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Una de las características que más me gustaría que se implantaran en macOS sería la posibilidad de guardar en iCloud, y exentos de realizar una importación “en bloque” con una copia de Time Machine, cada una de nuestras personalizaciones del sistema, desde los “alias” de la consola de comandos hasta las configuraciones que hacemos en el selector de color y que vamos a tratar hoy en este mini-tip.

El selector del Mac es una herramienta predeterminada por Apple para graduar distintas combinaciones de colores en fondos de pantalla y documentos, presentando cinco pestañas, con sus respectivos métodos, para encontrar la mejor manera de dar con la mezcla que deseemos. De ellas, la que nos permite seleccionar con mayor exactitud el tono adecuado, es la segunda; “Reguladores RGB, CMYK, HSB y escala de grises”. El habitual es el RGB, utilizado en las señales de vídeo analógico, o en la programación web de código HTML, y es perfectamente válido en la creación de fondos sin imagen desde Preferencias del Sistema / Escritorio / Color personalizado.

Una vez estamos en el Regulador RGB de esa segunda pestaña del selector, en vez de buscar el gradiente probando un poco al azar con las barras, vamos a escoger la cuarta opción, “Número de color hexadecimal”, e insertar el código RGB que elijamos. Por ejemplo, en esta página http://cloford.com/resources/colours/500col.htm disponemos de una tabla con cientos de ellos. Tan sólo hay que buscar su denominación en la columna HEX y copiarla en la casilla. Podríamos introducir un verde Xanadú 738678, un marrón Wenge 504C48 o el amarillo Sarcoline FADFAE, dependiendo el resultado de las características y luminosidad del dispositivo y de cuáles sean nuestros gustos y las gamas que busquemos en nuestro entorno de producción.

Tras esto es posible archivar esa tonalidad en una de las casillas en blanco de la fila inferior o, si nos parece que hemos dado con un matiz maravilloso que queremos conservar a salvo para futuras instalaciones y reinstalaciones, crear fácilmente una entrada nueva en la app Notas e ir apuntando los códigos RGB que nos apetezcan hasta el día en que, en cierta empresa californiana, consideren que sería interesante que los usuarios tuviéramos por fin la capacidad de elegir guardar en iCloud este tipo de personalizaciones concretas de nuestra computadora.

La alternativa de los fondos de escritorio sin imagen -con sólo un color nativo- es aconsejable en muy variadas circunstancias. Para empezar se usan menos recursos del sistema, y esto es perceptible en equipos antiguos con poca memoria RAM. O, si no se desean los wallpapers predeterminados por Apple, se evita navegar de modo insatisfactorio buscando en páginas particularmente repletas de publicidad. Además nunca hay problemas a la hora de ajustar las resoluciones, y dan una sensación mucho más limpia y nítida del espacio cuando el monitor no es Retina. Si no es suficiente, en los programas que tienen soporte de transparencias en la ventana, como Ulysses, el procesador de texto con el que estoy escribiendo este artículo, se consigue un entorno de trabajo verdaderamente armónico. A cambio de ello son poco espectaculares, y no se pueden comparar en vistosidad con las fotos 4K que adornan muchas pantallas hoy día, pero con la ventaja de que tienden a distraernos menos y a concentrarnos más en el contenido de las aplicaciones.

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