No es el final, solo una fase

Los derrotistas (aquellos que han perdido antes de empezar la lucha) dicen que todo se acaba, que nada es para siempre. Pero normalmente el sentido es, precisamente, de terminación, de abismo, de final. En ninguno de sus estados contemplan la posibilidad de que no es que algo acabe (sea el amor, la amistad, el trabajo, la juventud, etc.) sino que otra cosa empieza.

Sin embargo, a lo largo de mi vida y mi experiencia, ese pequeño matiz, ese suspiro antes de volver al combate de cada día, ha supuesto un cambio de actitud que te transforma de derrotista en tanque, capaz de aguantar mil y un disparos sin dejar de avanzar.

Todos queremos que el mundo, el país, la familia, las amistades, diantre, hasta los compañeros del gimnasio, sean siempre los mismos. Nos gusta lo conocido, lo amable, lo previsible. Los cambios nos provocan incertidumbre, desconcierto, inquietud.

Y si es un final sobrevenido, inesperado, traumático incluso, nuestra coraza, nuestras defensas, esas que llevamos para resistir los golpes del día a día pueden ser absolutamente inútiles.

Déjame que te cuente una anécdota personal: una vez me despidieron de un trabajo en el que llevaba años estando en una feria a quinientos kilómetros de mi hogar, tres dias antes de irme de vacaciones y, mientras llamaba a casa para contar lo que había pasado, me borraron el iPhone en remoto ¿puede alguien sentirse más desahuciado?

Gracias a Dios por iCloud que automáticamente volvió a descargar mis contactos, correos y todo lo que tenía en la nube.

Aquel golpe si que puedo decirte, con total franqueza, no lo vi venir. Me dejó traumatizado y me costó muchos meses superarlo, atravesando un desierto de falta de confianza, miedo al futuro, y todo tipo de tensiones domésticas.

Reconstruirme me llevó mucho trabajo de introspección y análisis de mis fortalezas y debilidades, de dejar el pasado donde estaba (es decir en el pasado) y centrarme en qué necesitaba para volver a sentirme «en la carretera».

Hoy en día miro hacia atrás y entiendo que tuve que atravesar aquello para llegar a ser quien hoy soy, tanto como persona como trabajador, pero ¡madre mía, cómo duele!

Por eso quiero invitarte, después de reconocer que no es fácil ni trivial, a que sea cual sea el cambio que tengas en tu vida, lo veas como una parte de tu viaje, necesario, trascendente, imprescindible para que puedas llegar a la siguiente fase (si, en plan videojuego).

Lo malo de todo esto es que nadie puede asegurarte que la siguiente fase sea mejor. A lo mejor es otro cubo de mierda, pero eso no cambiará el hecho de que, esa también, es otra fase. Retrocede dos párrafos y relee.

Si estás en medio de uno de esos cubos de mierda, de verdad que lo siento. De ahí, como del deporte, también se sale.

Un abrazo

Alf

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

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