La competencia feroz por llegar al consumidor a través de nuevos canales de comunicacion ha hecho que surjan nuevas técnicas de marketing para apelar al interés del cliente potencial.

Estas nuevas técnicas han dado lugar al surgimiento de agencias especializadas como Nacvi que permiten a las empresas comprar seguidores por internet.

Sin embargo, antes de tomar un actitud crítica hacia esta práctica de comprar seguidores Instagram, hay que entender el medio y el soporte.

El medio: internet

Las redes sociales pasivas, en contra de lo que su nombre pudiera sugerir, se basan grandemente en el anonimato. Es decir, en que la grasa mayoría de los seguidores o fans de una marca, producto o empresa, no tienen ninguna relación entre ellos, ni se conocen ni tiene forma de conectar unos con otros (sería justo decir que, probablemente, tampoco les interesa).

Apenas los comentarios es la limitada expresión que se permite entre los seguidores de una marca, pero son prácticamente inexistentes las redes sociales creadas para que los seguidores interactúen entre ellos. No está en el interés de los Community Manager que los usuarios tomen “conciencia de clase”.

Incluso las grandes marcas que organizan eventos o los patrocinan, lo hacen de manera independiente a sus redes sociales, aunque luego las utilicen para amplificar su éxito.

Así que aquel seguidor que se aventura en redes sociales como Instagram, Facebook, Twitter para estar al día de las actividades que esa marca, producto o empresa comunica, lo hace a título individual, sin ningún afán gregario.

El soporte: Instagram, Facebook, Twitter,…

Los consumidores quiere saber qué hacen sus marcas favoritas (y como marcas incluimos también a personas que tienen capacidad para influir en el consumo), y estas redes sociales son formas de comunicarse directamente con ellos, sin tener que esperar a un reportaje en televisión, a una entrevista en una revista, o a encontrarlos en una feria o congreso para conocer las novedades.

Internet ha permitido que las marcas se comuniquen con nosotros directamente, haciéndonos sentir “importantes”, aunque sólo sea una ilusión producida porque las comunicaciones llegan directamente a nuestro dispositivo.

Antes de la llegada de internet, los grupos musicales que tenían Club de fans, emitían periódicamente un  boletín contando las actividades de los integrantes del grupo, que se enviaba por correo postal a todo el mundo.

Al igual que entonces, el consumo en las redes sociales es mayoritariamente pasivo. El usuario de Instagram descarta o aprieta a Me gusta a razón de decenas de imágenes por minuto, sin pararse a pensar demasiado en ello, y desde luego sin esperar ninguna respuesta a sus acciones. 

Sólo unos pocos se toman la molestia de comentar o de sugerir, y muchas veces la interacción está promovida por alguna experiencia negativa.

¿Quién sigue a quien no tiene seguidores?

Si a mi me interesa una marca que acaba de salir, y me identifico con sus valores, su estética, sus productos, etc. y al llegar a su página de Instagram descubro que tiene 19 seguidores, ¿qué impresión recibiré? ¿Que es un éxito o que es un fracaso?

En cambio, la misma marca, con los mismos productos, que acabo de descubrir, lo busco en Instagram y descubro que ya tiene 19.000 seguidores. Sin duda tengo buen gusto, y la marca es un éxito, ¡fíjate cuántos seguidores!

Eso hará que me sienta más inclinado a hablar de esa marca que tanto me gusta, porque me siento respaldado por un montón de gente que piensa como yo.

Para una marca que empieza tener muchos seguidores en las redes sociales puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso, y por tanto, desde el punto de vista de la empresa poco importa que sean usuarios reales o “comprados”.

Con el tiempo los falsos seguidores serán minoría y los seguidores reales marcarán el triunfo del producto.

Porque lo importante es que el producto sea auténtico. Ahí si que no se puede falsear la realidad. 

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