Hace una década Steve jobs hizo su última gran presentación.

El iPad rápidamente se convirtió en objeto familiar, como el mando a distancia, o el portero automático.

Objetos y tecnologías que hacen que cueste imaginar cómo eran los tiempos antes de que existieran.

Cuando Steve Jobs lo presentó, lo definió como un dispositivo a medio camino entre el teléfono y el ordenador, diciendo que, para tener éxito, tenia que hacer algunas cosas mejor que los objetos que reemplazaba.

Leer, ver vídeos, navegar, jugar…. sin duda el iPad es el medio idóneo -en mi experiencia mucho mejor en el iPad mini, por su portabilidad y manejabilidad, que en el iPad normal.

Desde el minuto uno todo el mundo vio en su cabeza para qué podría usarlo, y se podía imaginar usándolo.

Que heredara iOS le dio una facilidad innata para que todo el mundo supiera cómo funcionaba, además de millones de clientes que -precisamente por eso- querían uno.

Educación, personas mayores, empresas de todo tipo, discapacitados tecnológicos -si me permitís la expresión, todos vieron su caso solucionado con la propuesta del iPad.

Por primera vez el concepto «tableta» electrónica tenía sentido y Apple vendió millones estableciendo el estándar y quedándose, de paso, con la categoría para ella en exclusiva (ningún otro tablet consigue venderse en cantidades significativas).

Evolución, estancamiento

El iPad evolucionó al ritmo de iOS, pero lo que valía para el iPhone, se quedaba corto en el iPad, precisamente porque no era un «iPhone con la pantalla más grande».

El tamaño de la tableta permite hacer cosas para las que la pantalla del iPhone supone una barrera física e insuperable, y el astronómico progreso en el desarrollo de chips propios de Apple dejaba claro que el iPad podía dar mucho más de si.

Así que Apple finalmente ha lanzado el iPad Pro (junto con el fabuloso Apple Pencil) que lleva toda la potencia a un nuevo nivel.

Pero aunque es cierto que es interesante utilizar Photoshop en el iPad, o Final Cut Pro -si existiera, para esos momentos en que te pillan desprevenido con una urgencia, o cuando aún no tienes presión por una fecha de entrega y puedes ensayar opciones…

Pero a la hora de la verdad, cuando necesitas potencia, agilidad, recursos… es probable que acabes sentándote delante del ordenador a acabar el trabajo.

De lo que fue la sencillez suprema de uso, tocar y abrir, desplazar para cambiar de aplicación, etc. ahora hay «complicaciones» como compartir la pantalla entre dos o más aplicaciones que no sólo son poco intuitivas sino complejas de ejecutar.

La realidad aumentada podría ser un impulso que lanzara el iPad a su propio mundo de aplicaciones, pero tampoco acaba de explotar en el mundo cotidiano.

Hoy por hoy, parece que el iPad ha alcanzado todo su potencial, y -aunque lo que hace lo hace muy bien- carece de una personalidad propia que lo diferencie y distancie de todo lo demás.

Por una vez -y nunca pensé que diría esto- es posible que el iPad necesite un visionario capaz de ver más allá de lo obvio y de dirigir el barco hacia terrenos inexplorados que no sabíamos que existían.

Aún así, por todos esos momentos en que el iPad nos ha acompañado, nos ha ahorrado kilos de peso en el equipaje, y ha demostrado una versatilidad que nunca habíamos soñado…

¡Felicidades!

¿Qué os parece el iPad? ¿Qué futuro le veis?

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3 comments

  1. mikeunimac

    Mis clientes cada vez lo usan más para sus empresas.

    No sólo gerencia, sino el trabajador de la fábrica o del taller.
    Me resulta muy chocante ver muchos días esos iPads enfundados en gruesos protectores, llenos de grasa y funcionando de maravilla.

  2. amt.desarrollos

    Recuerdo ese día, fue muy emocionante! Yo estaba en la playa, de vacaciones, con mi iPhone 3G siguiendo la Keynote. Había rumores: la iTab, la iSlate, etc. Fue increíble cuando Jobs la mostraba, tan finita (para esa “época”).
    Y bueno, lo de siempre: ya quería tenerla!

  3. Yules

    Yo me había prometido a mí mismo esperar un poco para decidirme a comprarlo y por eso, cuando abrieron las reservas un 10 de marzo, aguanté hasta el día 11. 😉 Compré el de 64 GB con la funda oficial. Un pastizal, me pareció entonces. Quién me iba a decir que con los años habría teléfonos de los que no podrías comprar medio con aquel dineral…

    Lo que también recuerdo es que lo que se criticaba como su mayor defecto, que era un iPod Touch gigante, a mí me parecía su mayor virtud, porque lo que más apreciaba de mi iPhone era su uso para lo que también podías hacer con un Touch, el Bath & Bed Surfing, lo llamaba entonces, tener Internet en la palma de la mano, y esto, en una pantalla gigante de un dispositivo relativamente ligero en el que, prácticamente con abrir la tapa ya estabas en Internet, me parecía un pequeño milagro del progreso. Muchos meses después de tenerlo todavía me parecía mágico.

    Aún lo conservo en un armario, porque me dio pena malvenderlo cuando el iPad 2 lo convirtió en pesado y lento. Otro motivo para conservarlo fueron las más de 1.000 aplicaciones que tenía instaladas, la mayor parte de la época en que el cáncer de las compras in-App aún era incipiente y ni por asomo existía el SIDA de las suscripciones.

    Alguna vez he revivido alguna App y suelen funcionar sin problemas, sin embargo, es triste comprobar que las actualizaciones del sistema lo dejaron prácticamente inútil para algo tan elemental como navegar con Safari, algo que puedes hacer con el más birrioso de los teléfonos móviles.

    Siempre me ha parecido que una de las cosas más lamentables de utilizar dispositivos de Apple es que no confíen en el atractivo de sus últimos modelos para que los usuarios los renueven y vayan dejando progresivamente renqueantes los modelos anteriores, cosa que me recuerda a diario el lag que ha adquirido mi iPhone XR, que costó bastante más que aquel iPad tope de gama.. Esto, en una de las empresas con mayores beneficios del mundo y que más presume de innovación es especialmente miserable.