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[Diez días de verano] Mi perro de la ONCE

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Durante el último año hemos estado ejerciendo de labores de Educador de cachorro (es nuestra tercera experiencia). Este año ha sido más largo el periodo de educación porque con la pandemia todos los procedimientos de cachorros pasando a formación se han retrasado, pero -como todo el que tiene perro sabe- aportan tanto a tu vida que nunca es demasiado tiempo.

Para los que no conozcan el proceso, la ONCE está siempre buscando familias de acogida para sus cachorros. Prácticamente la única condición que tienes que cumplir -aparte de no ser un sicópata o maltratador de animales- es que puedas estar con el perro la mayor parte del día.

La Fundación del Perro ONCE te deja el cachorro a los dos meses y tendrás que cuidar de él durante aproximadamente nueve meses/un año. Tu misión será que el perro se socialice y se acostumbre a humanos y animales, llevándole a todas partes, y que le enseñes las normas básicas de convivencia: no comer hasta que le des la orden, que haga sus necesidades cuando le digas y donde le digas, que se siente, que se quede en su colchoneta, etc.

Como los humanos, cada perro es diferente y tiene su propio carácter. Unos aprenden las órdenes en seguida, otros están permanentemente retándote, otros ejecutan unas y otras se niegan, etc.

El motivo de esta reflexión es la cantidad de cosas que tratar con un cachorro te enseña… y que puedes/debes aplicar a tus congéneres. Podría escribir decenas de comentarios sobre las cosas que un perro te enseña (o te recuerda) cada día.

Sean niños o sean adultos, cada uno aprende a su ritmo, pero hay que ser constante, claro y riguroso en las instrucciones. No sirve que uno sea autoritario y el otro relajado (lógicamente el perro siempre tenderá a acudir al relajado). No sirve decirle unas veces unas cosas y otras veces otras -las instrucciones tienen que ser siempre las mismas, y siempre, siempre, siempre, cada cosa que haga bien, tiene que tener una recompensa.

Personalmente he descubierto que esta manera de tratar a la gente, recompensar lo que hacen bien y disculpar sus errores, me ha llevado a situaciones de liderazgo (sin que nadie cuestione mi autoridad, que es el otro concepto que muchas veces se confunde) que desde fuera parecían impensables.

Pero un aviso: no sirve la misma recompensa para todo el mundo, y siempre que des una recompensa, tiene que ser sincera. Si no, no sólo no funciona sino que es contraproducente.

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