El problema es que ponerse un reto por delante implica no solo la simple decisión de hacerlo, sino prepararlo. No podemos escalar el Everest, que es un importante reto incluso para un montañero experto, sin preparar ese reto reuniendo el material necesario, planificando las fases e hitos que necesitaremos para cumplir ese autoimpuesto reto además de entrenarnos para poder cumplirlo.
El problema de no preparar un reto, por ejemplo, fotográfico o de escritura, es que confiamos demasiado en que surgirá justo en el momento adecuado ese momento creativo que en un par de minutos (o quizás un poco más) nos dejará solucionada la papeleta del día cuando lo más probable es que empecemos a dar bandazos y pasen un par de horas antes de que podamos «producir» algo medianamente decente que deje nuestras conciencias «medianamente» tranquilas.
Y es que si te vas a enfrentar a un reto, debes prepararlo:
- Establece la duración del mismo y los hitos del mismo.
- Si es un reto diario, crea listas con anterioridad que te permitan tener claro que puedes hacer cada día, porque ya tienes un tema elegido.
- Toma notas para cada tema, buscando una perspectiva o aproximación que te ayude a enfrentar el momento «creativo» de forma rápida y resolutiva.
- Adelantar trabajo no es hacer trampa. Si un día encuentras razones y motivos para poder crear material para varias entregas, no dudes en hacerlo. Esto te permitirá poder organizar mejor el tiempo porque incluso cuando tienes la temática elegida, puedes encontrar que no es válida o no acaba de encajar en lo que tenéis pensado hacer.
Cualquier reto que tengas pensado puede llevarse acabo con la preparación adecuada. Es más, la calidad de los resultados será mucho mejor que simplemente dar bandazos llegado el momento y la satisfacción final de haberlo cumplido será mucho más alta además de que durante esa preparación habrás adquirido habilidades que te servirán para enfrentar retos mayores con mucho menos esfuerzo.