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[Diez días de verano] No quiero ser ese tipo

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Déjame confesarte algo: estoy lleno de complejos. En realidad no sé si son complejos, sólo que me gustaría ser de otra manera. Me gustaría ser como esas personas que tienen la mandíbula cuadrada, me gustaría tener las piernas más delgadas, me encantaría que mi pelo tuviera siempre a misma forma, por supuesto me gustaría ser naturalmente delgado, me gustaría tener las frases perfectas cuando viene al caso (no se por qué siempre se me ocurren a posteriori), en fin. Hay infinidad de cosas de mi que me gustarían que fueran de otra manera.

Es verdad que entonces sería otro Alf, no sería el que soy ahora -y no nos engañemos, estoy bastante cómodo siendo como soy- pero no puedo evitarlo. Miro a otras personas y me dan envidia.

Pero también déjame que te confiese otra cosa: por cada una de las cosas que me gustaría que fueran diferentes en mi hay otras cien de las que estoy muy contento de no ser.

Mucha gente dice que a partir de cierta edad ya no se puede cambiar, o es muy difícil, o afirman rotundamente que no se cambiar. Yo te digo que es mentira. Claro que puedes cambiar, sólo tienes que proponértelo (tal vez sea el momento de recomendarte “Un dia o día uno”).

Yo voy haciendo notas mentales cuando veo cosas que no me gustan, y normalmente las archivo dentro de la categoría “no quiero ser ese tipo”. Por ejemplo:

  • No quiero ser ese tipo que ríe a carcajadas en un restaurante atronando a todo el mundo. No quiero
  • No quiero ser ese tipo que tira un papel al suelo y sigue como si no le importara. Tampoco quiero ser ese que pasa después, ve el papel en el suelo y no lo recoge. No quiero.
  • No quiero ser la persona que cuando llega con prisa pasa el primero. No, no quiero.
  • No quiero ese que envía un email sin saludar ni despedir porque no tiene tiempo que perder (en educación), ni los que no se despiden al acabar una conversación telefónica, ni quiero estar entre los que no saludan al llegar a un grupo porque… lo siento, no entiendo por qué.
  • No quiero convertirme en los que no ceden el paso, o en los que tocan la bocina como energúmenos si alguien hace algo que consideraban que estaba destinado para ellos…
  • Odiaría convertirme en esos que nunca llaman, nunca recuerdan un cumpleaños o nunca agradecen que la gente se acuerde del suyo.

En fin, podría seguir enumerando situaciones en las que me digo a mi mismo “no quiero ser ese tipo”, pero creo que me pillas la onda.

Tampoco estoy diciendo que nunca sea ese tipo. ¡Claro que hago cosas que me gustaría no haber hecho! o que me convenzo de que no tuve más remedio que hacer… pero ¡tampoco quiero ser ese tipo!

Creo que, si nos lo proponemos, estamos cambiando continuamente -casi siempre mejorando, aunque a veces hay giros en sentido contrario.

Sólo hay que proponérselo… cada día, todos los días.

¿Tú que piensas?

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