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Por qué el iPad Pro aún no es la solución para mi, por Antonio Diego Duarte

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Este no es un artículo como los que están proliferando últimamente, en los que nos cantan las posibilidades de los últimos iPad Pro como sustitutos de PC/Mac portátiles o de algunos Mac de sobremesa con bajos requerimientos. Al contrario, en las siguientes líneas voy a explicar el por qué aún es demasiado pronto para ese cambio, incluso para un usuario doméstico sin grandes necesidades.

Para poneros en situación, os diré que los últimos 30 años de mi vida los he dedicado a la informática en diversos campos. He sido administrador de redes UNIX, Mac, Novell y Microsoft, en entornos mixtos; he impartido formación en varios programas y plataformas; he desarrollado en FileMaker y he reparado PC, impresoras y otra cacharrería; he llegado a realizar análisis forense de equipos con proyección judicial.

 Pero eso lleva camino de terminarse. Afortunadamente, en lo que a mí respecta.

 Y esto es lo que voy a necesitar en un breve plazo de tiempo, siempre y cuando la parca no se cruce en mi camino y gane, como suele:

Necesitaré capacidades en ofimática ligera. Poder redactar pequeños artículos, llevar hojas de cálculo poco complejas, retocar mínimamente fotos o hacer algún pequeño vídeo de presentación, escanear e imprimir en red, acceder a Internet para las gestiones del hogar (bancos, Renta, gestión de recibos domésticos), hacer copias de seguridad y acceder a diversos dispositivos de almacenamiento externos, tanto propios como ajenos. Finalmente, claro, ocio peliculero y lectura de mis libros (aunque para esto mi lector de ebook seguirá siendo la herramienta principal).

El nuevo iPad Pro LTE de 12,9 pulgadas y 512 Gb de almacenamiento llamó inmediatamente mi atención. Pensé que lo podía combinar con una buena funda, el teclado y el ratón bluetooth que ya acompañan a mi Mac mini y estos dos adaptadores que busqué en Amazon y que os reseño a continuación:

FLYLAND Hub USB C, Adaptador Tipo C Hub con 1080P VGA, Conector de Audio de 3.5 mm, 4K HDMI, Ethernet RJ45, 4 Puertos USB 3.0/2.0, Puerto USB-C PD, Hub (39,99€)

Este adaptador tiene varios propósitos: darle internet por cable al iPad mientras lo tenga en casa junto a mi punto RJ45 Gigabit ethernet, con su velocidad superior que permitirá que servicios como Netflix o Amazon Video se transmitan a máxima calidad; la conectividad WIFI y LTE quedarán para los ratos en que me lo tenga que llevar a otra parte y necesite conectividad inalámbrica. Además, me ofrece la capacidad de conectar los múltiples lápices USB y tarjetas de memoria que inundan nuestra vida digital. Así pues, podré conectarlo a mi monitor externo de 27” con entrada VGA o HDMI y poder seguir trabajando en un escritorio de tamaño inversamente proporcional a mi agudeza visual o viendo las pelis y series en un tamaño decente). 

Primewire Hub USB 3.0 Tipo A Super Speed Slim de 4 Puertos Activo- Incl. 1x Fuente de alimentación con Conector Hueco CC 5V 2A 5,5 mm x 2,1 mm – 4 Puertos Hub Power Adapter (20,85€)

El segundo adaptador tiene por objeto poder acceder al contenido de esos simpáticos discos duros externos en los que algunos aún confiamos (además de en la nube) para realizar nuestras copias de seguridad. Como el iPad y el primer adaptador no ofrecen suficiente potencia en este caso, necesitamos de un HUB USB autoalimentado.

 ¿Y qué se supone que iba a ganar yo con todo este cambio?

