El culto al fracaso y cómo evitarlo

Vivimos en una época en la que se rinde culto al fracaso. Es tan grave la situación que incluso hemos inventado conceptos y maneras de tratar de rodear este fracaso, dándolo por sentado, y les hemos puesto nombres interesantes para que no parezca que ser productivo es imposible además de elevar esos atajos a los altares para construir a su alrededor cultos a dioses como la gamificación, el coaching y otras tonterías que justifican la incapacidad de las personas de asumir el esfuerzo necesario que cuesta ser productivo.

Hay quien justifica este culto al fracaso porque de los errores se aprende. Aunque es una afirmación cierta por que es un hecho empíricamente demostrable (aunque hay quien no aprende ni equivocándose), muchas personas que deliberadamente ofrecen información errónea (los autodenominados Gurús) justifican el fracaso porque así se aseguran que cuando caigas, todo aquello que te han contado y por lo que has pagado religiosamente no era una “verdad absoluta” pero “era una valiosa enseñanza” que curiosamente en la práctica tiene un valor que tiende a cero.

Estos atajos a la productividad son inútiles, por supuesto, ya que ejemplifican el concepto del burro y la zanahoria de forma que cuando el burro se da cuenta que no va a alcanzar la zanahoria o simplemente se la quitan de la vista inmediatamente se para. El error, claro está, no es motivar al burro a que ande, es enseñarle que tiene que andar porque ese es su cometido.

Las personas, sin embargo, no somos burros ni autómatas y necesitamos una serie de estímulos (motivación, inspiración, fotos de atardeceres, frases de famosos que nunca dijeron…) para arrancar y ponernos en marcha… o eso nos han hecho creer. 

Pero esos estímulos que supuestamente necesitamos no son más que zanahorias, cerca o lejos de la cara, que ejemplifican el Cuento de la Lechera mientras pensamos.. “ay, el día que la pille, el día que la pille ya no tendré que perseguir más zanahorias”.

La voluntad

Soy de una generación a la que le tocó hacer el Servicio Militar. Sin entrar en valoraciones morales sobre si es bueno o malo este tipo de servicios, me llevé, debido a la propia estructura del estamento militar, una valiosa lección: cuando hay que hacer una cosa, se hace. Sin preguntar por qué, sin pensar si lo puedo retrasar, si me viene bien en este momento o si me apetece o si me desagradaba la tarea. Mecánicamente te levantabas y “te ponías” porque no había otra opción y además intentabas hacerlo bien no fuera que tuvieras que repetirlo otra vez.

Así que acabamos de dar nuestro primer paso para ser productivo: si hay algo que hacer, te levantas y te pones en marcha, sin titubeos y sin valorar la natural inclinación a conservar energía y pensar que no te apetece. Hay que hacerlo y lo haces.

Acabas de descubrir la voluntad.

Reducida a su esencia, la fuerza de voluntad es la capacidad de resistir las tentaciones al corto plazo para cumplir con las metas de largo plazo.

Existen innumerables estudios sobre cómo la fuerza de voluntad es capaz de agotarse. De hecho, la fuerza de voluntad puede compararse con un músculo que se fatiga con el exceso de uso. Los estudios muestran que resistir tentaciones constantemente reduce la capacidad de resistir tentaciones futuras, lo que implica que en un entorno de trabajo reglado, las distracciones o el acceso a las mismas ha de ser en la medida de lo posible, mínimo.

Eso no quiere decir que no puedas establecer una buena política de descanso y distracción para no agotarte tanto física como sobre todo, mentalmente. Mantener niveles estables de glucosa en la sangre por medio del consumo regular de comidas y meriendas saludables puede ayudar a prevenir los efectos del agotamiento de la fuerza de voluntad, aunque una chocolatina en un momento determinado es capaz de obrar milagros en nuestra determinación de seguir adelante.

Si quieres saber más sobre la fuerza de voluntad, este interesante informe de la Asociación Americana de Psicología te pondrá en la pista de por qué tienes problemas controlando tu voluntad y cómo puedes intentar rodearlos.

Independientemente de lo que leas en el informe, de cómo te veas reflejado o no y sobre todo, de cómo lo uses para justificar tu propia incompetencia a la hora de evitar las distracciones, la voluntad de hacer las cosas es el primer paso en el buen camino hacia la productividad.

Otra cosa que aprendí del servicio militar es que con la voluntad solo no se llega a ninguna parte y que hace falta un entorno reglado para todo funcione: en el ejército se hacen las cosas de una forma y “esa forma es la forma del ejército” y ninguna otra.

Generalmente te hablarán aquellos que teorizan sobre productividad que la mejor manera de llegar a ese entorno reglado es construir una serie de hábitos de trabajo de forma que tengas muy clara la estructura del mismo y puedas mantener un entorno productivo altamente eficiente, pero lo que se callan o pasan de puntillas por encima es que hay que mantener una férrea fidelidad a esos hábitos porque tratar de focalizar esa fidelidad pasa por poner de nuevo zanahorias delante de tu cara para que no te desvíes y acabes procrastinando, que es el término moderno que se usa para que no suene tan mal decirte a la cara que eres un vago entretenido, pero vago a fin de cuentas.

