Las tripas de una nueva máquina (II)

El iPod se convirtió en un clásico al instante, al incorporar un diseño increíble junto con una tecnología imparable. Pero como Apple ya ha aprendido de ocasiones anteriores, esta formula a secas no te mantiene en lo mas alto.

Continua este profundo análisis del por qué y el cómo del desarrollo del iPod

La superficie

Ive se presenta a si mismo como Jony, pero en realidad se parece mucho más a un Jonathan: amigable y con un tono muy suave, quizás demasiado tranquilo en ocasiones, con su cabeza afeitada y acento ingles, utilizando palabras cuidadosamente escogidas, todo un hombre preciso. Hablé con el en una sala de conferencias normal y corriente en las oficinas centrales que Apple tiene en Cupertino, California; en una habitación llena de pósters de sus productos.

Mucho antes de que me dejara hacer una pregunta, Ive estuvo casi 10 minutos hablado de la caja del iPod, la forma como se abría el embalaje, como cortaron el corcho. También me relató la historia del increíble cable Firewire que viene con el iPod, uno no muy común, fino y extremadamente flexible. También hablo del Dock en el que descansa el iPod después de una jornada de labor. Al sujetar los cascos con su mano, me dice: “Recuerdo que tuvimos una pequeña discusión, todo el mundo me decía que los cascos no deberían de ser blancos, que siempre habían sido negros o gris oscuro.” Pero el hecho de que el producto estaba marcado por un blanco uniforme parecía demasiado importante como para romper el patrón; y como muchas otras veces, acabó teniendo razón, de tal modo que los cascos blancos se han convertido en un icono secundario que siempre acompaña al iPod, más que nada gracias a los anuncios en la televisión donde salen las siluetas negras y se puede ver claramente los pequeños cascos blancos colgando de sus orejas. Según cree, son esos pequeños detalles, que a fin de mes consiguen que el iPod sea algo tan especial.

Intentando hacer preguntas concisas sobre la importancia de pequeños detalles y aspectos del producto, Ive no se refirió a revelaciones sino que recalcó el proceso de creación. Al ser preguntado sobre la rueda giratoria, no mencionó en ningún momento los teléfonos BeoCom de Bang & Olufsen, todo lo contrario, habló de la forma creativa en la que su equipo de diseño colabora constantemente con ingenieros y fabricantes. “No es algo en cadena” insistió. “Por mucho que lo parezca, no es en ninguna forma un intercambio de ideas de una persona a otra.” Por mucho que intenté sacarle algo sobre un encendido de bombillas entre sus compañeros, el siempre se me iba por los cerros de Úbeda. Por fin, interrumpiéndose a si mismo, va y dice: “Es mucho mas fácil hablar de lo que el iPod no es que de lo que es.”

La superficie del iPod, blanca por la parte posterior y con acero inoxidable por atrás, no tiene defecto alguno. Se podría decir que es impenetrable. Coges el iPod, lo enchufas a cualquier ordenador con iTunes, y cualquier música que tengas coleccionada fluye (a toda velocidad gracias a la conexión Firewire) del ordenador al iPod, de nuevo, sin problema alguno. Una vez que está ahí metida, la superficie del iPod no va a dar ningún problema al usuario, ya que no hay casi nada en ella. Solo una ruedecita, un botón en el centro, y cuatro debajo de la pantalla LCD (estéticamente incluso nos recuerda con el botón más grande en el medio a un pequeño altavoz estéreo.)

“Steve” es decir, Steve Jobs, “hizo unas observaciones muy interesantes al principio del proceso sobre el hecho de que todo consistía en la navegación por contenidos” dice Ive. “ Se trata de estar centrado y no querer hacer demasiadas cosas con un mismo aparato – que habría supuesto su complicación y en último término, su fracaso. Las características del aparato no son ni evidentes ni obvias, porque el objetivo era deshacerse de todo lo superficial.”

