4k 0

¿Debería comprar Apple un estudio de cine?

La explosión de los canales de streaming actual ha sido la culminación de una larga trayectoria que se ha visto acelerada por dos acontecimientos no relacionados: la pandemia y la progresiva caída de público en los cines, provocada inicialmente por sus altos costes pero rematada por la llegada de la Covid.

Es innegable que una tendencia natural en cualquier industria es depurar progresivamente la cadena de distribución, eliminando intermediarios que aportan poco valor añadido a la propuesta original, pero sin embargo contribuyen a que el precio suba.

Si los cines no consiguen ofrecer una propuesta de valor añadido suficiente que justifique su precio, el público cada vez estará menos motivado a ir (y no olvidemos que en el cine -en general- todos los extras se pagan aparte, y a un precio muy lejano a su valor de mercado (es decir, palomitas, refrescos o perritos calientes).

Así que era cuestión de tiempo que las productoras buscaran formas de acelerar la amortización de sus productos, eliminando -de paso- las ventanas de protección que supone exhibir una película en los cines.

Sé que los nostálgicos (o cinéfilos) dirán que como la experiencia de la gran pantalla no hay nada igual, pero dado el precio de los aparatos de televisión, ofrecen proporcionalmente una pantalla más grande y se puede mejorar el sonido hasta niveles no sé si comparables (me faltan conocimientos) pero si más que suficientes para tener una experiencia de sonido envolvente más que inmersiva.

Por supuesto, la proliferación de canales de streaming no hace más que acelerar esta espiral descendente, donde cada vez hay menos incentivos para acudir a las salas, y no parece que esto vaya a desacelerarse próximamente.

Nota: ya se habla de que se avecina concentración de canales de streaming, es decir, grandes comprando a pequeños o medianos y pequeños fusionándose para poder ser más competitivos).

Según Nielsen, la lista de títulos de programas únicos en EE. UU. supera los 817.000 y continúa creciendo, al igual que la variedad de plataformas y aplicaciones de streaming que ofrecen muchos de esos títulos.

En 2021, los estadounidenses vieron casi 15 millones de años de contenido de vídeo en streaming, y los proveedores de streaming están aumentando constantemente su participación en el tiempo total de televisión de los consumidores. En febrero de este año, el contenido de las plataformas de streaming representó casi el 29% del tiempo total de visionado televisivo de los consumidores, por delante de la programación gratuita (26,4 %) por cuarto mes consecutivo.

El futuro de la televisión en abierto también está en duda, y probablemente solo sobrevivirán las televisiones subvencionadas por el estado como servicio público, pero desprovistas de los grandes despilfarros que ya hoy suponen los derechos deportivos, las películas de estreno, etc. pero de eso no nos ocupamos aquí.

Otra reflexión que merece la pena sopesar es quién integra ese 29% de tiempo en streaming y quién el 26,4% de televisión en abierto. Al igual que con los periódicos, seguramente la televisión en abierta la ven mayoritariamente grupos de personas a los que la tecnología de streaming les ha pillado sin ganas de aprender a usarla (dicho de otra manera, personas mayores y con poco acceso a la tecnología y -lamentablemente- aquellos con medios económicos insuficientes para permitirse caprichos como pagar por un canal de televisión).

Es decir, el grupo de consumo y capacidad adquisitiva se ha mudado masivamente a los canales de streaming. Las implicaciones con respecto al futuro de la publicidad televisiva también son notables -pero, una vez más, no es nuestro foco hoy.

El modelo de contenidos de Apple TV+

Todos los que leéis este artículo sabéis que Apple ha firmado acuerdos con muchos estudios pequeños y medianos de “primera opción”, es decir, tienen el derecho de prioridad a la hora de adquirir nuevos proyectos o ideas para series o películas.

Es decir, el modelo de Apple es comprar fuera los contenidos, de forma que puede escoger aquello que le interesa o que cree que va a contribuir a la visión del proyecto que tienen.