Cambiar de mi mac mini 2014 actual, con sus 16 Gb de RAM y su 1,12 Tb de disco duro SSD (un fusión realizado en Mac OS Catalina con el disco de 128 Gb SSD Nve original del mac mini y un disco SSD de 1 Tb sustituyendo al HD de 1 Tb original), por un equipo que satisficiera mis necesidades y me proporcionara mobilidad y conectividad cuando me desplazare. Adicionalmente, el LTE del iPad Pro debería de darme la posibilidad de pasar incluso del teléfono móvil en caso necesario. En resumen, reducir de tres a dos los dispositivos con los que me conecto al mundo.

El iPad Pro tiene ya una rudimentaria multitarea, un acceso centralizado (Files, o Archivos, como prefiráis) a los distintos repositorios donde cada aplicación guarda sus documentos, acceso a unidades externas en varios formatos, excepto NTFS, y una potencia y velocidad adecuadas. 

Las aplicaciones que uso ahora mismo en mi iPhone SE de primera generación me permiten, con las lógicas trabas de su pantalla de 4 pulgadas, salir del apuro y manejarme en las gestiones administrativas rápidas del día a día. A las malas, puedo conectarlo a un monitor externo, a un teclado y ratón USB o BT con los adaptadores necesarios.

Esas mismas aplicaciones funcionan aún mejor en un iPad Pro, más rápidas y sin tener que iniciar prácticamente otra curva de aprendizaje, olvidándome del entorno de escritorio para dedicar mi ya menguante capacidad intelectual a disfrutar y aprender lo que verdaderamente me importa, que no son sistemas operativos, conceptos de redes ni casi nada de lo que ha sido mi vida profesional los últimos treinta años.

¿Y por qué no lo has llevado a cabo, querido?

Por tres razones, principalmente.

Porque, cuando conectas el iPad Pro a un monitor externo, duplicas pantalla pero, a diferencia de la función “pantalla cerrada” de los macbook, la pantalla del iPad sigue encendida, consumiendo innecesariamente y, aún peor, distrayendo la atención de la pantalla principal. La capacidad de elegir entre duplicar o extender pantalla, así como la función de “pantalla cerrada” es imprescindible también en el iPad Pro si Apple quiere que sea realmente el próximo pc no-pc (o como lo quiera llamar).

Porque, si me traen un dispositivo formateado en NTFS, no lo puedo leer. Eso va a suceder; la mayor parte de la gente no sabe qué demonios es NTFS, APFS, FAT32 o exFAT… Y no tienen por qué saberlo; ni soñar con grabar algo en él sin formatearlo previamente y que pierdan la información que llevasen en él. Tratad de explicárselo y ya me contáis la cara que ponen.

Porque no tiene implementado un TimeMachine que nos permita generar una copia de seguridad a un dispositivo externo, desde la que podamos recuperar la información en caso de pérdida por cualquier motivo. Y no, no todo el mundo está dispuesto a pagar el precio que pide Apple por 500 Gb de almacenamiento en la nube.

Todas esas incapacidades o limitaciones no lo son de hardware, a priori, sino de sistema operativo, nuestro aún reciente iPadOS. Si Apple añade esas capacidades, ¿cuánto disminuirá la venta de macbook air o mac mini básicos? Y si no las añade, ¿cuántos aguantaremos nuestros equipos tanto tiempo como podamos y compraremos equipos sustitutivos mucho más baratos y no necesariamente a Apple?

En ese cálculo, y no en otro, creo que radicará que en un plazo razonable (no más de un par de años), con los nuevos procesadores y evoluciones del iPadOS, podamos entrar en un ecosistema Apple más ajustado a las diversas necesidades de los usuarios que aún amamos la marca de la manzana.

VALE

Antonio Diego Duarte

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4 Comentarios

  1. osmio 4 septiembre, 2020

    Impecable, Antonio. Un abrazo desde Argentina

    1. adduartes 9 septiembre, 2020

      Gracias a ti por leerlo.
      Un abrazo.

  2. rfacal 8 septiembre, 2020

    Buen análisis, Antonio. Gracias

    1. adduartes 9 septiembre, 2020

      Muchísimas gracias por leerlo, me alegro que te haya gustado.

      Un abrazo fuerte.

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