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Pensamientos sobre el nuevo M1 de Apple

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Como es habitual, hasta en los medios de comunicación más recónditos puedes encontrarte una noticia que habla de que Apple ha presentado ordenadores con su nuevo chip.

La gran mayoría lo leerán con el mismo interés que les puede provocar que El Corte Inglés ha decidido cambiar su sistema de gestión. Pocos serán conscientes de que la noticia se parece más una que dijera que la Coca Cola ha decidido cambiar la fórmula de su jarabe.

Porque lo que busca Apple con la creación del M1, la nueva generación de Sistema en un chip (SoC) que ha desarrollado, es que sus computadores sean los más potentes del mundo.

Si has estado prestando atención a los detalles técnicos del iPhone, sabrás que, año a año, la potencia del chip A que se incluye en cada generación, ha ido creciendo en potencia y complejidad año a año, sin que la duración de la batería resultara mermada. Cuando lo ves en la presentación de Apple lo das como natural, pero una vez que lo aíslas del bombardeo de mensajes, emerge como una situación auténticamente inaudita y prácticamente única en la informática.

Piensa en ello. En el mundo de los ordenadores personales, chips más potentes siempre han resultado en más ventiladores, ordenadores más gruesos, más calor disipado, más ruido… eso es lo que nos han enseñado. Ahora llega Apple, empieza a desarrollar su propio chip para sus teléfonos inteligentes, y año tras año el procesador duplica la potencia del anterior, mientras el tamaño del teléfono se mantiene igual. Y si aumenta el tamaño del teléfono, aumentan sus prestaciones.

Inexorablemente, año a año, el rendimiento bruto del chip del iPhone (que ya va por su decimocuarta iteración, es decir, se llama A14) se ha ido acercando a la potencia que los chips de Intel ofrecían… hasta superarlo.

Ahora imagina que, en vez de someter todo el diseño a la tiranía del tamaño del iPhone, pudieras liberarlo para que ocupara la superficie de un ordenador portátil. Y que pudieras añadirle ventiladores para que se mantuviera frio y pudiera seguir procesando a toda velocidad.

Cuando lo ves así, cuando sabes que el teléfono que estás vendiendo tiene un chip más potente que los que incluyen la mayoría de los PCs, y que consume mucha menos batería, entiendes que crear un chip especializado para los ordenadores de Apple era el paso natural, imprescindible, para seguir innovando.

Aunque eso suponga, ¡otra vez Apple! romper con lo que todo el mundo hace.

En su camino de abandonar la ruta más fácil, la de seguir comprando los chips a Intel y aguantar sus problemas de desarrollo, de fabricación y sus precios, Apple ha empezado por los ordenadores que menos potencia necesitan (normalmente) incluso si el mero hecho de ponerles el chip M1 les hace ser mucho más potente.

Apple, por una vez sin ponerse presión a ella misma, se ha dado un plazo de dos años para completar la transición a sus chips propios.

Uno sólo puede empezar a imaginar la excitación de los equipos de desarrollo con las posibilidades que les brinda todo el espacio que tiene un iMac para desarrollar una placa, sin necesidad de perderlo por una batería, o el reto que plantea los ordenadores profesionales (los que de verdad van enfocados al rendimiento profesional) para conseguir una optimización tan máxima que pulverice cualquier intento de comparación.

Por último, creo yo, llegará la bestia. Un Mac Pro que ya tiene hecho todo el trabajo de creación de un sistema ampliable en todas las direcciones pero que ahora tiene que reconvertirse -y añadir compatibilidad- con las tarjetas gráficas, sistemas de expasión, etc.

El sistema de transición que Apple conoce tan bien, y que ha puesto en ejecución para que los usuarios sufran las menores turbulencias posibles, hará que para muchos este cambio de arquitectura resulte aburrido o poco interesante.

Sin grandes fuegos artificiales (salvo tal vez cuando le llegue la hora al Mac Pro -¿podría haber un Mac Pro mini en el horizonte?) simplemente la sustitución de una placa por otra, y el mundo -aparentemente- seguirá igual.

No olvidemos que al 95% de la gente /y estoy siendo generoso/ no le importa un pimiento el chip, la arquitectura, ni los milisegundos que tarda en abrirse una aplicación.

Sólo quieren encender el ordenador y que todo funcione. Por eso se compran un Mac.

Y eso es lo que Apple sigue ofreciendo, solo que más rápido. Mucho más rápido.

3 Comentarios

  1. Queimacasas 13 noviembre, 2020

    “.. del chip del iPhone (que ya va por su decimocuarta iteración, es decir, se llama A14)…” Alf, Alf, que ya tu sabes que empezamos en el A4 … es la undécima …. jajajaja

  2. abdl1 13 noviembre, 2020

    No sé, yo de momento prefiero ser cauto, no me cabe duda de que el paso para Apple era necesario, pero las comparaciones que pusieron en la Keynote son de una ambigüedad pasmosa.
    Veremos a ver cuando definitivamente empiecen a llegar a los usuarios y los vemos “en el campo de batalla”.
    Lo que creo que es ya indiscutible es que el gran perdedor es Intel.

  3. JGVia 14 noviembre, 2020

    (Se pone interesante….) La cuestión es si Apple podrá escalar con esta arquitectura hasta la potencia de su Mac Pro, (x86). Aunque pueden, la arquitectura alternativa, modular, también escalará en potencia…
    La gran ventaja del M1 (y subsiguientes) parece ser el consumo eléctrico. Dispositivos portátiles seguirán la estrategia de Apple (pero les va a costar; Apple lleva la ventaja de la integración hardware/software). Pero incluso Apple puede necesitar mantener los “desktop” en Intel (o AMD) durante mucho tiempo. O, lo más lógico, que exista una CPU tipo M, pero más “abierta” a otros componentes (que no esté limitada la RAM, las GPUs externas…)

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