Después me dijo: “Lo que me parece interesante es que de toda esa simplicidad de uso, de ese sentimiento de ser algo fácil para el consumidor, salió un producto muy diferente. Pero la diferencia no era nuestro objetivo. Quieras que no, es muy fácil crear algo diferente. Lo que me pareció muy excitante es descubrir que esa diferencia es justamente el fruto de la búsqueda de la simplicidad.”

Antes de que Ive empezara a trabajar para Apple, trabajaba de freelance, normalmente con proyectos que rara vez salían de su fase de prototipo; siempre se hacía un modelo funcional de todos los prototipos, para que luego pudiera descansar en un armario en su oficina. La innovación se puede ver como un continuum, y esta fase es uno de los posibles finales. Los sueños y experimentos ocurren fuera (y en un estado de indiferencia hacia) del mercado. En la otra punta del continuum están los que imitadores veloces, siempre sintonizados con el mercado, pero rara vez innovando. Siempre dejan que sea otro el que arriesgue en los negocios, para luego salir de la nada ofreciendo un producto que que incorpora algunos aspectos de la innovación en un paquete más vendible (¿vendible? ¿rebajado? ¿fácil de obtener?) y haciéndose con el mercado. Sea justo o no, en el mundo de la tecnología todo esto se puede resumir teniendo en un extremo del continuum a Xerox PARC, el famoso laboratorio de “Reseach and Development” donde todo tipo de innovaciones (incluyendo partes del diseño y el aspecto del Mac) fueron pensadas y desarrolladas pero nunca convertidas en productos de mercado. Y en el otro extremo del continuum tendríamos compañías como Microsoft o Dell.

Apple, en cambio, se presenta como una compañía cuyo lugar en el continuum es único. Sus oficinas centrales en Cupertino son una serie de edificios interconectados formando un círculo. Esto encierra una especie de parque. Parece un sitio público pero, por supuesto, no lo es. No puedes acceder a él a menos que seas un empleado de Apple o estés acompañado por uno. En uno de los lados de este oasis hermético hay un conjunto de mesas, puestas justo en la parte exterior de la cafetería de la empresa, junto con una señal que dice “Café Macs”. Allí estaba yo sentado, acompañado por una persona de relaciones públicas de Apple, cuando de repente veo a Steve Jobs acercarse a largas zancadas. Era el día perfecto, llevaba unos pantalones cortos con su típica camiseta negra de manga larga y zapatillas.

Durante nuestra conversación, estaba muy concentrado en transmitir el mensaje, y el mensaje era que sólo Apple podía desarrollar el iPod. Como el aparato en si, Apple parece no tener ningún defecto: tiene los ingenieros de hardware, los de software, los diseñadores industriales, todos bajo el mismo techo y trabajando juntos. “A medida que la tecnología se hace mas compleja, la habilidad de Apple para saber como hacer tecnología muy sofisticada asequible a cualquier persona es cada vez más demandada.” Esta es la razón principal por la cual, según Steve, nadie en Apple esta preocupado por todos los productos que Philips, Samsung o Dell están sacando para imitar al iPod. “Los Dell’s del mundo no se gastan ni un centavo” en innovar el diseño dice Jobs. “No suelen pensar en este tipo de cosas.”

Tal y como lo describió, el iPod no empezó como algo increíblemente nuevo en cuanto a tecnología, sino que, en cierto sentido, a principios de 2001, Apple podía aportar a este mercado algo mucho mejor que cualquiera de sus otros rivales. Así que el punto de inicio no fue un chip o un diseño , sino que todo se construyó alrededor de una pregunta: “¿Qué experimenta el usuario?” “Exacto” dijo Jobs “Y las piezas encajan. Si empiezas a trabajar en algo, y es el momento adecuado, las piezas llegan desde la periferia. Simplemente, encajan.”

(Continuará.. mañana)

Las tripas de una nueva máquina (I)

Las tripas de una nueva máquina (II)

Las tripas de una nueva máquina (III)

Las tripas de una nueva máquina (IV)

El artículo apareció en The New York Times Magazine

Traducido con autorización del autor por Mike

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