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El mito de la destrucción de Apple

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Las aproximaciones a este tipo de artículos es siempre muy infantil. Hay que conocer realmente a la compañía  y sobre todo, tener una perspectiva global del mundo de la tecnología para darse cuenta de forma muy rápida que esas aseveraciones tienen pocos o ningún punto de apoyo real y no son más que construcciones sobre elucubraciones propias, de nuevo, de quien busca acumular clics.

Si nos fijamos, de todas formas, en varios ejemplos de grandes (muy grandes) compañías que han dejado de serlo en los últimos años nos daremos cuenta que destrucción de una empresa de este tipo no empieza por un ataque directo desde el exterior, sino por un problema interno: la incapacidad de leer el mercado y de adaptarse al mismo. Los casos de Kodak, Nokia o Blackberry son ejemplos claros de empresas que pensaron que no se verían afectadas por la innovación y el desarrollo de terceros y se sentaron a que pasara el temporal para acabar ahogándose en su propia ineficacia.

Y es que ese es el gran problema de la destrucción de las grandes compañías: la incapacidad de adaptarse a un mercado cambiante y además de hacerlo forma rápida. Es como una fruta que empieza a pudrirse por dentro y simplemente es retirada del cesto no por otras empresas, sino por los propios clientes, para colocar en el mismo otras frutas que se mantienen sanas y lozanas por más tiempo. Esa es la clave de la destrucción de una gran compañía y no el ataque, en muchas ocasiones indirecto y circunstancial o simplemente mal evaluado, por parte de una tercera empresa.

Cuando hablamos de Apple, específicamente, y si nos ponemos en la posición de un competidor que quiere, de alguna forma, destruir a Apple, hay que hacer una análisis de las fortalezas de la compañía:

  • Apple no fabrica cosas, ofrece un ecosistema completo, por lo que para destruir a Apple hay que sustituir el ecosistema de Apple, COMPLETO, por uno mejor. No es simplemente lanzar un teléfono, sino lanzar un teléfono que además interactúe con el resto de dispositivos del usuario, transfiriendo información ente ellos sin intervención y sin complejos artificios técnicos (“Just Works” que parece mentira que haya que recordar esto a estas alturas). Por eso a Samsung no le acaba de ir todo lo bien que debiera con su gama alta de teléfonos porque solo ofrece eso, teléfonos. Llegados a este punto, me parece relevante citar un artículo anterior titulado Preguntas honestas que me hago sobre Samsung:

Samsung es una gran empresa que por sus características, tiene mucho que ofrecer y podría competir con Apple y no de una forma directa, sino utilizando las mismas armas de la empresa de Cupertino. El valor de Apple, la compañía con la capitalización de mercado más grande del mundo, está refrendado por una línea muy pequeña de productos. Muy pequeña. No llegan al dos docenas  si los sumamos todos, pero tienen una ventaja que aparentemente sus competidores no acaban de comprender y es que están cada vez más interconectados. Ya no es solo lo que puedas hacer con ellos sino cómo hablan entre ellos y ofrecen una experiencia lo más sólida posible de forma que una vez que el usuario compra un producto de Apple y comprueba que “funciona” o le da menos problemas que la competencia, va ampliando su ecosistema con otros productos precisamente por la interconexión entre ellos y entre otros dispositivos de la marca. Y eso con 4 productos básicos: ordenadores, teléfonos, tablets y ahora, relojes.

Si miramos en la dirección de Samsung nos encontramos con que la compañía fabrica una gran cantidad de productos que no están dentro del ecosistema de Apple y simplemente no lo estarán nunca pero que sí están dentro del día a día a día de los usuarios: lavadoras, televisores, aires acondicionados, microondas, equipos de sonido, ordenadores… La lista es tan larga, tan, tan larga que me pregunto (y lo hago muchas veces) como es posible que no hayan creado un ecosistema con todo ello como ADN propio y exclusivo de la marca, una forma de interconexión total de productos de forma que si la experiencia (y ese es el punto más importante) es buena a la hora de utilizar un televisor y el móvil inmediatamente a la hora de comprar cualquier otro producto dentro de los posibles nichos en los que está presente Samsung el comprador no dude en añadir, por ejemplo, una lavadora porque recibirá notificaciones de que ha terminado el ciclo en la televisión, en el móvil o en el ordenador. Y sobre esta premisa puedes empezar a añadir producto sobre producto, capa sobre capa, con el aire acondicionado conectado al televisor que detecta cuantas personas hay delante para ajustar la temperatura, con hornos que se encienden de forma remota… dos pasos por delante de la domótica tradicional y sin la necesidad de dispositivos intermedios. Simplemente se instala, se conecta a la red inalámbrica, se gestiona desde el móvil, la tablet o incluso la televisión y ya está.

  • Apple no está sentada en una poltrona, elige muy bien los productos y mide muy cuidadosamente sus movimientos. Si alguien cree que en los cuarteles de Cupertino las reuniones son con puro y copazo de coñac, está muy equivocado y hoy mismo se está trabajando en Cupertino en los productos que veremos en 2020.
  • Apple innova y además, esas innovaciones funcionan. No hablo de fantasías con las que periódicamente se deslumbran los analistas, sino de cosas como TouchID que son referente en el mercado por su seguridad y fiabilidad.
  • Apple elige sus batallas y no permite que el mercado le marque el ritmo. ¿Recordáis las grandes discusiones sobre la idoneidad de lanzar al mercado un ultraportátil? Al final la categoría fracasó como tal y es ahora, solo ahora, cuando Apple ha decidido que es el momento de un ultraportátil, el MacBook Retina, con la seguridad de que el rendimiento de la unidad será el suficiente y el adecuado para ofrecer una buena experiencia al usuario.
  • Apple no fantasea. No hay prototipos fantásticos mostrados en eventos. No se habla de tecnologías de ciencia ficción ni de adopciones a protocolos semiconstruidos. Simplemente sale Tim Cook al escenario y anuncia cosas reales, que el usuario puede comprar casi inmediatamente.

Actualmente es imposible que una tercera empresa, salvo que ofrezca una serie de tecnologías y un ecosistema traído del futuro, pueda destruir Apple. La única opción es adoptar la táctica de un depredador en busca de un descuido, o la del buitre y esperar una flaqueza. Pero aún así hacen falta enormes recursos, mucho trabajo previo y a la vista está que esto no va a ocurrir como pronto, en lo que queda de la década.

1 Comentario

  1. iMacarrón 20 agosto, 2015

    No podría estar más de acuerdo. Qué cansera con los apocalípticos…

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