Una Semana con el iPod III

Con un fin de semana por el medio, el iPod no va a ir a los bares y las discotecas … pero vale el iPod para trabajar en los bares y discotecas?.

El iPod cumple con creces una de las necesidades de un DJ. Poco espacio y mucho volumen de canciones, pero falla en algunos aspectos de tipo profesional.

Hay varios tipos de DJ´s. El iPod funciona perfectamente para ser usado como una segunda/tercera fuente de sonido para aquellos que no se complican técnicamente en el cambio entre canciones. De hecho, el uso de un iPod para cierto tipos de DJ´s que basan su sesión en la selección sin artificios técnicos es perfecto, ya que permite una rápida localización del material a lanzar.

Sin embargo (y pese a los rumores de que Apple podría lanzar una unidad profesionalizada) el iPod tal como está ahora no sirve a nivel profesional ya que no dispone de pitch para ajustar la velocidad de reproducción y hacer coincidir el ritmo de ambas canciones. Sin embargo el iPod, frente a otros reproductores de audio tiene una gran ventaja que en el futuro, si Apple realmente desarrolla esa unidad profesional, tiene mucho que decir: la rueda de selección.

Durante muchos años el estándar de uso en las discotecas y por los DJ´s profesionales ha sido el vinilo, una lámina plástica con unos microsurcos grabados. De hecho, y pese a que de las tiendas al público han desaparecido los vinilos, los usuarios profesionales aun los usan y en las tiendas del ramo aún hay a la venta.

El uso de discos de vinilo requiere el uso de un giradiscos, claro. El primer estándar del mercado (hablamos de los años 70) fue el Lenco, un plato duro y de mecánica sencilla (usaba como variador de velocidad un elemento de plástico tronco – cónico) que se montaba directamente sobre un agujero en la mesa encima de 4 muelles soldados en la parte inferior del plato, y que usaba un curioso sistema de equilibrado del brazo basado en un hilo con un peso.

El siguiente estándar fue mucho más desarrollado y vino de Technics, y su modelo SL 1200 MKII y 1210. Estos giradiscos se crearon con el DJ en mente y su uso ha sido, y es aún pese al asalto de dispositivos digitales, tan amplio que es muy difícil ir a un bar o discoteca de prestigio y no encontrárselos. Su dureza, diseño, precisión, excelente arranque lo situaban en el tramo medio superior como la selección adecuada para las discotecas. Incluso esa omnipresencia generó frases entre los DJ que lo mencionaban: «es más inutil que las gomas del Technics» se usaba a menudo para designar a un DJ con pocas capacidades.

Bueno, y que tiene que ver un Technics con el iPod?. Pues la rueda. Ningún otro reproductor de audio del segmento del iPod puede estar tan preparado para que una vez minimamente modificado (software) sea capaz de no emular perfectamente al estándar de hace años, pero si de ofrecer un funcionamiento y comportamiento similar.

¿Y porqué?. Veamos: en el clásico proceso de poner un disco de vinilo se realizan los siguientes pasos:

– Selección del disco en cuestión

– Selección de la velocidad

– Selección del punto de inserción (allí donde se va a «soltar» la canción)

– Ajuste de la velocidad correspondiente con el pitch

– vuelta al punto de inserción

– lanzamiento del disco, ajustes y correcciones sobre la marcha de la velocidad hasta terminar la mezcla.

La rueda del iPod, dentro de sus evidentes limitaciones (no es capaz de ofrecer «resistencia») esta casi pensada para ofrecer un comportamiento similar al giro de un «plato».

Así los puntos anteriores se corresponden de la siguiente manera (en negrita los pasos a realizar en el iPod):

– Selección del disco en cuestión – navegación en la biblioteca del iPod hasta la localización.

– Selección de la velocidad – No necesario en el reproductor.

– Cambio de Modo de la rueda de modo navegación a modo edición.

– Selección del punto de inserción (allí donde se va a «soltar» la canción) – uso de la rueda de manera similar al uso de un giradiscos para la localización de un punto de inserción.

– Ajuste de la velocidad correspondiente con el pitch – cambio de modo y uso de la rueda como pitch.

– vuelta al punto de inserción

– lanzamiento del disco, ajustes y correcciones sobre la marcha de la velocidad hasta terminar la mezcla. – uso combinado de modos para controlar el pitch y pegar los clásicos «empujones» al giradiscos para cuadrar los ritmo en mezcla.

Lo excepcional de este asunto es que todo eso que se podría hacer con el iPod se podría hacer por software, convirtiendo la unidad en una interesante mix-box con capacidades más que suficientes (una vez acostumbrado al tacto del aparato) para realizar mezclas más que dignas.

Antes de finalizar el artículo de hoy, un link acerca de cascos de audio que dejé en los comentarios del artículo del viernes:

He encontrado estos interesantes cascos de la marca Shure que permiten ajustar su tamaño en función del tamaño del hueco de la oreja, resultando menos dolosos que los habituales cascos de botón. Esto cascos son la Serie E de Shure, que disponen de «almohadillas» de varios tamaños que se adaptan perfectamente al tamaño de las orejas de sus usuarios. Sus precios varían entre los 99$ para la Serie E2c y los 499$ para los excelentes E5c.