[Diez días de verano] Hacerse mayor

Desde hace meses estamos de cuidadores, acompañantes, directores de vida, de una persona mayor. No es familia directa mía, sino que estoy en el papel de consorte.

En mi juventud hice mis dias de voluntariado en residencias de ancianos, donde vas, les cantas, les hablas, les escuchas (sobre todo), etc. fundamentalmente descubres historias tremendas de toda una vida de trabajo y sacrificio que han acabado en soledad, olvido y resignación. 

La entrega de los padres, luego abuelos, es tan grande que incluso justifican que les dejen aparcados en una residencia para ser visitados una vez al mes durante unos pocos minutos, porque “tienen su vida”- Mientras miran por la ventana con la mirada perdida.

Es cierto, de una visita a una residencia, digamos, de ancianos desconocidos, sales siempre con el corazón encogido, conmovido, un poco triste y un poco furioso porque no entiendes cómo alguien puede abandonar a quien le dio todo.

Sin embargo, ahora que lo vivo en primer término, aunque nunca lo entenderé y nunca lo haré, por lo menos tengo un atisbo a lo enormemente erosionante, absorbente, desmoralizante y agotador que puede ser tener una persona que no suelta las riendas aunque reconozca que no sabe hacia donde va.

Verme (porque no dudo que yo acabaré igual o parecido) reflejado en esta persona me está enseñando muchas cosas de lo que me espera, y lo que le espera a los que tengan que atenderme cuando ni esté tan mal como para que me aparquen ni ya esté bien para ser autónomo.

Ya sabeis, si leéis estas reflexiones veraniegas, que soy muy de aprender lecciones y de hacerme notas mentales.

Durante mucho tiempo pensé en abrir un blog para contar(me) las cosas que he visto hacer y que no quiero repetir. Ahora tengo claro que en vez de un blog (el leer se va a acabar) tendrá que ser un podcast, que además será más fácil de digerir cuando ya no vea ni de cerca ni de lejos.

Aún así, a pesar de lo difícil que es la convivencia, me recuerdo con frecuencia diaria que tengo que ser agradecido porque gracias a esta persona he podido disfrutar de lo que más quiero. Y sigo llorando por dentro por tantos ancianos y ancianas abandonados en una silla de una residencia esperando la muerte, porque creen que es lo único que merecen ya, y que no han visto ningún fruto al amor que dieron, sólo les pagan con conveniencia y comodidad.

Qué triste.

Si tienes personas mayores en tu entorno (familia, vecinos, conocidos) ¿tal vez podría pedirte que pasaras un rato hablando con ellos? Por supuesto descubrirás que tienen muchas ganas de hablar, de contarle a alguien su historia. Pero más importante todavía, descubrirás que tienen una historia que contar.

Y es una pena que te la pierdas.

Anda, hazlo ahora que tienes tiempo, aunque solo sea porque tu querrás que lo hagan contigo algún día.

Puedes escuchar este texto en audio exclusivamente aquí:

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

5 1 vota
Article Rating
Subscribe
Notify of
1 Comment
Oldest
Newest Most Voted
Opiniones Inline
Ver todos los comentarios
Miguel Ricarte
Miguel Ricarte
22 days ago

Todas las semanas cocino un día para mi madre por motivos similares a los que cuentas.

1
0
Me encantaría saber tu opinión, por favor, deja un comentariox
()
x