La intangible intimidad que se desarrolla con los dispositivos Apple

Sé que es el tipo de artículo que no gusta a determinada gente, porque hablar de afectividad, cariño, complicidad, cuando se trata de máquinas -y especialmente si son de Apple- irrita profundamente a los racionalistas. Pero, lo siento, es lo que hay.

A lo largo de estos casi veinte años de ser testigo de la evolución de la tecnología, específicamente centrado en Apple y las empresas que componen su universo (y que han ido cambiando enormemente en la medida en que el tránsito de la mesa al bolsillo se ha consumado) he tenido la oportunidad de probar multitud de «cacharros» con su manzana grabada. Algunos durante unas semanas, otros durante un año… pero incontestablemente llega el momento en que hay que devolverlo.

Incluso aún sabiendo que el modelo que devuelvo será reemplazado por otro mejor, los ratos compartidos, las horas invertidas, la satisfacción cuando responde como esperas, cuando las herramientas superan tus expectativas y la enorme frustración cuando el sistema falla, o no funciona como debería o como esperarías… todo va dejando un poso en el platillo que no adviertes hasta que tienes que recuperar el embalaje para devolverlo.

Con las personas es diferente, ni mejor ni peor, sólo diferente. Con un compañero puedes reírte, dar palmadas en el hombro, en la espalda… chocar las manos… Si tienes un problema, puedes hablarlo… o guardarlo hasta que puedas resarcirte (depende de lo mezquino de cada uno, yo descubrí hace mucho que eso sólo te envenena a ti mientras el otro sigue tan feliz en su «capullez»). Con las máquinas no es así. En todos los casos, para lo bueno y para lo malo, es lo que hay.

En los viejos tiempos se solía decir que las impresoras sólo se atascaban cuando las dejabas desatendidas (antes de los tiempos del PDF todo había que llevarlo impreso). Podían funcionar correctamente durante horas, días… pero si las dejabas imprimiendo y te ibas a… dormir, comer, a una reunión… apenas salías de la habitación se atascaba el papel, o daba error de buffer o Dios sabe qué cosas impensable que nunca pasa, pero pasa.

Ese forcejeo a medio camino entre lo racional y lo sentimental, por el que conseguimos recompensas emocionales de diverso tipo (alcanzar el objetivo, entregar a tiempo, tardar una hora menos de lo previsto, poder salir a cenar, no trabajar el fin de semana, zanjar inmediatamente una discusión…) son los que establecen la relación de intimidad, de cariño con el dispositivo que nos permite hacer tantas cosas sin resoplar, ni quejarse ni mostrar cansancio.

Por supuesto que no se limita a los dispositivos de Apple. A lo largo de mi vida he encontrado con auténticos heraldos de Windows, y alguno de Android, aunque en honor a la verdad, no muestran esa afección incondicional que los usuarios de Apple desarrollamos.

Para los que no lo sienten, suelen interpretar la situación como si estuviéramos «alienados» por una supuesta «comedura de coco» que Apple nos hace, aunque nada en la comunicación de Apple, en sus mensajes, o en su actitud permite deducir tal cosa. Además, sus productos los utilizan millones y millones de personas, así que cualquier trazabilidad de élite, exclusividad, incluso de clase social ha sido pulverizada por su popularidad.

Se trata sin duda de algo más profundo, algo que tiene que ver con la atención dedicada a cada detalle, al acabado, a los colores, al cómo, al por qué y al para qué que otras marcas no valoran.

Es esa sensación placentera de utilizar un producto bien acabado, con buenos materiales, perfectamente ensamblado y que funciona exactamente como se anuncia que lo haría lo que provoca que, en una abrumadora mayoría, el usuario de productos de Apple sea un «orgulloso usuario de productos de Apple».

Y por ello, cada vez que tengo que empaquetar un producto de Apple para devolverlo, siento una punzada en el estómago y lamento desprenderme de él (algo que no me ocurre con la televisión, la lavadora, el microondas… que  se podría argumentar también ejecutan cada día sus funciones con impecables resultados), como esas personas a las que conoces circunstancialmente y cuando desaparecen de tu vida eres consciente de que te dejan mejor de lo que eras.

