Editorial: Facebook y la privacidad de los usuarios

Un nuevo escándalo ha sacudido Facebook, pero esta vez no es sólo externo. Las consecuencias de sus malas acciones han repercutido en miles de trabajadores que no pueden utilizar las herramientas necesarias para hacer su trabajo. ¿Dónde está el límite?

Hoy en día nadie que esté medianamente enterado se atreve a defender Facebook como una empresa en la que se puede confiar, no sólo por los constantes escándalos que asoman por su casa cada cierto tiempo, sino por la desfachatez que muestran de que siempre se van a salir con la suya (de una manera o de otra).

Ya sea en América o en Europa, su fundador se ha paseado por los congresos y comisiones alardeando bien de falta de memoria, de falta de datos, o mintiendo descaradamente, probablemente porque la verdad es a la vez demasiado horrible y demasiado evidente como para reconocerla.

Apenas se ha agotado la tinta sobre Cambridge Analytics y su acceso indiscriminado a los datos, para posteriormente venderlos. Aún no hemos superado que países enemigos de la democracia utilicen Facebook para influir en los votos generando opiniones falsas y noticias inventadas. Aún no han acabado las multas que Facebook recibirá por haber fallado a sus usuarios y mentido a las autoridades. Y cuando todo eso rellena el almohadón que -incómodamente- nos permite sentarnos en nuestro sitio en Facebook, descubrimos que tampoco ha llegado al límite de lo que puede hacer con tal de conseguir información privilegiada de sus usuarios.

Facebook usaba una trampa (su perfil de desarrollador de Apple) para distribuir una aplicación que espiaba a sus usuarios a cambio de dinero (20 dólares al mes).

Es decir, usando su perfil de desarrollador distribuía esa app como si los usuarios fueran “betatesters”, sólo que al hacerlo otorgaban a la app la capacidad de registrar toda la actividad del teléfono (aplicaciones usadas, tiempo usado, páginas visitadas, correos recibidos… todo). Porque presuntamente ese tipo de certificado es sólo para uso interno, personal de la propia empresa que está probando la aplicación para detectar fallos, corregir errores, etc.

Si Facebook hubiera colocado esa app en la App Store, las propias condiciones de la tienda le impedirían acceso indiscriminado a los dispositivos.

Facebook: el monopolio de la información personal como negocio

Uno tiende a pensar que Facebook ha llegado a ser lo que es sin pretenderlo. Y por eso no saben gestionar la posición en la que se encuentran.

El problema de un servicio que se ofrece gratuitamente -y que a medida que crece cada vez cuesta más dinero, es que es complicado rentabilizarlo. Es difícil que un usuario que está acostumbrado a recibir algo gratis vea alguna ventaja en empezar a pagar.

La única forma que Facebook ha encontrado para obtener ingresos es comercializar los datos de sus usuarios para colocarles publicidad -o directamente vender esos datos a otras empresas para que a su vez los crucen con otras bases de datos y a su vez construir un perfil aún más completo.

Recordemos que Facebook mantiene dos perfiles de los usuarios, uno el que se puede ver y otro el “fantasma”, que se mantiene aunque el usuario borre su perfil, y donde se guardan igualmente las fotos, amigos, etc. para que la “inteligencia artificial” que está detrás pueda seguir estableciendo relaciones, sugerencias de amistad, etc.

Una vez que entras en Facebook, te quedas en Facebook.

Pero con el tiempo, otras ideas de redes sociales han prendido en la mente y en los dispositivos de los usuarios: Snapchat, Instagram, Twitter, WhatsApp… Es inevitable que Facebook quede obsoleto tarde o temprano, porque sus usuarios cambien masivamente de preferencias.

Ya hay indicios de que la mayoría de los usuarios jóvenes están abandonando Facebook -o al menos ya no la usan en exclusiva- porque nadie quiere estar en la misma red que sus padres.

De momento Facebook está luchando contra la obsolescencia de la única manera que puede: intentando comprar todo competidor que pueda suponer una fuga de usuarios. En el caso de Instagram y WhatsApp tuvo éxito, y los usuarios de esas plataformas ya están asumiendo que su información personal va a estar a disposición del mejor postor. De hecho Facebook ha hecho cambios en la política de privacidad de WhatsApp para poder espiar impunemente lo que dicen y hacen y unir esos datos a los perfiles de Facebook.

Snapchat se escapó a las redes de Facebook (al menos de momento) y otros nuevos proponentes, como la red social TikTok, están por ver el recorrido que tienen.

La ética y el dinero

Probablemente lo más asqueroso de todo lo que rodea los escándalos de Facebook es la presencia del dinero como motivación exclusiva. Mark Zuckerberg parece pensar que la ética es el consuelo de los pobres, y que no hay meta más elevada que conseguir rentabilidad usando cualquier medio a su alcance.

En este último escándalo estaban comprando acceso ilimitado a los dispositivos a cambio de 20 dólares al mes.

¿Quién accedería a semejante trato? Aquellos para los que 20 dólares sea una cantidad significativa, claro. Estudiantes y personas con economías limitadas. Es decir, los más indefensos.

