Si ha habido un sector al que el confinamiento le ha sorprendido sin los deberes hechos, es el educativo.

Hay un refrán que dice “el hombre propone y Dios dispone” y en este caso la disposición ha venido en forma de virus chino, pillando a todo el mundo con el pie cambiado y confinándonos a los cuarteles de primavera.

Tiempos extraños que nos toca vivir y que han cambiado nuestros hábitos e incluso la forma de ver la vida.

Lamento enormemente la situación de muchas familias que han perdido a seres queridos o su trabajo y prefiero no pensar cómo se van a poner las cosas a nivel económico a partir de ahora.

Nadie sabe por qué ha llegado y si volverá, pero ante tanta desgracia, intentemos sacar algo positivo de este encierro.

Por mi parte, me ha servido para poder rematar una tesis en infografía científica que se estaba alargando demasiado y reconvertir mis clases presenciales a online para poder cerrar el curso académico de la mejor manera posible.

De dicho proceso se pueden sacar algunas conclusiones interesantes.

José María Lajara, profesor en el Grado en Diseño Multimedia de la Universidad Católica de Valencia.

Afortunadamente, en este segundo cuatrimestre tenía menos carga docente que en el primero. Digo afortunadamente ya que el cambio de presencial a online siempre se nota y más cuando se produce de forma abrupta por una emergencia. 

Para mi la docencia presencial es pura vocación y disfruto enormemente entre Macs y alumnos explicando conceptos y técnicas de diferentes herramientas como Photoshop, Illustrator, Cinema 4D, etc.

Me gusta estar con la tropa de tú a tú en el campo de batalla. Entiendo que para algunas cosas la formación a distancia puede venir bien, pero no es mi caso ni es lo mío.

Valoro enormemente la relación humana directa y ésta se pierde cuando hay una pantalla de por medio.

La formación online no me gustaba y ahora menos, pero dadas las circunstancias, “a la fuerza ahorcan…”

El confinamiento empezó justo en la semana que teníamos vacaciones por Fallas y dispusimos del tiempo justo para organizarnos.

Desde la universidad se coordinó todo para dar respuesta docente y humana a los alumnos, dejando cierta libertad de cátedra sobre cómo organizar las clases de cada asignatura.

Ese fue el primer punto que tuve que decidir. Dar las clases en directo conlleva el riesgo de sufrir continuas interrupciones por parte de los alumnos (pérdidas de señal wifi o despistes con la herramienta que se está explicando, etc.).

De forma presencial esto se ataja de forma sencilla pero a distancia es otra guerra.

Reflexioné sobre lo que yo hago cuando quiero aprender cosas nuevas de Cinema 4D, por ejemplo. Decidí que la mejor solución era hacer videotutoriales bien organizados por semanas y dedicar las horas de clase para hacer tutorías online y resolver dudas. 

Para ello he tenido que aprender a usar dos herramientas nuevas que nunca viene mal:  Teams y ScreenFlow.

Captura de Screenflow

La primera ha funcionado medianamente bien a pesar de pertenecer a una compañía de la que prefiero no hablar. Lo digo porque salté al lado rebelde en 1981 gracias a un Apple II Europlus que aún conservo y espero seguir en ese bando muchos años…

ScreenFlow ha supuesto todo un descubrimiento y una agradable sorpresa, teniendo en cuenta que no dispongo de la última versión.

Hace un par de años compramos varias licencias de ScreenFlow para complementar nuestros apuntes con videotutoriales y hasta ahora no me había lanzado a usarla.

Puede parecer una tontería pero cuando estoy ante una clase de 40 alumnos me muevo como pez en el agua, en cambio enfrentarme a la cámara integrada de mi Mac me suponía un cierto rechazo mental…

Superada la pereza inicial y hecho el ánimo, he creado 42 videotutoriales sobre técnicas geométricas y artísticas de Illustrator.

No tengo ni la voz ni el carisma de Nick Campbell (Greyscale Gorilla) pero el resultado final ha sido aceptable y los alumnos se han podido aclarar y poder realizar las tareas encomendadas.

Me ha gustado mucho cómo funciona ScreenFlow y todas las utilidades que incorpora para editar las grabaciones. 

Como la mayoría de vídeos superaban los 100 MB, límite de la plataforma educativa, he optado por enviarlos por WeTransfer. Problema: que los despistados no se enteran de que los enlaces caducan a los siete días y toca reenviarlos varias veces.

Respecto a las tutorías por Teams para resolver dudas, también tienen su lado curioso.

La inmensa mayoría de alumnos no conectan la cámara, motivo por el cual deduzco que se encuentran en pijama, chándal o vaya usted a saber…También hay gente que entra simplemente para hablar y ver qué se cuenta en la clase. En el fondo, se trata de la necesidad de tener relaciones humanas, aunque sea a distancia.

Este periodo virtual también ha servido para ver algunas carencias y dificultades en los ordenadores de los alumnos: malas conexiones a Internet, poca memoria en los PCs, y sólo un Mac que se volvía loco porque el disco duro estaba casi lleno.

Hasta aquí, mi experiencia docente en esta etapa vital tan extraña.

Durante Mayo seguiré con esta dinámica, animado por tres pensamientos: que pese al confinamiento, nuestros alumnos no han estado solos y han seguido aprendiendo Illustrator, que en verano me pueda reencontrar con el Mediterráneo y que en Septiembre Dios quiera que vuelva todo a la normalidad… ¡que pueda seguir impartiendo mis clases de manera presencial, que para mi son media vida!

De cara al futuro…

SI Dios quiere, empezaremos el curso de forma presencial.

Los videotutoriales pueden ser un buen compañero de viaje para los apuntes tradicionales y que sirvan a los alumnos como fuente de repaso fuera de las horas de clase presenciales.

Personalmente he mejorado al conocer nuevas herramientas y vencer la pereza a los videotutoriales.

Está claro que la formación online cada vez se impondrá más, pero a mi no me gusta, soy de la vieja escuela…

¡Un cordial saludo!

José María Lajara Romance.

Profesor en el Grado en Diseño Multimedia

Universidad Católica de Valencia (UCV)

jlajara@ucv.es

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