Afortunadamente, he comprado suficientes productos de Apple como para saber que siempre puedo volver a mis viejos amigos, compañeros de viaje durante tantos años y que siguen respondiendo con alegría cada vez que recurro a ellos. Un poco más lentos para las velocidades que se estilan ahora, pero -si les tratas con la paciencia y la consciencia de quiénes son y cómo han llegado hasta aquí- me siguen reportando esa misma satisfacción que, con el paso de los años, he aprendido a disfrutar.

Ya lo decía en la introducción. Lo siento, es lo que hay. Seguiremos disfrutando.

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10 comments

  1. JGVia

    «Sé que es el tipo de artículo que no gusta a determinada gente, porque hablar de afectividad, cariño, complicidad, cuando se trata de máquinas -y especialmente si son de Apple- irrita profundamente a los racionalistas».
    Quizá solo sea cuestión de cuánto tiempo llevan presentes los ordenadores en nuestras vidas… La industria automovilística es más vieja; todos comprenden el valor de ciertos coches bien diseñados y acabados. Hasta se entiende el cariño a un auto…
    Es curioso cómo algunos refunfuñan por el supuesto precio extra de un mac o un iphone, y no tienen reparos en mitificar un Jaguar o un Porsche…
    Sí. Cuando una máquina cumple bien su función, está calculada en sus últimos detalles y además es bella, es posible desarrollar cariño hacia ella.
    Muy humano.

  2. rosuna

    Yo uso cosas de Apple desde principios de los 90, y estoy cada vez más harto.

    Los precios son disparatados, las prestaciones de los productos (el hardware) está cada vez más por debajo de la competencia.

    Toda la justificación es el diseño. Puro humo.

    Siempre ha sido así, ya lo sé, pero últimamente todo se está extremando. Llevan el mismo camino de los años 90, y les va a pasar lo mismo.

    Hay móviles con la mitad de precio que un iPhone (no un poco menos, la mitad) y mejores prestaciones. Lo mismo con los ordenadores (algunos modelos no se renuevan desde hace muchos años, otros tienen equipamientos absurdamente desfasados, no se sabe cuándo actualizan, etc.).

    El sistema operativo está bien, en general, pero Windows 10 ya no es aquella castaña del pasado.

    Sinceramente creo que detrás de la fachada de éxito no hay más que humo, que funcionan muy mal en lo relativo a diseño de productos y que se la van a pegar tarde o temprano. Empieza a haber señales. Hace no mucho tener un iPhone o un Mac molaba, era cool, incluso una señal de buen gusto y distinción. Hoy se ríen de ti. Se perciben los productos de Apple como un timo, una broma de mal gusto. Empiezan a ser un chiste del que nadie se ríe ya.

    Mi opinión es diferente, pero tiene que haber de todo.

    1. mbaz

      Hola Rubén.

      No haces más que reforzar la tesis de Alf en su artículo. Todo es humo, bueno, diseño –discrepamos en su importancia y significado, intuyo. Sin embargo, sigues usando los productos de Apple.

      Entendería mejor tus palabras si dijeras que estás tan harto que hace tiempo que usas Windows 10 y Android. ¿Alguien te obliga a permanecer con Apple? ¿Estás sometido por el encantamiento o la sustancia adictiva e idiotizante con que Apple impregna sus cacharros?

      Mi suposición, seguro que equivocada, es que lo que pasa con muchos usuarios veteranos de Apple –yo lo soy desde 1989 y toqué mi primer Mac en 1984–es que ven una afrenta a su estatus de exclusividad en la popularización de sus productos. Por volver al símil automovilístico, es como cuando algunos puristas de Porsche ven el mundo desintegrarse desde que la marca se «rebajó» a crear productos como el Cayenne, con mayores volúmenes; un Porsche ya no era algo que te parabas a mirar por la calle si eras tan afortunado como para encontrártelo.

      Por mi parte, ya sé que a veces todo podría funcionar mejor. Pero los pros siguen siendo mayores que los contras. Trabajo diariamente con un sobremesa con ocho años, un portátil con siete y un teléfono con tres, y puedo asegurar que la experiencia no sería mejor con Windows y Android –todos mis compañeros trabajan con ellos y lo comentamos a diario.

      Como siempre, encantado de leerte y de tomar un café en cuanto sea posible.

