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Cosas veredes

Hay autores que escriben desde el dolor, desde la memoria, el rencor, el amor o la distancia. Yo hoy estoy escribiendo con un bolígrafo. Sí, no lo tomen a broma, es una experiencia nueva para mí, una exploración consciente de las posibilidades de ese antiguo sistema de escritura, un estudio sobre su influencia en la inspiración artística. Decía en un artículo anterior que los objetos nos delimitan, nos definen, amueblan nuestra vida, y además, influyen en nuestra forma de hacer las cosas. Pues bien, yo creo, además, que también determinan el sesgo estético de ciertas actividades, como la escritura, o la pintura, o la escultura, o, o…

Está bien, lo admito: se trata de algo puramente circunstancial. La superdrive de mi powerbook ha vuelto a cascarse, y ahora duerme en el servicio técnico el mefítico sueño de los cables arrancados. ¡Dios! Tengo pocas alternativas: cabrearme otra vez, quemar K-tuin, escribir una carta a Apple poniéndoles a parir, bombardear Cupertino, presentar una demanda en los juzgados, o, o… o sentarme en el añorado sillón voltaire y explorar los recovecos de mi yo, el ectoplasma que hasta hace poco pendía de un teclado, y que ahora debe colgar al extremo del bolígrafo, como una especie de moco.

Así que me resigno, respiro profundamente y razono que hasta ahora había considerado que mi yo literario era una prolongación del mac, otro periférico en la misma categoría que las impresoras, los discos duros FireWire o las webcams, algo que comenzaba a funcionar cuando encendía el portátil, ya saben: “inicializando, esperando network inicialization”, hasta que por fin, voilá, llegaba la voz, lista para escupir palabras en el procesador de textos. Me aterraba la idea de quedarme sin él, porque tenía la impresión de que no sería capaz de escribir con la misma fuerza, plástica y estética. El estilo, la pulsión artística, es algo sumamente difícil de conseguir, un o al que sólo se accede después de muchos años de práctica minuciosa, rutinas diarias de soledad, ejercicios de imitación, primero, de búsqueda más tarde, y de confirmación y consolidación al fin. Decía Truman Capote que “primero tuve que aprender a escribir, luego a escribir bien, después a escribir maravillosamente, y, por último, descubrí que más allá de todo eso estaba el genio”. Más, ¡ay!, como sentenciaba Somerset Maugham parafraseando una cita bíblica, son muchos los llamados, pero pocos los elegidos.

Así que cuando ya creía estar en el camino de Swann –es un decir- descubro que todo parece estar ligado a un puñetero cacharro. Me quitan el Mac por unos días y siento la inseguridad, el miedo, el pánico escénico, temo que los avances que había logrado a base de leer hasta la ceguera y escribir todos los días varias horas durante casi veinte años, desaparecen, se retiran como el agua del mar tras una ola. El equilibrio de un escritor es algo muy delicado, y se basa en las cosas más absurdas y estúpidas. Umbral sigue tecleando en la misma máquina carpetovetónica de cuando empezó, Bryce Echenique necesita sentarse en el citado sillón voltaire, hay quien requiere el absoluto silencio de una torre de marfil y otros, en cambio, como Hemingway, precisan estimular su adrenalina con experiencias fuera de lo común, guerras olvidadas, pesca de tiburones a mar abierto, boxeo o, como en el caso de Bukowski, Capote y tantísimos otros, alcohol y drogas. Así que, ¿qué tendría de extraño que yo cimentase mi equilibrio en un ordenador concreto? Recuerdo que cuando publiqué hace cinco años mi primera novela, recibí muchísimos testimonios al respecto, e-mails de gente que manifestaba su interés y me felicitaba, pero yo no las tenía todas conmigo, porque en aquella obrita de 150 páginas aún no había conseguido plasmar mi voz, y lo que se podía leer allí era un cúmulo de torpes imitaciones de los autores que entonces me gustaban: Martín Amis, Paul Auster, Tom Wolfe, Carver y el mencionado Bukowski, por citar algunos. No tenía claro si me sentía o no orgulloso, y justo cuando más fuerte arreciaba el ataque de inseguridad, llega Jordi Sabaté, un colega que acababa de publicar en la misma editorial y me suelta como quien no quiere la cosa:

– Eh, sí, está bien tu novela, un poco superficial y ligera, pero eso es lo que pretendías, ¿no?