Si piensas en un usuario, veinte dólares al mes no es mucho. Piensa en mil usuarios y ya es un gasto mensual de veinte mil dólares. Piensa en diez mil usuarios y saltas a doscientos mil dólares…

¿Cuánto dinero pueden extraer de esos “perfiles” de usuarios para que compensen estas inversiones millonarias?

No olvidemos que no quieren la información concreta de cada individuo. Lo que buscan es “agregar” los datos, de manera que puedan establecer patrones de consumo, de lectura, de música, etc. y de esa manera ofrecer a esos segmentos publicidad que pueda interesarles aún más.

¿Por qué es tan importante Facebook? su poder no está basado en su cifra de ingresos. En 2017 sus ingresos totales fueron de 40 653 millones de dólares. ¡En todo 2017! Para referencia, recordaremos que en los resultados trimestrales de Apple que ha presentado hace pocos días, ha obtenido unas ventas trimestrales de 84.300 millones de dólares.

El poder de Facebook no es financiero, sino informativo. Es el poder que otorga la información privilegiada que tiene sobre millones de personas. Según la Wikipedia,  en Enero de 2018, Facebook tuvo dos mil doscientos millones de usuarios activos al mes.

Por rigor, hay que señalar que Google también estaba usando esas malas prácticas de utilizar un perfil de desarrollador para distribuir apps espía, pero en cuanto se ha sabido ha suspendido la actividad y ha emitido una disculpa (aunque no engañan a nadie -lo hacen porque les han pillado con la mano en el saco- al menos han mostrado buenos reflejos). Y el fiasco de la red social Google+ también tiene mucha miga que sacar. La ética de Google (Alphabet) tampoco engaña a nadie. Están en el mismo negocio de comercialización de información personal que Facebook.

Apple y las normas

Se agradece que Apple haya actuado con rigor y rapidez ante unas revelaciones tan flagrantes de violación de los términos de uso de la distribución de apps, por muy Facebook que sea.

Apple ha revocado ese certificado de desarrollador, de manera que todo aquel que lo estuviera utilizando ya no puede abrir las apps que lo usaban.

Esto incluye a todos los trabajadores de Facebook que requieren de las apps privadas de Facebook para funcionar (desde concertar reuniones hasta probar nuevas funcionalidad que aún no se han hecho públicas).

Es decir, hoy está siendo un día caótico en Facebook, porque ningún usuario de iOS puede abrir las apps de desarrollo de Facebook.

Facebook -mientras tanto- ha emitido un comunicado diciendo que están trabajando con Apple para que vuelvan a admitir la validez del certificado y recomienda a los trabajadores que descargan las apps estándar de la App Store.

Personalmente creo que Apple debería tener una lupa especial y constante sobre Facebook porque han demostrado en todas las oportunidades que se les ha ofrecido que siempre van a jugar sucio y a intentar aprovechar cualquier ventaja que se les ofrezca.

Me pregunto qué pasaría con Facebook si Apple expulsara a Facebook de la App Store, dejándola, virtualmente, fuera del servicio. Imaginar ese supuesto nos hace ser conscientes de los pies de barro sobre los que se apoya la red social.

Facebook, esa organización criminal

Tim Cook lleva tiempo pidiendo una legislación nacional (en EEUU) que regule el derecho a la privacidad. En Europa vamos un poco más adelantados y la GDPR -aunque su implementación sea una auténtica pesadilla para el usuario- nos ofrece una capa extra de protección, y al menos un marco legal para juzgar cómo deben comportarse las empresas con respecto a los datos de sus clientes.

Pero Facebook carece de ética, y su única manera de conseguir ingresos es comerciar con la información de sus usuarios. Ha demostrado más veces de las que merece la pena recordar que sus clientes no son los usuarios, sino los que compran los datos. Y que aquellos son meramente el producto que Facebook tiene a la venta.

A mi se me escapa cómo se puede meter en cintura a la red social, y soy consciente de que la más mínima presión legisladora sobre lo que puede y lo que no puede hacer con los datos de los usuarios probablemente supongan el fin de su reinado.

Pero tampoco se puede dejar que, impunemente, se dedique a hacer lo que le plazca con la información que posee, sin que nosotros, usuarios inocentes, tengamos la más mínima noción de hasta dónde y con qué fin se están utilizando la información que -gratuitamente- proporcionamos a Facebook en forma de fotos, amigos, ubicaciones, me gusta, comentarios, etc.

Facebook no puede seguir siendo el (falso) rey de la selva, porque nos va la vida privada en ello.

 

Actualización 1/2/2019: Como se comenta en el artículo, Google estaba usando la misma técnica ilegal para distribuir apps entre los usuarios y poder recolectar su información personal. Aunque reaccionó rápido suspendiendo el funcionamiento de la app en cuestión, eso no ha evitado que Apple también revoque su certificado de empresa, aunque sea temporalmente, mientras se revisa qué apps se están distribuyendo por ese método.

Es fantástico que Apple aplique las normas sin importar la importancia de la empresa que esté detrás del incumplimiento, sea grande o pequeña.

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