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[Diez días de verano] ¿Has repasado últimamente tus prioridades?

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Una de las canciones cuya letra se ha repetido con más intensidad durante el confinamiento provocado por la pandemia es que la “privación sensorial” que provocó nos había hecho darnos cuenta de las cosas que de verdad echamos de menos en nuestra vida.

La familia, los amigos, los abrazos, los besos, el sexo, la conversación, las discusiones, ir de tiendas, probarte ropa, tomar un café, bailar, ir a misa… cada quien tenía cosas que le constituyen inequívocamente como ser humano. Si nos las quitan, nos quedamos desorientados, desubicados, un poco sin saber qué hacer con el tiempo, con la energía, con las palabras…

Ese pelar nuestra sociedad, hasta dejarnos en lo básico: una casa, un plato de comida… nuestras ideas…

Aparentemente tenían un poder transformativo que nos iba a hacer caer en la cuenta de qué cosas son las que de verdad nos hacen felices, nos completan, nos llenan.

Pero no contábamos con la resistencia al cambio. Con esa fuerza de atracción magnética que nos iba a hacer correr apresuradamente para que todo volviera a ser como antes. No mejor, ni siquiera diferente. Como antes.

Nuestras mismas rutinas, nuestros mismos vicios, la misma insolidaridad (el aplauso en los balcones era un entretenimiento en días vacíos) las mismas quejas… y con ellas, la misma soledad, el mismo vacío, la misma tristeza.

Qué gran logro, hemos conseguido que todo siga igual, como si -realmente- la pandemia no nos hubiera enseñado nada. Así que seguimos, como zombies, sin saber hacia dónde vamos.

¿Has repasado tus prioridades? Estás en marcha o te has vuelto a quedar parado, estático, mientras la vida pasa a tu lado.

Como nos ha recordado el coronavirus, nuestro tiempo es limitado y tenemos fecha de caducidad improvisada. No dejes que se te escape de las manos, actúa. Trabaja para que la gente a tu alrededor sea más feliz, para que haya menos problemas, para que -al menos en tu entorno- el mundo sea un poco mejor. Puede que no lo consigamos, pero es una tarea que merece la pena.

¿No crees?

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