Elección Binaria

Max Paine.

Formateo de nuevo, qué tragedia, el trabajo perdido, el mundo en blanco, otra noche sin dormir, otra obsesión, los ojos como hoguera de fotones, radiaciones fulgurantes que algún día convertirán mis células en algo terminal, un fluido oscuro, espeso y ámbar, mi sangre arrastra el polvo de los cables, mi alma navega por redes P2P, estoy perdiendo la vida en el rastreo, me miro las manos y los dedos, y a la luz de esta lámpara nocturna, parecen brillar como peces abisales, criaturas nocturnas perezosas, formateo de nuevo, qué tragedia, observo el lentísimo proceso, y quiero dormir, desvanecerme, y el indicador de pronto ya no avanza, ha vuelto a detenerse, Dios, Dios, no, hay que comenzar de nuevo, hay que sufrir este insoportable Tántalo extremado, mantener los ojos abiertos muchas horas, intoxicarse de cafeína y desamor, ignorar los suspiros de mi amada, durmiendo sola en otro cuarto de la casa, formateo de nuevo, qué tragedia, la noche boca arriba, el techo roto, la obsesión, el ansia, la locura, ella duerme en su cama, sola, ausente, y el indicador avanza un poco más, parece resucitar de su ataraxia, y cierro los ojos, y en lo oscuro, veo números que bailan y que brillan, unos y ceros que parecen mantis, fosforescentes insectos que se burlan, formateo de nuevo, quiero huir, escapar de esta obsesión, marcharme, que se haga de día, que algo pase, que al abrir los ojos, no haya redes, ni ordenador, ni TFT, ni insomnio, quiero volver a ese principio blanco, donde la tecnología sólo era una palabra, donde las máquinas pertenecían a otro mundo, cuando aún me detenía a oler su pelo, cuando el tiempo era de arena, y no de software, formateo de nuevo, maldición, pero ahora sé que no queda ya más sueño, deseo despertar, abrir la puerta, arrojarme en marcha de la silla, levantarme y huir, y de improviso, entiendo por completo la verdad, de pronto veo a un tipo allí delante, alguien que se parece tanto a mí, un gigante que me mira, tan ausente, con los ojos tan rojos, tan extraños, y comprendo que ya no estoy, no sueño, que ahora soy un axoloth, un byte, un producto de las redes, un fantasma, un prisionero nocturno de mí mismo, que nunca podré romper esta pantalla, que sólo cuando ese personaje apague al fin, cuando el yo que me mira desconecte, se me permitirá dormir, soñar, y en ese sueño, oculta entre contraseñas encriptadas, quizá encuentre la forma de salir, de regresar por fin a nuestra cama, donde ella duerme y suspira, sin saber. Recuerdo, mientras espero, esa vieja sentencia del Max Payne, “en el fondo todo se reduce a una elección binaria”.