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Lecciones empresariales de Steve Jobs, por David Uclés

Steve-Jobs-D8-icon.JPGDesde que se conoció el fallecimiento de Jobs, toda la web se ha poblado de homenajes y esquelas recordándolo como el innovador que fue. Incluso, los periódicos económicos le han dedicado páginas al hombre que rescató a Apple de una muerte casi anunciada y la llevó a ser la primera empresa por capitalización bursátil del parquet neoyorquino, en dura pugna con la petrolera Exxon.

Se han escrito auténticos ríos de tinta sobre su capacidad para soñar, su perfeccionismo patológico y hasta de su irascible carácter. Sin embargo, no se ha dicho mucho sobre su estilo de dirección empresarial.

Ante todo, Jobs era un empresario emprendedor. Es decir, no era sólo alguien que arriesga dinero en una empresa. Tampoco era alguien que gestiona empresas sin comprometer su capital. Era las dos cosas. Era capaz de tener ideas y de llevarlas a cabo, comprometiéndose personalmente y gestionando los recursos necesarios de la mejor manera posible. Por lo que se cuenta de él, no debía ser fácil trabajar a su lado. Los perfeccionistas exigen lo mejor de todos en todo momento, también de si mismo. Pero es innegable que desde el principio ha sabido rodearse de gente con tanto talento como él mismo. Y, ojo, gestionar tanto ego no es nada fácil.

A lo largo de sus años de experiencia, en la vida empresarial de Jobs ha habido algunas líneas que se han mantenido fijas. La primera es la creencia en la tecnología como elemento para satisfacer necesidades. Son ejemplos evidentes Apple y NeXT, pero también lo es Pixar. Jobs podría haber optado por reconvertir el estudio de animación computerizada en uno de corte tradicional, contaba con alguno de los magos de Disney y era un mercado mucho más seguro. Pero ellos siguieron por la senda de la computación, vislumbrando lo que algún día podrían llegar a hacer. Y lo hicieron. La segunda es su pasión por el diseño. Su creencia en la necesidad humana de belleza ha dirigido y condicionado muchas de sus decisiones, dotando a sus productos de algo de lo que carecían los de la competencia. De esta manera Apple casi siempre ha estado en el mercado en términos de competencia monopolística, porque los clientes consideraban sus productos como algo distinto, estando dispuestos a pagar algo más de precio.

Otra de los tics empresariales de Jobs era la constante necesidad de replantearse cada uno de los productos, siendo capaz de tomar decisiones tan duras como la de discontinuar una línea completa de los mismos (como ocurrió con las impresoras) o la eliminación de elementos considerados indispensables por los demás. Fue el primero en eliminar las disqueteras y ahora ha eliminado de algunos modelos el lector de CD. Y, seguramente, Apple será la primera en dejar de usar el ratón.

En directa relación con esto, siempre andaba a la cabeza de la innovación. Por eso Apple ha sido la primera en tantas cosas como el uso del USB (que ahora abandona en favor del thunderbolt), uso de memoria de estado sólido o el uso de pantallas multitáctiles para interactuar con los dispositivos.

De hecho, siempre me ha llamado la atención su carácter innovador a ultranza. Todas las escuelas de negocio aconsejan a sus alumnos la realización de un estudio de mercado. Esta actitud condiciona la innovación y la recorta, porque conlleva una dependencia muy elevada de la propia experiencia de los consumidores. El consumidor expresa la necesidad que tiene, pero no la que no sabe que tiene. Pongo un ejemplo. La innovación en el campo de las compresas femeninas ha estado condicionada por las diversas necesidades percibidas por las usuarias: primero que no abultaran y que absorbieran, luego que no se movieran, que se adaptaran a las nuevas modas en ropa interior, etc. Si Apple hubiera actuado de esa manera, nunca hubiera lanzado el iPhone o el iPad. Fue más allá, pensó que su producto sería capaz de crear nuevas necesidades, y acertó, creando un teléfono (¿había algo más estándar que un teléfono?) absolutamente disruptor y capaz de poner patas arriba el mercado.

Finalmente, ha sido siempre un mago de la puesta en escena. La misma exigencia que ponía en la calidad de sus productos se la autoimponía a la hora de hacer las presentaciones. Con ellas, y con su secretismo, lograba que los medios de comunicación estuvieran prestos a pregonar sus novedades sin esperar a que Cupertino pagara unos anuncios. Hay algunas personas que son capaces de vender cualquier cosa, personas que saben la fibra que tienen que tocar para llamar tu atención y es evidente que Jobs era una de esas personas.

En resumen, visión, perfeccionismo, innovación y diseño son las variables que mejor ha utilizado Jobs como empresario y las que han hecho de Apple lo que es hoy, mucho más que un mero fabricante de ordenadores y teléfonos.

David Uclés Aguilera

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Anónimo
Anónimo
10 years ago

No puedo estar mas de acuerdo. En mi vida he visto pocas cosas que en el mismo instante de descubrirlas me han hecho contener el aliento para pensar… “dios mío, esto, esta cosa, este objeto… es pura inspiración” Pero el 90 por ciento han sido cosas de Steve. Es por ello que aunque sigan el manual los nuevos emprendedores se estrellaran la mayoría. Porque hacer lo que ha hecho Jobs en su vida difícilmente repetible.

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