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El fracaso de las iniciativas de ordenadores para países en desarrollo (OLPC), por Audrey Watters

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“25 millones de portátiles después,” destaca Mashable, “One Laptop Per Child no mejora las notas en los exámenes”. “Mensaje de error,” dice el titular de The Economist: “Un decepcionante retorno de la inversión en ordenadores”.

El denominador común de todas estas historias parece un gigantesco “¡Te pillé!” a las tecnologías educativas: es muy atractivo, pero no ofrece ganancias medibles en “mejoras de estudiante”. Así que aunque el proyecto OLPC (One Laptop Per Child – Un ordenador para cada niño) puede haber sido una buena idea, según se están desarrollando las cosas, no es una buena inversión.

One Laptop Per Child fue una buena idea, noble y ambiciosa. Presentada originalmente en 2006, OLPC pretendía fabricar un portátil barato que pudiera venderse a gobiernos de países en desarrollo y que llegara a los niños de esos países a través de sus respectivos ministerios de educación. Más fácil decirlo que hacerlo. En los pasados seis años, el OLPC ha estado mareando la pediz de las especificaciones de hardware y software, fabricando finalmente un portátil (y ahora un tablet) que cuesta 200$ (el doble del precio prometido originalmente).

Mientras tanto, gran parte del mundo en desarrollo ha experimentado su propia revolución en computación móvil. Ya hay varios fabricantes trabajando en dispositivos de bajo coste para ese mercado. Está el Classmate PC de Intel, por ejemplo (con un hardware similar, pero con software más caro que su primo OLPC); está el proyecto Worldreader (envía a los pueblos una bilbioteca llena de ebooks usando Kindles); y está también el tristemente famoso tablet Aakash (que se vendió en India por 35$ pero su fiabilidad y funcionalidad están claramente en entredicho).

Probablemente más importante que la competencia que tiene OLPC de esos tablets y netbooks de bajo coste es lo siguiente: el 95% de la población mundial ya tiene teléfono móvil. Por supuesto, un teléfono “tonto” no es lo mismo que un portátil. Uno tiene SMS, el otro, línea de comandos. Sin embargo, la ubicuidad del teléfono móvil deja claro que la proposición de valor del dispositivo OLPC tiene que ser algo más que simplemente “acceso” y “conectividad”.

La misión de la organización sin ánimo de lucro siempre apuntó a algo más amplio, de mayor alcance: One Laptop per Child significaba poder hacer cosas, implicación y educación:

Queremos entregar a cada niño un  portátil conectado, resistente, de bajo coste y de bajo consumo. Para ello, hemos diseñado hardware, contenidos y software para un aprendizaje colaborativo, divertido y que no necesite ayuda de otros. Con el acceso a este tipo de herramienta, los niños se implicarán en su propia educación, y aprenden, comparten y crean juntos. Se conectan unos a otros, al mundo y a un futuro más esperanzador.

Nada se dice ahí de mejorar las puntuaciones en exámenes, como puedes ver. No se habla de “metas de estudio”. “La mejor preparación para los niños” según la web de OLPC no es la preparación de exámenes. Es “desarrollar la pasión por aprender y la capacidad de aprender cómo aprender”.

Las pruebas estandarizadas de puntuación en matemáticas y lengua no reflejan “la capacidad de aprender cómo aprender”, ni siquiera lo pretenden. Pero aún así nos fijamos en las puntuaciones que obtienen. Hay que señalar aquí que el estudio que ha provocado los titulares mencionados al principio sobre el decepcionante resultado en los exámenes de OLPC (que ha sido realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo usando los datos recogidos en 300 escuelas primarias en el Perú rural) sí que encontró algunas mejoras en las capacidades cognitivas de los estudiantes (algo comprendido en “la capacidad de aprender cómo aprender”).

El estudio asocia ese aumento en las capacidades cognitivas al “aumento de la interacción con la tecnología. Saca tus propias conclusiones. El estudio tambien descubrió que tener acceso a ordenadores aumenta el acceso a ordenadores. Ya, es el momento de preguntarse si hace falta un estudio para eso…

El estudio también señala otras cosas, y se pregunta “¿Podría una adherencia más estricta a los principios del OLPC haber obtenido mejores resultados académicos?” Muchos estudiantes no podían llevarse los ordenadores a casa. El acceso a internet era “prácticamente inexistente”. Sólo el 70% de los profesores tuvieron un curso de capacitación de 40 horas antes de que se les diera el ordenador a los niños.

Ese último eslabón (perdido): formación para los profesores, ha sido algo que habitualmente se pasa por encima cuando se trata de iniciativas de educación tecnológica, sin importar dónde sea, Perú, los EE.UU. o España. Es casi como si creyéramos que simplemente dejando caer la tecnología con paracaídas en un aula todo el mundo la acogerá, la comprenderá, la utilizará, la personalizará y prosperará.

Oh, vale. OLPC ha hecho justamente eso, al estilo “Los dioses deben estar locos“, y los tablets se dejaban caer, literalmente, en los pueblos desde helicópteros. También es cierto, no todo el mundo ha recibido su dispositivo de esa manera, pero OLPC siempre ha sido más del tipo “me lavo las manos” cuando se trata de realizar esfuerzos de formación. Es uno de las principales críticas que la organización ha experimentado (jutno con las críticas sobre precio, hardware, software, y sostenibilidad medioambiental).

Por su parte, Nicholas Negroponte, la cabeza de la fundación OLPC, frecuentemente señala el trabajo de Sugata Mitra y el proyecto “Hole in the Wall” como inspiración — la creencia de que los niños pueden aprender (y enseñarse unos a otros) por sus propios medios. Los niños son inquisitivos por naturaleza, son ingeniosos. Sólo necesita acceso a un dispositivo conectado a internet. “Ya se apañarán ellos solos” para aprender a usarlo.

Es parte de lo que Mitra y Negroponte llaman “educación mínimamente invasiva“. Considerando que los sistemas de educación en los países en desarrollo han sido heredados de la era colonial, evitar la “invasión” parece profundamente importante.

Sin embargo, parece mantenerse una extraña tensión entre lanzar una “solución” tecnológica occidental e insistir en que “no es invasivo”. Bien hecho, el OLPC representa un deseo de soportar la alfabetización, la conectividad y el aprendizaje a través de la tecnología. Pero quiere hacerlo en un mundo poblado de teléfonos móviles, que tampoco han transformado la educación por su propia presencia. En su esfuerzo por “no ser invasivo”, el OLPC acaba siendo no comprometido -no comprometido con la tecnología, con los profesores y no comprometido con los alumnos.

No parece que fijarse en pruebas de puntuación estándar sea la medida adecuada para decidir sobre el éxito o el fracaso del proyecto OLPC. Va contra el corazón de su misión. Pero de nuevo, esas mediciones son políticas, no necesariamente pedagógicas. Y estas puntuaciones muestran el alcance global no sólo de la tecnología, sino de las narrativas dominantes del sistema de educación: “lo que cuenta” como aprendizaje, y “lo que cuenta” en términos del papel de educación técnológica a la hora de entregarla o facilitarla. 

Un artículo de Audrey Watters, bajo CC

Fotos: OLPC

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