Puede que la cara sea el espejo del alma, pero los malos no tienen alma, y pueden rastrear nuestras idas y venidas a través de las innumerables cámaras que nos filman por todas partes.

Estamos hablando estos días con frecuencia de los problemas de seguridad que nos acechan, y de cómo estamos desvalidos ante la inoperancia de nuestros legisladores, que -consciente o inconscientemente, ambas posibilidades son terroríficas- ignoran absurdamente lo que ocurre a su alrededor mientras siguen jugando su particular juego de “tú la llevas”.

Mientras tanto, parafraseando una línea recurrente en libros y películas “el mal no descansa” y nuestras pequeñas defensas no sirven para detener el alud de amenazas que nos rodean.

Todos hemos dado la bienvenida a FaceID, el método más rápido y seguro de proteger nuestros dispositivos, a partir de una serie de cámaras y sensores capaces de detectar nuestra fisonomía y rechazar aquellas que no concuerdan.

Incluso si intentas desbloquear el dispositivo con la cara apoyada en la mano, o mientras colocas un labio sobre otro, es probable que la identificación falle.

Sin embargo, es posible que no te hayas parado a pensar que esa misma tecnología está disponible para usos menos inocentes que proteger tus dispositivos.

Bases de datos de caras

La situación no es nueva. Desde 2006, Microsoft creó y mantuvo una base de datos, llamada MSCeleb, con más de 10 millones de caras de 100.000 personas, que era accesible públicamente y que se utilizaba para entrenar robots de Inteligencia Artificial.

Tan sólo el mes pasado Microsoft borró esa base de datos “preocupada por la privacidad”. Tal como lo oyes.

Actualización 1: aunque Microsoft ha dejado de hospedar esa base de datos fotográfica, ésta sigue disponible en diferentes sitios para su descarga. Si visitas esta página web de Azure verás el software de reconocimiento facial de Microsoft.

La universidad de Stanford, en 2014, fundó el proyecto “Brainwash”, y creó una base de datos de más de 10.000 caras en tres días, que luego compartió con otros investigadores, tanto de instituciones públicas como privadas, tanto americanas como chinas.

Actualización 2: la base de datos fotográfica de Flickr (100 millones de fotos) también ha sido usada por investigadores de IBM y otros)

Como puedes ver, llevamos muchos años siendo carne de estudio para que se nos pueda reconocer allá donde aparezcamos.

Sobre la base de datos de Facebook o Google prefiero no extenderme, ni sobre su (falta de) respeto a la privacidad, y ya deberías saber que participando renuncias a todo.

Por supuesto, las policías de todo el mundo ya utilizan software de reconocimiento facial para identificar sospechosos, mediante la comparación con sus bases de datos de las imágenes que llegan de los sistemas de vigilancia.

Farolas

Hace poco nos hacíamos eco de un artículo de Iluminet en el que se presentaban unas farolas (o postes de luz) “inteligentes” que es la manera que tienen en marketing para decir que están -o pueden estar equipados- con todo tipo de servicios para el rastreo eficaz de los ciudadanos.

Por supuesto, las empresas fabricantes dirán que eso no es así, y que sus intenciones son nobles. Pero ¿cómo podrán prevenir que sus sistemas sean hackeados? ¿o evitar que las cámaras sean sustituidas por otras controladas por terceros? ¿O que las señales wifi reenvíen todo lo que pase por ellas a otro servidor?

La “ciudad conectada” como se le quiere llamar, es una metáfora de la “ciudad espía”, donde tanto nosotros como nuestras actividades están controladas a todas horas.

Circuitos cerrados de seguridad

Cuando abandonas el espacio público y entras en un edificio, parking, puede que incluso una sala de conciertos o teatro, un supermercado, etc. el sistema de vigilancia por vídeo sigue grabando tus idas y venidas.

El sistema de reconocimiento facial puede seguirte y tomar nota de lo que compras, con quién hablas e incluso escuchar la conversación que tienes.

En cuanto sales del recinto, vuelven a conectar con las cámaras públicas… y que siga el espectáculo.

Apps

Estamos hablando de la utilización maliciosa de tecnología que está pensada para otro propósito, y que en nuestra cabeza no se nos ocurriría imaginar que todas esas líneas se conectaran.

Es posible que en tu teléfono tengas apps que utilizan el reconocimiento facial de una u otra forma.

Desde las que se conectan a internet para enviar tu cara y poder transformarla (como la divertida FaceApp) hasta las que se utilizan para conocer gente (como Hot or not, Tinder, o incluso las específicas para buscar pareja como Meetic, etc.)

En todos esos casos estás entregando tu cara, completamente identificada -en los casos de las apps “amorosas” incluso con dirección y gustos personales- a terceras empresas que, aunque te den el servicio que dicen, pueden tener otra línea de negocio muy lucrativa revendiendo sus bases de datos de caras, que se integrará en los robots en la nube y que permitirá que vayas donde vayas, estés en el país que estés, una máquina sabrá al instante que tú eres tú.

Deep fake

Desgraciadamente, la cosa no acaba ahí. No se trata sólo de que sepan dónde estamos o lo que hacemos. 

La tecnología está llegando a un punto en el que podemos estar donde no estuvimos y hacer lo que no hicimos, por decirlo de alguna manera.

Te presento Deep Fakes, la nueva tendencia que permite incrustar la cara de una persona en el cuerpo de otra de manera completamente natural.

Si tienes una edad, probablemente te acuerdas del Morphing, una diversión tecnológica que salió hace un par de décadas y que permitía que una foto se fusionara con la siguiente de manera suave y orgánica.

Hace poco te mostrábamos cómo la Inteligencia artificial había conseguido, a partir de imágenes de personas reales, imaginar cómo sería la modelo que sirvió a Leonardo para pintar la Mona Lisa, en la vida real.

Divertido, en cierto sentido, escalofriante, cuando piensas que dentro de poco dejará de ser una prueba de laboratorio y podrá aplicarse a cualquier… aunque tenga la boca cerrada.

La tecnología podrá hacer que digas lo que nunca dijiste, que parezca que has cometido un delito que no cometiste o que entrabas en un hotel con alguien a quien nunca conociste.

Y demostrar que es falso requerirá un profundo análisis forense -y muy costoso- que aporte pruebas de que la filmación es un montaje.

Si quieres, puedes verlo desde la otra parte: los malos podrán eliminar sus caras sustituyéndolas por gente aleatoria (por ejemplo la tuya) de manera que ellos nunca estuvieron allí. Y tú si.

Está claro que para gente insignificante como tú y como yo este tipo de cosas nunca serán un problema, porque ¿quién podría tener interés en tendernos una emboscada tecnológica de esta magnitud? Y nos limitaremos a ver esto en argumentos de películas o tal vez a algún político al que dos policías arrastran hacia un calabozo mientras grita “¡Soy inocente! ¡Soy inocente! ¡Tienen que creerme!”

Es un futuro fascinante, pero también terrorífico, que necesitaría autenticos expertos en tecnología sentados en la mesa de los legisladores para explicarles por dónde van a ir los tiros, antes de que la tecnología se los lleve por delante.

Seguiremos informando 

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