      Saludos,

      mbaz

      1. rosuna

        También mis equipos tienen años (algunos, demasiados), y son de Apple. El motivo por el cual los sigo usando es porque es más barato eso que comprar algo nuevo, aunque me va haciendo falta y, simplemente, no he podido dada la oferta de Apple (inexistente o demencial en precios o especificaciones).

        Como cualquiera sabe, lo que te obliga a permanecer con Apple es precisamente la interrelación entre equipos, el software comprado y la propia inversión en máquinas. ¿Hace falta realmente decir esto?

        En cuanto a que los pros siguen siendo mayores que los contras, cuando uno trata de verbalizar esos pros se da cuenta de que no son más que tonterías. Los contras son tangibles y cuantificables, por desgracia, y muy serios. Podría decirse que los idiotizados son los que, precisamente, siguen «encantados».

        Saludos,

        R.

  3. erretxea

    Estoy muy de acuerdo con lo que cuentas, Alf. Yo soy «maquero» desde finales de los ’80 y siempre usé Mac y desde que salió, iPhone, tuve un iPad, en fin, apple integral. No ando muy pendiente de la competencia ni si «ofrecen más por menos» etc. Esa es la eterna discusión PC-Mac. Yo particularmente he estado siempre feliz con mis cacharros, que me han ayudado a resolver las tareas con bastante más facilidad, soltura y elegancia de lo que he observado siempre en mis conocidos usuarios de Windows (sumemos Android ahora) y vamos, que si yo estoy disfrutando de mi comida, no me da por fijarme en el plato de los demás. Personalmente esta plataforma me ofrece lo que necesito, con creces y nunca deja de sorprenderme para bien (y ya hace años que la conozco, como digo). También les cojo cariño a las máquinas porque para mí son como un aliado. De hecho, me resistí siempre (una especie de resistencia interior) a vender ningún Mac de los que he tenido. Si de alguno prescindí, es porque lo regalé.

  4. Alquimista

    rosuna Coincido mayormente contigo pero no, no siempre fue así; yo pondría el año 2011/2012 como el momento en que Apple dejó de hacer productos prácticos.

    mbaz Pues tu mismo le das la razón: usas esos productos ‘tan viejos’, como yo también hago, porque puedes, o mejor dicho, porque podías. A ese sobremesa, a ese portátil, le habrás ampliado la RAM, le habrás cambiado el disco duro, le habrás cambiado el monitor, etc., pero si renuevas ahora esos equipos te encontrarás que no puedes cambiar el monitor porque tu sobremesa es un iMac, que no puedes ampliar la RAM porque ya hace mucho que está soldada, y que no puedes ampliar el disco duro porque también está soldado en la placa. Con la gama actual ya no podrás actualizar componentes, tendrás que actualizar el equipo entero.

    Y entonces, ¿por qué seguimos con Apple? Creo que fue aquí, en faq-mac, donde alguien dijo algo como que “se sentía en Apple como en una sartén, aguantando ahora con un pie ahora con otro, pero sabiendo que fuera estaba el fuego…”. Yo quiero seguir aguantando en Apple simplemente porque fuera esta Windows y Android y eso sí que es el infierno, quiero seguir con Apple porque quiero sentirme agusto, no obligado, ni constreñido.

    1. rosuna

      Hola Alquimista:

      Ha habido épocas y épocas en la historia de Apple. El Mac original de 1984 fue un fracaso. Las versiones revisadas se hicieron populares en los campus USA. Pero el éxito real del Mac se dio en la industria editorial. Esto fue la segunda mitad de los 80. En los 90 todo fue mal. Equipos carísimos y con especificaciones lamentables, además de muchos problemas técnicos en la transición a los PowerPC y con el sistema operativo (que iba fatal). A Jobs siempre le han gustado los equipos extravagantes, pero con todo entre el 98 (primer iMac) y la fecha que dices, o un poco más, había una oferta de productos racional, con un sobreprecio justificable. Yo pensé que con los procesadores de Intel la actualización de equipos sería más fácil, continua, y así fue durante un tiempo.

