorece o perjudica a Europa?
La DMA favorece en términos de política pública: corrige asimetrías de poder y proporciona herramientas para más competencia y elección.
Sin embargo, la implementación técnica, la carga de cumplimiento y las posibles reacciones legales pueden generar efectos secundarios que retrasen algunas innovaciones.
El éxito dependerá de una aplicación equilibrada, vigilancia regulatoria inteligente y diálogo técnico entre reguladores, empresas y sociedad civil.
¿Puede Apple doblegar a la UE?
Sinceramente, no parece posible. La esperanza de Apple es que el clamor de los ciudadanos se vuelva hacia la administración que les priva de la traducción automática con los AirPods, por ejemplo. Pero si algo tiene el Parlamento Europeo es que está muy lejos de los ciudadanos, tanto que ni les oye ni les escucha (aunque legisle «por su propio bien»).
Los ciudadanos europeos saben que nada de lo que digan (o escriban) va a dejar la menor muesca en los parlamentarios, y que lo más probable es que se queden de por vida sin las novedades que Apple vaya anunciando.
De momento, no pinta bien para usuarios de productos Apple. Otros usuarios, acostumbrados a la mediocridad de los productos y al «good enough» (suficientemente bueno) que viene desde los tiempos de Windows, probablemente no notarán nada. La mayoría no sabe ni qué versión de sistema operativo tiene instalada.