Resaca de la Keynote

La verdad es que de un tiempo a esta parte uno acaba las presentaciones de Jobs rascándose la coronilla y pensando: «Uh, algo me he debido perder. ¿Ya está?».

¿Dónde quedan aquellos tiempos de presentaciones de productos en cascada, a cual más orgásmico, donde el paroxismo hacía que se aplaudieran hasta los precios absurdos del Cube? El iMac, los G4, el PowerBook Titanium,… todos eran presentados y acogidos con el más devoto de los amores, simplemente porque era Jobs quien lo presentaba.

En cambio, desde que comenzaron con la movida del UNIX, el OpenSource, Java, y toda la panoplia de iniciales que nos han invadido, las keynotes de su Jobísima, han pasado de ser la actuación de un «entertainment», a ser presentaciones anodinas sin nada más que añadir, y acabando en esta última, donde casi se puede utilizar el término de «oscura».

Una conferencia repleta de tecnologías que acabarán revolucionando el mundo, pero que en estos momentos nadie valora en su justa medida. Y en el que la frase acuñada por Jobs «Hay una cosa más» sonó más gastada que nunca, repetida hasta la saciedad y por eso vaciada de contenido cuando realmente no hay nada nuevo que presentar.

Una de las cosas que más llama la atención a propios y extraños es la casi completa ausencia de «bombas», de esas que le hacen a uno removerse en la silla y sonreir, para adentro y para afuera, pensando, «este es uno de esos momentos en los que merece la pena pertenecer a este club».

Para entender por qué el tiempo en el Mac ha dejado de medirse por espacios entre Keynotes, hay que recurrir a un anglicismo (casi apostaría a que proviene del latín 😉 «momentum».

El «momentum» es la cumbre máxima que se puede alcanzar con un anuncio. Y viene dado por el tiempo en que la gente habla de ese acontecimiento, ya antes de, ya después de.

MacWorld es en si misma un «momentum». Apple ya tiene toda la exposición que puede conseguir en esa fecha. Todos los medios están pendientes, los sitios de rumores echan humo -y si no los tienen se los inventan-, incluso periódicos que nunca hablan del Mac o de Apple (salvo que haya problemas) ese día están siguiendo las noticias que se producen y las reflejarán al dia siguiente.

Así que, en términos de inversión publicitaria, no deja de ser un desperdicio de «momentums» alternativos. ¿Para qué presentar productos nuevos si van a pasar cuasi desapercibidos entre todo el maremagnum de noticias que se generan en la MacWorld? Uno de los problemas con que siempre tropieza Apple es que su cuota de mercado no puede luchar contra la cuota de mercado de los HP, Fujitsu, Dell, … Ese 3% de Mac contra el 97% de PC no consigue estar represente en el universo mental (mindshare) de los compradores, por lo que rara vez el Mac es una opción.

Los presupuestos publicitarios de Apple, aunque los duplicara, triplicara y los volviera a triplicar, no pueden competir con la suma de todos los presupuestos de todos las marcas de pecés, más todas las publicidades de Microsoft, más todas las de Intel. La única forma de estirar los dólares, es conseguir estar el mayor número de veces al año en los «es». Y la única forma de conseguirlo es repartir cada producto en un evento único, con la esperanza no sólo de atraer a los medios especializados sino también a los genéricos.

Mejor esperar a que se calmen las aguas, y luego, «Bum» (que diría Jobs) otro golpe de efecto. Y vuelta a crear «momentum».

Además, en una MacWorld tienes un «totum revolutum» (hoy estamos latinos 😉 de medios y soportes donde no puedes filtrar a quién le interesa más una noticia, y, como ha quedado claro este año, no están las cosas para que se te cuele cualquiera y te distraiga al personal.

Así que imagino que parece lógico pensar: «dejemos que pase este circo, que todo el mundo haga sus negocios, y cuando no haya importante de que hablar, presentaremos nuestro producto, y todo el mundo le prestará atención».

Está claro que para los usuarios de Macintosh, esta es una actitud decepcionante. Todos seguimos las conferencias de Jons como si fueran a venir los Reyes Magos a enseñarnos juguetes que puede que nunca compremos (como pasó con el Cube ¡sigh!), pero aún así nos gusta la ilusión, y los anuncios, y el ruido, y la excitación.

De repente, descubrimos que nos han traido…. ¡ropa! Otro año con jerseys, pantalones, y un par de zapatos que nos aprietan. De todas esas cosas que soñábamos en la cama pensando en las maravillas que haríamos si las tuviésemos, nada.

Y al final, te levantas de la silla pensando… otro año que no me han traido lo que pedía… ¡a ver si va a resultar que los Reyes Magos no existen!

Seguiremos informando

Alf