Fue peor que una puñalada. ¿Superficial? ¿Ligera? ¿Y en qué se basaba para suponer que eso era lo que pretendía? En fin, que me tragué mi orgullo y las ganas de estrangularle, y continué con mis rutinas, escribiendo a diario, tomando té, cultivando aquellas costumbres que me ayudaban a enfrentarme a la hoja en blanco, e intentando ser cada vez menos superficial y ligero.

Y ahora, volvamos al punto donde dejé al bolígrafo. Es cierto que el arte es independiente del instrumento que se utilice, y que para escribir las únicas materias primas disponibles son el lenguaje, la memoria y la imaginación, pero también es verdad que sólo han pasado unas horas y ya echo de menos mis pequeñas ceremonias, sentarme con el portátil en las rodillas, encenderlo, contemplar el fondo de escritorio que correspondiese esta semana –tengo cientos- y trastear un rato con mis archivos antes de comenzar a escribir, qué se yo, hacer uno de esos mantenimientos del sistema con nombres crípticos (reparaciones de permisos, fsck, borrado de cachés), reorganizar mis relatos y artículos o ver unos minutos de alguna de las películas que guardo en el disco duro. Cada vez que me falta el Mac tengo que pasar un breve período de deshabituación, un suave desenganche, y me siento tentado de dejarme arrebatar por la ira, llamar por teléfono a K-tuin y escupirles mi cabreo, gritar, morder… Pero no estoy para excesos: el alejamiento consciente y deliberado de las adicciones, sean estas fuertes o no, te sumerge en un estado de alucinación, nerviosismo y abatimiento, una ligera y onírica narcolepsia, casi un sonambulismo breve. Precisamente ayer, como si de alguna manera mi subconsciente pretendiese unificar esfuerzos, decidí dejar la cafeína, y ahora mismo, a las nueve de la mañana, me siento extraño, somnoliento, ciclotímico y algo deprimido, y recuerdo los incontrolables deseos de dormir que me dominaban hace muchísimos años, cuando aún no tomaba café y mi madre me levantaba para ir al colegio, y, desde el balcón de casa, mientras ella me preparaba el desayuno, veía aún sin despertar del todo la agitación de la calle, los coches, el ruido de Chamberí, un mundo peligroso que me espantaba y al mismo tiempo me atraía, un entorno lleno de amenazas inciertas y de promesas.

Elucubraciones literarias aparte, lo cierto es que estos cacharros que nos gustan tanto tienen un índice de fallos que no resulta admisible en un ordenador tan caro. Creo que los maqueros debemos ser un poco masocas, porque volvemos a caer una y otra vez, y hoy, cuando regresaba de dejar mi portátil en el servicio técnico, he cogido la revista de la tienda y pasado un rato ojeando las últimas novedades (y que conste que esto no se lo cuento a mi mujer, porque me tomaría por loco). Supongo que la solución pasaría por organizarnos para presionar de algún modo a esta empresa que vive de la fidelidad de clientes como nosotros. Lo supongo sí, pero ¿es imposible? Cosas veredes, amigo Sancho…

Antonio López del Moral

3 Comments

  1. Anónimo

    Creo que concuerdo en muchos aspectos contigo, ya que cuando llego mi ansiado powerbook de 15”, (que espere casi tres meses.) me di cuenta de que tenia un píxel muerto en la pantalla; por supuesto que llame a la brevedad a mi distribuidor, quienes con toda tranquilidad me contaron que la empresa que fabrica las pantallas para los powerbook’s, tienen un rango de error de 5 pixeles muertos por pantalla que entregan.

    Fue en ese momento en el cual me sentí agraciado de poseer solo uno.

  2. Anónimo

    Lo de las pantallas se soluciona probandolas antes, es el unico modo (ante cualquier proveedor o venta online) de asegurarte que tu pantalla este libre de defectos por lo menos en el momento de la compra. Yo nunca comparia ningun TFT/Imac TFT online o en algun lugar por barato que fuese que no pudiera instalar el sistema en el mismo comercio y comprobar su estado. Es una Ley de Oro.

    http://www.aviadordro.com o Muerte!

  3. alfonsodiaz

    La primera vez que lo leí me gusto mucho ahora después de 9 años me a encantado, Gracias Faq-Maq por seguir y seguir y seguir, con la calidad y sin renunciar a ser lo que son.

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