Esa férrea fidelidad a los hábitos de trabajo tiene un nombre y acabas de descubrir la disciplina.

Con voluntad y disciplina llegarás muchísimo más lejos que con todos los consejos, discursos, inspiraciones, coachings de medio pelo, cancamusa variada y toda la palabrería moderna pensada para, mayormente, sacarte el dinero mientras crees que te estás preparando para ponerte en marcha cuando en realidad estás aceptando que te pongan una zanahoria delante de la cara y además te la están cobrando a precio de caviar beluga.

Sin embargo, la voluntad y la disciplina no es algo que se tenga. Es algo que se crea y se mantiene: es un estado mental, un “estado de gracia” que se obtiene a través del entrenamiento.

Habrás escuchado en alguna ocasión, o en más de una, a un militar hablando de situaciones peligrosas o límite en las que reconocen que “en ese momento” todo es un caos y solo el entrenamiento recibido, es decir, los automatismos mentales aprendidos ante una situación peligrosa, es lo único que pone cierto orden y control y les permite salir airosos. Pues llevado a nuestra práctica, en un entorno que favorece la procrastinación o directamente, la vagancia, el entrenamiento de la voluntad y disciplina será lo único que nos ponga en marcha y nos haga realmente productivos.

Extraído del Libro Productividad Mac

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Alf
Alf
Admin
7 years ago

¡Excelente reflexión!

Pablo Romeu
Pablo Romeu
7 years ago

Y yo “procastinando” leyendo este artículo 😀 (Es broma)

¡Magnífico el artículo! Parece que el tema de “esforzarse” ya no se lleva… Ahora hay que “psicologizarlo” todo y “motivar”.

“¡Patá en el culo te hace falta!” que diría mi abuela 😀

Santiago
Santiago
7 years ago

Me iba a leer el artículo, pero como no le han puesto un filtro de Instagram no mola.

Jose CS
Jose CS
7 years ago

Fantástica lectura. Se agradece.

Juan Tatay - silta
Juan Tatay - silta
7 years ago

Impresionante!! Me ha encantado. Gracias.

almarma
almarma
7 years ago

Joer, uno ya no sabe si esta leyendo Faq-Mac o Redes ;). Me encanta!!

Gran artículo Carlos! Muy cierto es que muchas veces nos enredan con tantas técnicas e historias, cuando centrándonos seriamos más eficaces. Hace años, probaba cada aplicación nueva que salía. Ahora, he perdido tanto tiempo, y me he pegado tantos batacazos, que mido más mis pasos antes de cambiar de programa o de método de hacer las cosas. Actualmente uso Trello y Evernote para mi trabajo, después de aquella ola del GTD de hace unos años ;). Y ni miro si hay otras opciones ahí fuera, porque te puedes volver loco!

SINNICK
SINNICK
7 years ago

Eso, eso! …voluntad y disciplina, pero para qué? …para ser productivos! Vivir para trabajar …bah!
Y descansar, para qué? …toma! para seguir siendo productivos, con chocolatinas si hace falta!
Impresionante!
Productivos para qué y para quién? …ese es otro tema? …o mejor no saberlo?
El mejor alienado el mejor cosificado y la mejor mercancía, es la que no se entera que lo es y va a por más sindo feliz en ese empeño.
¿No será que el “fracasado”, a menudo, es un inadaptado a un sistema de explotación que necesita la voluntad y disciplina de entes cosificados para perpetuarse?
Yo, como que ya empiezo a reivindicar la pereza, el dolce far niente.
No es lógico que siendo más productivos que nuestros abuelos tengamos que trabajar lo mismo o más y con más estrés.
Aquí, alguien se está llevando lo que pertenece a alguien …y no miro a nadie!

sault
7 years ago

Muy bueno, Carlos.

Yules
Yules
7 years ago

«… para gloria eterna de la infantería brilla el nombre, brilla el nombre de Rodger Young» 😉

ronum
ronum
7 years ago

Debo de estar más anticuado de lo que creía, ¿culto al fracaso? pero ¿existe eso?

Yo siempre había oído lo del “culto al éxito” sobre todo en la cultura estadounidense, y que, en mi opinión, cuando se hace por encima de todo (y aquí me refiero a los valores éticos o morales de toda la vida) como hacen ellos, nos lleva a la situación de crisis actual.

Es bueno progresar. Es magnífico, pero quizá no al ritmo que lo estamos haciendo. O quizá sí y estemos yendo hacia una sociedad dividida en élites privilegiadas y el resto cada vez más “barbarizado”. Algo parecido al tema de la película “Elysium”.

Pero seguro que me equivoco, y eso que también cumplí el servicio militar: el de dos años.

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