El brazo derecho de Jonathan Kuniholm termina en una manga de fibra de carbono que arrastra cables conectados con un PC. No tiene mano derecha.
La mano de gráficos computerizados, programada para parecer acero inoxidable plateado, se mueve por secuencia de movimientos: asimiento esférico, asimiento cilíndrico, pulgar al índice, todos en respuesta a señales de los músculos de Kuniholm recogidos por electrodos en la manga.
Kuniholm y sus ingenieros asociados en el Laboratorio de Física Aplicada (APL) de la Universidad Johns Hopkins, están trabajando en el proyecto de prótesis más ambicioso de la historia. Buscan el santo grial del terreno, para construir un brazo humano artificial que actúa, parece y siente a su usuario como su brazo natural, y hacerlo con asombrosa velocidad hacia finales de 2009.
Para llegar de aquí allí, tendrán que conseguir importantes logros en sistemas de control neurológico y robótica. Pero tienen una tarea más inmediata, que debe integrar el siguiente prototipo, llamado Proto 2, a tiempo para que Kuniholm lo muestre esta semana en el XXV Simposio de Sistemas y Tecnología Darpa (Defense Advanced Research Projects Agency – Agencia de proyectos de desarrollo para Defensa) en Anaheim, California.
Darpa ha pedido ayuda a ingenieros de 28 compañías e instituciones de investigación en seis países. Todo llega junto a este taller, donde los ingenieros de APL procuran integrar software de reconocimiento de modelos, chips hechos a la medida, motores eléctricos y otros sistemas de operación en un todo sin costuras que un usuario puede ponerse por la mañana y usar para llevar a cabo tareas diarias como atarse los zapatos, mecanografiar, lanzar una pelota, incluso tocar el piano, con apenas un pensamiento.
Fuente: Wired