Ya están aquí los quince días de verano. Ya sé que suena un poco a promoción de grandes almacenes, pero no quiero engañar a nadie. Los quince días de verano son los días que descanso /y os dejo descansar, porque apenas hay noticias (ya solo rumores y especulaciones sobre qué llevarán los inminentes nuevos productos de Apple). Y creo que todo eso nos lo podemos ahorrar.
Otro año más hemos llegado (vivos) al verano. ¡Y no ha sido cualquier año! Aunque naveguemos largamente bajo la superficie, a lo largo de estos doce meses la comunidad faq-mac se ha consolidado y tiene un pulso cada vez más fuerte.
La web, el canal de Telegram, los podcasts, el boletín semanal, los correos que me enviáis… créeme, tengo muchos motivos para dar gracias por el tiempo que ha pasado y para mirar con alegría los que vendrán.
Creo que si me sintiera (como seguramente se sienten compis que trabajan en las grandes redes de blogs) que todos los días, todos los meses, todos los años, es lo mismo, me habría dedicado hace mucho tiempo a otras cosas. Oye, que a lo mejor por eso hago cada vez más cosas…
Pero ¿sabes una cosa positiva? cuando estás centrado, estás presente en lo que haces, las fiestas, los cumpleaños, las vacaciones, te sorprenden cuando están aquí al lado. Porque no dedicas tiempo a pensar en lo que vendrá, solo te centras en dar cada día lo máximo.
En ser mejor compañero, mejor colega, mejor amigo, mejor amante (ejem)… en ser, ya os lo digo cada semana, buena persona, en ser feliz y hacer feliz a los demás.
Que los cínicos que nos rodean ya habrán levantado una ceja descartando esas frases como clichés, como estereotipos, como lugares comunes. Pero eso es porque hace mucho que ellos dejaron de intentarlo, o dejaron de hacerlo con ellos. Es un mecanismo de defensa.
Pero ser mejor, cada día (reconociendo ante ti mismo los días que fracasas, sin excusas ni justificaciones) requiere mucho trabajo, constancia y… desde luego, paciencia porque hay cada uno por ahí (pon aquí un guiño y una sonrisa).
Decía Nietzsche que amar a los enemigos era un agravio comparativo a los amigos. Pues si amamos a todos, ¿qué «algo especial» les damos a aquellos que llamamos amigos? No hace falta que te diga que Nietzsche tendría que visitar a Freud a ver si explicaba un par de cosas.
Bueno, el caso es que para poder ser «bueno» hay que encontrar y dejarse espacios para uno mismo, para sanar, recuperar, acumular todo aquello que vamos a gastar en cuanto volvamos a la vida cotidiana.
De esto van los quince días de verano. De hablar de temas diferentes que he ido anotando a lo largo del año, durante dos meras semanas,
Hasta mañana
Alf
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