Se sabe que también ha constituido un estudio propio (llamado convenientemente Apple Studios) para desarrollar proyectos propios o de interés que le puedan llegar, sin tener que contar con terceros.

Uno -llevando tantos años siguiendo las estrategias de Apple- pensaría que ese estudio crecerá hasta convertirse en uno de los grandes, donde se llevarán a cabo tanto grandes producciones como series modestas. Está en el ADN de Apple intentar controlar todo sin tener que dar explicaciones.

Pero si algo ha mostrado el Oscar recibido por CODA es que no es necesario hacerlo todo dentro para conseguir la gloria. Sólo hay que tener buen ojo para las historias y una chequera lo suficientemente generosa para ofrecer más que los demás.

El “catálogo de armario” de Apple TV+

Una de las críticas que más se esgrime contra Apple TV+ es que ene suficientes contenidos como para tener entretenido al personal todas las horas que se necesite.

En alguno de los podcasts ya he dicho que estamos teniendo butaca de primera fila para un acontecimiento fascinante: la construcción desde cero de un servicio que acabará siendo uno de los más importantes de la industria del cine.

En el caso de Apple es algo excepcional, ya que sólo anuncia cuando tiene listo el producto. Pero en el caso de los contenidos no podía ser así. Tenían que empezar con unos pocos y luego ir construyendo poco a poco, año a año, llenado estanterías y huecos con nuevas propuestas.

Claro que hubiera sido sencillo sacar la billetera y comprar algún catálogo lleno de viejas glorias de la televisión. Pero una vez que decides que lo que quieres es un servicio lleno de contenido original, eso queda fuera de la ecuación.

Dentro de diez años, con un par de Oscar en las estanterías y “viejas series” como Ted Lasso o Separación o The Morning show, ese argumento ya no será válido y los contenidos antiguos serán … bueno, diez años más viejos aún. ¿es posible que dentro de diez años la gente siga viendo en masa episodios de Friends o Falcon Crest o House? Tal vez, pero lo dudo.

Por qué Apple no tiene (ni debe) comprar un estudio de cine/televisión

Si recordamos el comunicado que Apple emite cada vez que se le pregunta por alguna de las empresas que compra, viene a decir algo así:

“Apple compra de vez en cuando empresas que pueden aportar algo que complementa nuestra visión”

Esas compras pueden ser de tecnología o de talento (es decir, un producto desarrollado, como la inminente app de música clásica, o por los ingenieros que tiene esa empresa, que tienen conocimientos que Apple necesita para proseguir con el desarrollo de un proyecto).

Crear películas o series es algo que no necesita hacer dentro de Apple (como CODA ha demostrado) es algo que perfectamente se puede conseguir saliendo de compras por los estudios y adquiriendo los derechos.

Sólo hay que hacer correr la noticia de que pagas más que los demás y los proyectos vendrán solos.

¿Dónde tiene sentido que Apple compre bibliotecas de contenidos?

Apple podría considerar adquirir bibliotecas de contenidos de nicho (suponiendo que no hayan sido absorbidas ya por algún grande) como documentales de historia, naturaleza, viajes, música, etc. cuya presentación es atemporal y los costes de producción son demasiado elevados como para acometerlos desde cero para un segmento específico de espectadores.

Cuidado con los derechos deportivos

Apple ha dado un aviso (para el que quiera verlo) con su anuncio del acuerdo con la MLB de emitir partidos dos dias a la semana. No sería sorprendente que dentro de pocos años la Champions League Europea o incluso el Mundial de fútbol, torneos de tenis como los Masters, o la Formula 1 encuentren su camino hacia Apple TV+ (u otro canal de streaming).

¿Tú que piensas?

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

0 0 votos
Article Rating
Subscribe
Notify of
0 Comments
Opiniones Inline
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría saber tu opinión, por favor, deja un comentariox
()
x