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Airport, ha llegado el momento, por Luis Bou

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“… Y a partir de ahora todos nuestros productos estarán preparados para Airport”. No sé si Jobs lo dijo exactamente así, pero a día de hoy cualquier Mac nuevo incluye las antenas y el cableado para red Airport y, en las gamas altas, también la tarjeta necesaria. ¿Queremos pagar el extra por disponer de este hardware?. Si tienes dudas este artículo te convencerá.

¿Qué es Airport?

AirPort es el nombre comercial de Apple [que yo encuentro muy apropiado] para el estándar de comunicaciones IEEE 802.11b, que en otros círculos se conoce como redes wireless, inalámbricas o Wi-Fi [en cambio este sí que es un nombre muy desafortunado: Algún valiente hasta se atreve a hablar de Wireless Fidelity (!!!)]. Para ponernos en situación, IEEE 802.3 es Ethernet, lo que podría indicar cierto parentesco entre uno y otro protocolo de red: No es exactamente así, pero a grandes rasgos se puede pensar en Airport como Ethernet por radio.

¿Cómo funciona?

Para todos nosotros el concepto “mayor ancho de banda” equivale a “mayor velocidad de transmisión”. Lo que no es tan obvio es que mayores anchos de banda exigen mayores frecuencias portadoras. Un ejemplo: el ancho de banda de un canal de televisión es unos 5 MHz y, mientras que en la banda VHF sólo cabe uno (TVE 1 en este momento), en la banda de UHF -situada a mayor frecuencia- caben varios. Para acomodar los anchos de banda necesarios para velocidades de transmisión del orden de 10 Mbps es necesario usar portadoras de 2.4 GHz, algo más del doble que un horno de microondas.

Como ingeniero, en este punto debo recordar que la frecuencia y la potencia son conceptos distintos: un horno “vocea” y una tarjeta “susurra”, si bien ésta última con un tono de voz el doble de agudo. En otras palabras: a pesar de la paranoia, totalmente infundada, de las antenas, las radiaciones y todo eso, la tecnología 802.11 es mucho más segura aún que la telefonía móvil, ya que emite con potencias mucho menores que un teléfono.

La elección de la banda de 2.4 GHz tiene dos motivos: el primero es acomodar los anchos de banda necesarios para la comunicación, que son del orden de 25 MHz por cada ordenador que esté transmitiendo. El segundo es aprovechar una banda de frecuencias inútil para uso comercial debido al mismo principio físico que el del horno microondas: a estas frecuencias el agua absorbe las ondas de radio, lo que, unido a unas muy bajas potencias de emisión, reduce aún más el alcance de una estación base. La gran ventaja de esta banda es que permite utilizar las mismas frecuencias en lugares próximos entre sí sin interferencias y sin mezclar la red local de nuestra oficina con la del edificio de enfrente.

Estarás pensando: “¿Pero si lei que en Canarias habían conseguido conectar un ordenador en Tenerife con otro en Gran Canaria sobre 60 km de agua?”. Cierto, pero lo hicieron con antenas directivas que concentran las emisiones en un haz muy estrecho que, debidamente apuntado, permite estas hazañas. Con las antenas omnidireccionales que traen los equipos wireless no se logran alcances de más de 300 metros más o menos, dependiendo de obstáculos, de la humedad del aire y otros factores de propagación que no vienen al caso.

La banda reservada a uso de redes inalámbricas se subdivide en un número de canales: 13 en casi toda Europa y 11 en Estados Unidos, ya que allí han destinado los dos últimos a otro uso. A la hora de instalar varias estaciones base cercanas se recomienda separar sus respectivas frecuencias de emisión en al menos tres canales. Es decir: si en mi casa pongo una base en el canal 1, sería recomendable que mi vecino la pusiera al menos en el 4, ya que estas emisiones atraviesan paredes y techos.

¿Es compatible?

El primer fabricante que vendió material 802.11b en cantidad y a precios populares fue Apple, reduciendo los precios de la época a la tercera parte, tanto en estaciones base como en tarjetas. Por supuesto, este hecho -fácil de comprobar- nunca saldrá en los periódicos, pero nuevamente Apple llegó antes.

Al ser 802.11b un estándar oficial, todo el material radiante que lo respete es compatible, al menos en las funciones básicas de acceso a la red, lo que quiere decir que en principio una tarjeta de cualquier marca permitirá conectar con una base de cualquier otra marca. Existen matices opcionales del estándar cuya aplicación dependen de los fabricantes, tales como el paso de una estación base a otra sin interrupción de la comunicación. La mayoría de las estaciones base tienen uno o más puertos Ethernet y se configuran con un navegador estándar salvo la notable excepción de las de Apple, que exigen una utilidad especial que sólo hay para MacOS. Así pues, en principio podemos comprar cualquier base. En cuanto las tarjetas, como todo aparato que se conecta internamente, dependemos de que haya drivers para ellas o no.

¿Es seguro?

En principio la transmisión por radio y la seguridad son conceptos difíciles de casar. Para conseguirlo, las redes inalámbricas permiten codificar el tráfico usando el modo WEP [Wired Equivalent Privacy, Intimidad Equivalente a la de una transmisión por Cable]. El protocolo IEEE 802.11b define tres longitudes de clave de encriptación: ninguna, 40 bits y 128 bits. En principio, una clave de 128 bits de largo es muy segura, pero desafortunadamente el algoritmo de codificación tiene un fallo matemático que permite averiguar la clave con menos de 12 horas de escucha de tráfico codificado, aún con claves de 128 bits. Lo que es aún peor es que el aumento de la longitud de la clave no dificulta el problema.

A día de hoy el servicio de red 802.11b debe considerarse como inseguro y si se desea confidencialidad en las transmisiones se deberán usar protocolos seguros como https ó ssh, enviar el correo codificado, etcétera.

Lo anterior también vale para quienes no quieran tener gorrones fuera de casa colgados de nuestra estación base para conectarse a Internet: con cierto tiempo de escucha y el programa AirSnort podrán averiguar cuál es la clave de nuestra red y “acompañarnos” en nuestra navegación.

Existe la posibilidad de configurar la estación base para que no se anuncie, de modo que sea necesario saber cuál es la zona de cobertura, el nombre de la red y su contraseña de acceso. En este caso ganaremos algo de seguridad, pero un fisgón determinado acabará por descubrir nuestra red e intentará entrar en ella.

El futuro: redes ciudadanas y otros sabores de 802.11

Además del 802.11b existen el .11a y otras variantes. La diferencia está en las frecuencias de uso, compatibilidad con el más básico [el b], número de canales disponibles, velocidades de transmisión y precio pero, por el momento, 802.11b tiene mucho por andar y ha alcanzado madurez y masa crítica, de modo que es de esperar que conviva con los demás estándares inalámbricos durante bastantes años.

En muchas ciudades y pueblos están creándose iniciativas ciudadanas con más o menos ánimo de lucro para crear redes inalámbricas de acceso público. Entre las filantrópicas se puede pensar en MadridWireless [www.madridwireless.net] y en las que se enlazan desde esa página. En principio es posible que cada cual cojamos nuestro portátil y nos apuntemos a la fiesta, e incluso contribuir con nuestras estaciones base.

Os animo a ello.

Luis Bou

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