Pocas veces una llamada me ha hecho tanta ilusión. No sólo la promesa de ser útil sino la realidad de que la aplicación Be my Eyes funciona y se utiliza. Así fue la experiencia.

Hace tres meses os comentábamos de la existencia de la app Be My Eyes, una aplicación que conecta a discapacitados visuales con otros usuarios (voluntarios videntes) para que les “presten sus ojos” y les describan, a través de la cámara del teléfono, lo que necesiten saber.

Como en tantas ocasiones, pensaba que darme de alta en el servicio nunca redundaría en nada práctico.

“Estas cosas sólo triunfan en Estados Unidos o en Europa” pensaba. “Aquí somos demasiado “nuestros” como para utilizar la tecnología de una forma confiada.”

Sólo por las estadísticas que ofrece la app podía ver que seríamos muchos más los que querríamos ayudar que los que querrían ser ayudados.

Así que seguí con mi vida sin pensar demasiado en ello.

Y hace unos días, andaba yo distraídamente haciendo algo poco importante en el iPhone cuando un mensaje ocupó la pantalla. Me quedé tan en shock que no recuerdo exactamente lo que decía, así que lo parafraseo:

Tiene una llamada a través de Be My Eyes. ¿Desea atenderla?

Nervioso, excitado, curioso… todos los sentimientos se acumulaban mientras aceptaba la llamada.

¿Estaría a la altura? ¿Qué diantres me preguntarían? Decenas de preguntas que pasaban a toda velocidad por mi mente en los escasos segundos que se tardó en establecer la comunicación.

La llamada a través de la app Be My Eyes

Mi interlocutor, Juan Antonio, es un andaluz que necesitaba ayuda para identificar si unas luces de carga de batería parpadeaban (es decir, si la batería cargaba) y en qué nivel de carga se encontraba.


Acabé enviándole por email un enlace a iFixit con una guía para cambiar el altavoz derecho de su MacBook Pro, y apenas publique este artículo le mandaré el enlace para que sepa que todo el mundo puede leer.

La aplicación permite (en un detalle que me parece muy ingenioso) que el usuario que ayuda pueda encender y apagar el flash del teléfono del llamante para poder ver mejor lo que se tiene delante, según se requiera.

Nos extendimos hablando sobre tecnología, audio (aunque tiene productos de Apple se confiesa más de Android) y luego sobre el estado de Be My Eyes en España.

Me comenta entre extrañado y sorprendido que la ONCE no haya hecho ningún tipo de promoción de semejante aplicación para que se popularice, y yo le respondo que seguro que están desarrollando la suya propia para que “todo quede en casa” y nadie se salga del redil.

En total casi cuarenta y cinco minutos de conversación, trascendiendo la mera ayuda y conociéndonos mejor, dos personas a quinientos quilómetros de distancia conectados por la tecnología.

Cuando dí la noticia de la existencia de la app Be My Eyes, hace tres meses, había 103.847 invidentes apuntados. Cuando atendí la llamada, hace un par de semanas, la app me dice que tienen 111.444 invidentes dados de alta. Con respecto a los voluntarios videntes, hace tres meses había 1.787.945 y hace quince días había 1.869.994.

No cabe duda que la app Be My Eyes está extendiendo por todo el mundo en uso y popularidad, lo cual me hace extremadamente feliz.

No sé si en su día te diste de alta en la aplicación, pero hoy -nuevamente- te invito a que lo hagas. El día que recibas una llamada a través de Be My Eyes te irás a la cama con la certeza de que ha merecido la pena estar ahí.

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