El anuncio de la compra de Instagram por parte de Facebook por 1.000 millones de dólares cayó ayer prácticamente como una bomba nuclear en las redes sociales y los usuarios recibieron la noticia con una mezcla de incredulidad primero, para a continuación pasar a la tradicional sorna y luego al cinismo. Además de anunciar muchos de ellos que cancelaban sus cuentas de Instagram. La razón de estas cancelaciones, muchas más de las que cabría esperar ante un anuncio de este calibre, es el comienzo de la percepción de que Facebook se «está comiendo mi queso».
Algo contra lo que no pueden luchar las grandes redes sociales, ni las grandes compañías en general, es la percepción que tienen los usuarios de ellas. Cuando la base de usuarios instalada empieza a superar cifras de millones de usuarios, incluso los departamentos de Marketing, Branding, Social Media empiezan a tener problemas a la hora de tratar de influir en un público tan monstruoso porque más allá de la propia participación del usuario en la red social, su percepción general al respecto de cómo se siente tratado es muy difícil de cambiar y sobre todo cuando se ve, en ocasiones, «chuleado» por la empresa en cuestión.
Y sobre todo está «el queso», esas aplicaciones y servicios que consideran como suyos y que están relacionados de forma intrínseca no solo con su actividad social en internet, sino con un grupo «más cerrado» y «propio» en el que no se ven bombardeados por el mal ejemplo que por ejemplo, Facebook ofrece como experiencia de usuario. Es «su queso», «su parcelita», «su club» o como lo queramos llamar. Pero es suyo.
A todos los efectos, la compra de Instagram por parte de Facebook ha hecho levantar la cabeza a muchos usuarios de sus teclados para valorar si la inmensa Red Social de Zuckenberg está empezando a cruzar esa línea en su percepción de lo que es apropiado para ellos y lo que no lo es.
Evidentemente, no serán millones los usuarios que se den de baja, y de hecho, con la publicación de Instagram para Android, esas cifras se verán rápidamente maquilladas, pero es un hecho que la maniobra de Facebook (que está muy interesada en competir con Pinterest, y por eso ha comprado la base de usuarios de Instagram, no su tecnología ni su espíritu) es una de esas circunstancias en las que una compañía «que mola» ya empieza a dejar de hacerlo y empieza a ser vista como una multinacional cualquiera. Con todo el peligro que ello conlleva, ya que Facebook no vende ningún tangible y basta que el péndulo empiece su viaje de vuelta para que Facebook se vaya al mismo callejón en el que duerme entre cartones MySpace.
Precisamente ese sentimiento es el que tengo. No para darme de baja (mientras no se la carguen y la cambien), pero la verdad es que este tipo de compras no me suelen infundir mucha alegría. Usas una aplicación novedosa, de una empresa más o menos pequeña, para que al final… La compren los de siempre. Quizá hasta la mejoren y la mimen, pero ya veremos…
El problema es lo que hemos ido viendo en cuanto a historial de compras de Facebook: Gowalla, Sofa, PushPopPress… Proyectos realmente innovadores con productos muy cuidados que finalmente se han quedado en nada, como si sólo hubiera servido para disolverlos. Evidentemente la masa de usuarios era muy diferente a la de Instagram pero no se puede evitar pensar en un destino similar.
Creo que es un caso similar a cuando Twitter se hizo con una gran aplicación como Tweetie y aquello sólo sirvió para que su programador se marchara a los pocos meses y el producto se mutilara hasta lo que conocemos hoy como «Twitter for iPhone». Cabe preguntarse de que sirven estas grandes adquisiciones, al margen de dejar algunos ricos, si no es para destruir un saludable y necesario ecosistema de ideas y servicios.
Personalmente encuentro más loable el modelo que otros desarrolladores eligen: ganar dinero desde el primer día, léase Instapaper por ejemplo. Ganan lo suficiente para mantenerse y mejorar y no dejar tirados a los usuarios con una compra de terceros. Cuando dar un pelotazo no es «la motivación» empiezan a surgir cosas interesantes y otros modelos de negocio diferentes al «inflar la burbuja de usuarios y venderse al mejor postor» sin haber sido nunca rentables. Por eso desconfío de los servicios gratuitos. Por eso prefiero pagar al que me ofrezca un valor añadido.
Ese es el modelo de negocio de la burbuja Social Media: crear un servicio que sea capaz de atraer a muchos usuarios y luego venderlo: lo que menos importa es el servicio o los contenidos: lo que se compran son grandes bases de datos de usuarios bien organizados y con intereses perfectamente categorizados.
30 contra 1 que los usuarios de Instagram que no tengan cuenta de Facebook deberán abrirse una para poder seguir usando la aplicación o directamente su cuenta de Instagram se fusionará con una de Facebook usando su información de contacto. Y no quieres, a la puta calle tu y tus fotos.
Facebook está destruyendo todos aquellos proyectos que se cruzan en su camino (como los citados por «autoy» más arriba). La base de datos es tan grande, que supone un peligro para la salud de internet. Yo hace meses que me di de baja la cuenta (y no desactivarla, sino eliminarla) y no tengo ninguna intención de volver.
Deberíamos empezar a mirar en el horizonte de las redes sociales de código libre. Siendo estos proyectos más respetuosos con nuestros datos.
WhatsApp comprado en 3, 2, 1…
Twitter, aunque todavía no tiene calibre de gran empresa, es otra que también está fagocitando a toda empresa que le hace -o puede hacer- sombra