      Yo he aguantado sin pasarme a Windows simplemente porque tengo un Mac Pro, de los de verdad, y en efecto lo he ido actualizando un poco. Va muy bien (costó un dineral, ojo). No habría podido tirar igual con un iMac o un Mac Mini. Si me fallara, ¿qué compro? ¿Un Mac Pro de 2013? ¿No entiende Apple lo que es un equipo «pro», lo que es una amortización? ¿Vuelven al concepto fracasado del Cubo en el Mac Pro actual y se sorprenden del fracaso? ¿De verdad necesita una empresa del tamaño de Apple años para desarrollar una caja con espacio y componentes actualizados que ni siquiera fabrican ellos? ¿Cuantos profesionales de la edición se han visto obligados a abandonar Apple o a bregar con equipos inadecuados (iMacs) porque no podían renovar? La sensación es que les da igual. Ahí no hay dinero para ellos.

      Windows ha cambiado mucho, para bien, y lo mismo puede decirse de Android. En cuanto a funcionalidades, ya no hay diferencias en nada sustancial. Lo que nos ata a los sistemas de Apple (OS X e iOS) son las costumbres y el confort de estar manejando algo que conoces, además de la inercia de rentabilizar tu inversión en equipo y tratar de huir de un entorno de trabajo con varios sistemas distintos (si se cambia, hay que cambiar todo a la vez, incluido software, y empezar de cero). En realidad, hay fuertes restricciones a cambiar de entorno de trabajo una vez empiezas a usar uno. Y Apple pone también sus zacadillas, facilitando la entrada pero poniendo más difícil la salida con muchos pequeños detalles, como es lógico.

      En algunas líneas de producto fundamentales no hay nada que comprar de Apple. Nada razonable. En otras los precios son un disparate. No hablamos de diferencias de un 20%, sino del doble. ¿Cómo justificas eso? Si hay diferencias tecnológicas sustanciales, valdría para algunos (no todos), pero sabemos que no las hay. Es simplemente un abuso. Exprimir a fondo y sin contemplaciones. Los usuarios de Apple (y conozco a más de uno) comparten esta sensación y tienen los mismos problemas. Se sienten atrapados en un entorno que no es «amigable». Ni puedes renovar equipos cuando lo necesitas, ni tienes una transacción razonable (pagas más por algo). Cunde el hartazgo y cada vez hay más quejas, y abandonos.

      El dinero de Apple está en el iPhone y algo se está torciendo ahí también. Solo hay que ver los precios, y lo que Apple vende como novedad (pantallas OLED, cámaras dobles ¿en serio?) o innovación (el FaceID, que importa un pito).

  5. JGVia

    …Las empresas no tienen ninguna «obligación» primordial hacia sus clientes. Las empresas se deben fundamentalmente a los propietarios, los accionistas.
    Como usuario de Apple, sí veo que la marca «vende humo» cada vez con más frecuencia.
    Sin embargo, si yo tuviera medio millón de euros en acciones de Apple, me parecería que lo están haciendo muy bien…
    (Bienvenidos al capitalismo).

  6. C2A

    Interesantes opiniones.
    Coincido con Alquimista.
    Mi primer Mac fue un PowerBook Pismo que me robaron en Lanzarote. Durante unos pocos años volví a Windows debido a que se dejó de comercializar la versión para Mac del programa Archline. Es curioso porque lo que me atrajo y me llevó al Mac fue lo bien diseñada y lo bonita que era la interface de ese programa en Mac y las posibilidades que el sistema operativo del Mac nos permitía, sacando las ventanas de las aplicaciones al Finder. En el programa que más utilizo ahora, Revit, en Windows, en su versión 2019, este año, se ha conseguido que las ventanas de la aplicación se coloquen en el escritorio. Han pasado más de 20 años. En cuanto los Mac pudieron arrancar Windows volví a Apple con un iMac de 27″ Mid 2010. Todo bien hasta que murió el año pasado. 7 años de pleno rendimiento, Mi hija utiliza un MBP de 2009, mi hijo otro de 2011, sin queja. Con Windows, los ordenadores no me duraban más de 2 años. Eso sí, cuando murió el iMac lo cambié, aconsejado por Sault, por un flamante MacPro 5.1 que va como un tiro. A mi juicio, sin conocimientos técnicos, este ordenador me parece el mejor que ha creado Apple, por su diseño, eficiencia, versatilidad. Una pena que tenga una tapa que impida ver la perfección que habita en sus entrañas.
    En fin. Demasiado sentimental. Para terminar, decirte que, gracias a Apple, mi padre y mi madre utilizan ordenador, iPad y iPhone, con más de 80 años. Con Windows eso hubiera sido imposible y eso que lo intenté.

    Salu2