Si tu escritorio te parece un auténtico aburrimiento, o quieres animar la experiencia de usar un ordenador a tus hijos, iPet es una curiosa aplicación que permite dar vida a las carpetas de el escritorio con iconos personalizados (aunque las opciones son pocas). A partir de que arojes una carpeta a la ventana de iPet, esa carpeta comenzará a moverse a su aire por el escritorio y cuando hagas doble click sobre ella «ladrará».
La aplicación permite parametrizar alguno comportamientos de la utilidad como la cantidad de vueltas que dará el icono, si hará ruido, o su velocidad. Además permite iniciarla al identificarse y se gestiona desde la barra de menús (no hay icono en el Dock).

Las carpetas que asocies a iPet irán a una carpeta especial llamada Desktop_moves dentro de tu usuario: no las perderás si decides retirar el software de tu ordenador.
La aplicación tiene un precio de 5 dólares y realmente, no es útil, pero tiene su gracia y seguramente encantará a los niños. El software permite 5 días de prueba y puede descargarse desde la web de su desarrollador, Samuco
QUE CHORRADA MAS GRANDE!!! Ahora mismo me la instalo…
Una vez que conviertes una carpeta a iPet, te ves negro para volver a pasarla a carpeta normal. He tenido que crear nuevas carpetas, pasar el contenido de las que he creado como bichejos y desactivar el programa porque, una vez que desactivas la aplicación DESAPARECEN las carpetas.
Aplicación NO pulida, que se dediquen a los PCs, que son de ese estilo.
NO PARA MAC.
Lo siento, parecía bonito.
Aunque sea ceporrez mía, que no haya localizado la forma de hacerlo, si se puede, es complicado y no está a primera vista, como debe de ser en cualquier aplicación de Mac.
Ni el más minimo destello de luz iluminaba la monotonía de mis jornadas. No te preocupes, decían, por encima de los nubarrones brilla el sol. Sí, les contesté, pero no para mí. Con esa rapidez propia de las tragedias que lentamente se nos acercan, una decisión final se me presentaba inevitable… cuando, de repente, iPet entró en mi escritorio. Los mil diablillos de la felicidad inundaron mis venas, y todo, todo cambió