Muchas veces estamos tan inmersos en los pequeños momentos gloriosos que nos reporta nuestra vida conectada que no somos conscientes de hacia dónde caminamos en realidad.

En faq-mac nos ocupamos de la tecnología especializada del universo Apple y de otros “sistemas” cercanos, pero la realidad es que la tecnología se va incorporando a areas que muchas veces se nos pasan desapercibidas hasta que algún hito comercial las populariza.

Webs como tecnología del futuro van haciéndose eco de los diferentes avances en productos que a priori nunca asociaríamos con la tecnología.

En el mundo Apple hemos experimentado muchas veces esta situación. Apple no fue la primera en producir un reproductor MP3. Mucho antes del iPod ya había reproductores MP3 que pugnaban por conseguir unos pocos dólares de los consumidores.

1000 canciones en el bolsillo… el mundo supo que quería un reproductor de MP3 de Apple

Sin embargo, el iPod de Apple y su convincente campaña de lanzamiento (1000 canciones en tu bolsillo) lo cambió todo. De un día para otro todo el mundo sabía lo que era un reproductor MP3 y quería uno.

Al principio todos esos pésimos reproductores se beneficiaron de la explosión de popularidad pero a medio plazo la pésima experiencia de usuario, por un lado, y el incomparable diseño del iPod por otro, hizo que todo el mundo quisiera uno.

Por supuesto, la memorable campaña de publicidad del iPod con sus siluetas danzarinas y los cables blancos ayudaron a crear una industria donde hasta ese momento sólo había descargas ilegales.

Lo importante no es que la tecnología sea rompedora, sino que se adopte.

Muchas veces confundimos (o las empresas quieren que confundamos) la tecnología útil con la tecnología inútil.

De estos últimos hay innumerables ejemplos. Podemos citar, entre los más sonados, las gafas con cámara y conexión a internet de Google o el desafortunado Galaxy Fold (el móvil que se despliega duplicando su pantalla).

En realidad da igual si el concepto en teoría es bueno, o si parece interesante. Si la gente no lo adopta masivamente, probablemente esté condenado al fracaso.

Para la adopción de nuevas tecnologías se tienen que dar tantos factores, en perfecto equilibrio que es muy fácil que algo falle y dé al traste con unos planes que parecían a prueba de bombas.

Que la ventaja tecnológica sea evidente para el usuario, que el precio sea adecuado, que la curva de aprendizaje sea suave y corta, que pueda producirse masivamente de una manera rápida y fiable, etc. etc.

Podemos poner otro ejemplo, que todos conocemos de primera mano. Antes del reconocimiento facial o del reconocimiento dactilar, la manera más habitual de proteger un teléfono móvil era que hiciera falta introducir un PIN, un conjunto de dígitos que funcionaban a modo de contraseña para acceder a los contenidos del dispositivo.

En la vida real, tener que introducir un PIN cada vez que quisiéramos responder un mensaje, hacer una llamada, consultar el correo, mirar una página web, etc. lo convertía en algo tedioso, repetitivo… aburrido.

¿Quién pone el PIN?

Resultado, muy poca gente protegía su teléfono o su tableta con un código numérico. La tecnología, aunque resolvía un problema real con un método sencillo, su uso en el mundo real provocó que no se generalizara.

Así que, aunque la tecnología estaba disponible, en cuando se generalizaron otras formas de proteger los dispositivos como la huella dactilar o el reconocimiento facial, la gran mayoría de los usuarios comenzaron a proteger sus dispositivos.

Conclusión

Si tienes curiosidad por estar al día de campos donde la tecnología se está infiltrando de manera insospechada, visita con regularidad las páginas web que se hacen eco de las novedades tecnológicas.

¡Es la mejor forma de descubrir hacia donde vamos!

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