El coronavirus ha acentuado la necesidad de las empresas de operar y vender en otros países.

Con el dramático corte del consumo interno en tiendas, las empresas se han tenido que volcar a toda velocidad en dos estrategias diferentes para intentar seguir en el mercado.

Por un lado, el comercio electrónico. Empresas pequeñas y medianas, que hasta el momento habían mantenido un esquema de negocio tradicional, han tenido que reinventarse rápidamente para poder llegar a nuevos clientes que hasta ahora no habían aparecido en el radar, en un intento de compensar la pérdida de negocio inmediata y crear una amortiguación en caso de que la situación de confinamiento se alargue más de lo esperado.

Por otro lado, los proyectos de internacionalización de las empresas, que se veían con tranquilidad, esperando a que el fruto “estuviera maduro” y sin adjudicar demasiados recursos para su desarrollo, repentinamente a saltado encima de la mesa como una de las vías de crecimiento alternativo en tiempos de recesión de consumo.

Cinco razones para traducir la web

Ese desinterés por la internacionalización se podía comprobar en la existencia de webs en un único idioma, algo que -por descontado- desalienta enormemente a cualquier cliente no nativo.

Sin embargo, cuando el volumen de ventas cae precipitadamente como consecuencia de razones ajenas al mercado, sólo aquellas empresas que se adapten rápidamente a la nueva situación sobrevivirán. 

En el caso de querer tener la web en diferentes idiomas, es conveniente contratar empresas de servicios de traducción, que nos van a aportar rapidez, flexibilidad y eficacia en la respuesta que nuestro mercado necesita.

Los beneficios traducir la web a otros idiomas son obvios:

  1. Podremos empezar a enviar nuestros productos a países extranjeros y a aquellos usuarios que nos encuentren por internet
  2. Hablar el mismo idioma que nuestros clientes potenciales permitirá que nuestros productos o servicios sean comprensibles para ellos, ofreciéndoles contenidos apropiados explicados con términos, expresiones y conceptos adaptados a su cultura y forma de hacer negocios.
  3. No hace falta insistir en la idea de que hablar a nuestros clientes potenciales en su propio idioma contribuye a crear una relación de confianza y seguridad, no sólo en que están comprando lo que realmente necesitan, sino en la propia compañía como proveedora. 
  4. Idealmente, cuando los contenidos los crea una empresa de traducción profesional, éstos saben transmitir la sicología, sentimientos y necesidades de nuestros clientes potenciales.
  5. Por último, establecer un canal de comunicación en la lengua nativa de n nuestros clientes ayuda a los negocios a evitar problemas legales y devoluciones -que son uno de los grandes miedos a la hora de afrontar la internacionalización en mercados que no conocemos.

Conclusión

No descubrimos nada si afirmamos que siempre nos sentimos agradecidos cuando en un viaje alguien nos habla en nuestra lengua.

Inmediatamente establecemos una relación afectiva con esa persona que hace un esfuerzo porque le entendamos, a veces incluso a costa de su propia comodidad.

Algo similar pasa con las empresas. Una empresa que habla el lenguaje de sus clientes siempre tendrá ventajas competitivas frente a otras que no lo hagan.

Para garantizar el éxito en esta nueva etapa, no sólo de nuestras empresas en la internacionalización, sino en el mundo post-coronavirus, es fundamental que los pasos los demos asesorados por profesionales de la traducción, que nos ayuden a corregir cualquier problema de comprensión o de negociación en que podamos incurrir por asumir que conocemos cómo se hacen las cosas en otros países.

Una palabra puede cambiar el significado completo de una frase, y puede marcar la diferencia entre cerrar una venta o que se abandone la página web sin intención de volver.

El futuro es lo que estamos construyendo ahora, y no podemos correr el riesgo de equivocarnos. 

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