Llanto por la televisión, por Damon Lindelof

DamonLindelof.jpgLa Televisión está muriendo.

Debería haberme dado cuenta hace cuatro años cuando me compré mi primer TiVo, pero la negación es siempre el primer estado de la amargura. Simplemente no supe reconocer que esta maravillosa invención marcaba el principio del fin.

TiVo guarda tus películas y programas favoritos en su disco duro, permitiéndote ver el último episodio de “The Daily Show” tan fácil como abres un archivo en tu portátil. De hecho, una vez que has descargado la emisión original -lo siento, quería decir “grabado”- puedes verlo cuando te apetezca. A la mañana siguiente. El año que viene. Cuando quieras. ¿Por qué? Porque ahora el episodio te pertenece.

Y lo mejor de todo, lo has obtenido gratis.

La televisión siempre ha sido gratis. Por supuesto, si quieres todos los juegos de la N.F.L. en alta definición, tienes que pagar el ancho de banda, pero las redes de emisoras siguen ofreciendo sus programaciones completas absolutamente gratis. La única pega, claro, es que tienes que ver los anuncios. Económicamente, es un acuerdo justo. La red paga por los programas, los ofrece a los espectadores y gana su dinero a través de los anuncios. Que desgraciadamente nos lleva a lo más maravilloso de TiVo: te permite ignorar los anuncios que mantienen todo el sistema en marcha.

TV_Is_Dead.jpgEl 20 por ciento de las casas americanas ya tienen discos duros que guardan películas y programas de televisión de forma indefinida y te permiten pasar rápido los anuncios. Estos aparatos probablemente proliferarán cada vez más y pronto, casi todo el mundo los tendrá. También son cada vez más pequeños, haciendo que la caja que los contiene se quede obsoleta, y la pantalla rectangular de tu salón ya no será una televisión; será un ordenador. Y funcionando en la parte trasera del ordenador, el cable que que te ofrece todo lo que quieras ver. Y no será [TV] por cable; será por internet.

Es probable que esto te suene excitante si eres un espectador de TV, pero si estás en la industria que produce esos programas, no puede ser más terrorífico. Así debieron sentirse los actores de vodevil la primera vez que vieron un película muda; ahí sentados, dándose cuenta repentinamente de que se acababan de extinguir: después de todo, ¿quién quiere ver otro número de claqué cuando puedes ver a Harold Lloyd colgando de un reloj a 15 metros de altura?

Los cambios siempre provocan miedos, pero hubo un tiempo en que pensé que la muerte de nuestra amada televisión uniría a todos los afectados, los que ponen el talento y los estudios, creadores y trajeados. Todos teníamos miedo y todos lo pasaríamos juntos. En vez de esto, resulta que estamos profundamente divididos.

The Writers Guild of America (de quien soy un miembro orgulloso) se ha puesto en huelga. He pasado la pasada semana en la línea de piquete en el exterior de los Walt Disney Studios, la empresa en la que trabajo, cantando eslogans y caminando lentamente por la acera.

La motivación para esta drástica acción – y una huelga es drástica, algo de lo que he sido más que consciente en los días pasados – es el deseo de la asociación de obtener una porción de los beneficios derivados de internet. Esto no es nuevo: durante más de 50 años, los escritores han podido obtener una pequeña porción de los beneficios de los estudios por la reutilización de sus programas o películas; cada vez que algo que creamos acaba en las redes asociadas de televisiones o se vende en DVD, cobramos regalías. Pero los estudios se niegan a aplicar las mismas reglas a internet.

Mi programa, “Perdidos” se ha emitido cientos de millones de veces desde que se comenzó a emitir a través de la página web de la cadena ABC. Las descargas obligan al espectador a ver un anuncio, por el que la cadena obviamente gana dinero. Los escritores del episodio no cobran nada. También somos un éxito en iTunes (donde los programas se venden a 1,99 $ cada uno). De nuevo, no obtenemos nada.

Si esta huelga se alarga más de tres meses, una temporada completa de televisión acabará este diciembre. No habrá series dramáticas. No habrá comedias. No habrá “Daily Show.” La huelga también impedirá que se rueden episodios pilotos en primavera, así que incluso aunque la huelga haya acabado para entonces, no verás programas nuevos hasta el siguiente enero. De 2009. Tanto nuestro gremio como los estudios que están en la negociación, estamos de acuerdo en una cosa: esta situación sería brutal.

Probablemente me arrastrarán por las calles y me quemarán en una hoguera si los fans de “Lost” tienen que esperar otro año para poder verlo. Y ¿quien podría culparles? El sentimiento del público puede haberse puesto del lado del sindicato por ahora, pero una vez que el público haya pasado un mes o más subsistiendo a base de “America’s Next Hottest Cop” y “Celebrity Eating Contest,” no me cabe duda que la marea se volverá contra nosotros. Lo que me lleva al segundo estado de la amargura: enfado.

Estoy enfadado porque me acusan de ser avaricioso por estudios que ya son codiciosos. Estoy enfadado porque mi avaricia es justa y razonable: si se hace dinero con mi producto a través de internet, entonces tengo derecho a una pequeña parte. La codicia de los estudios, por otro lado, está oculta detrás de argumentos cínicos y falsos de que no hacen nada en internet, que la emisión y descarga de nuestros programas es puramente “promocional”. ¿En serio?

Pero sobre todo, estoy enfadado porque no estoy trabajando. No trabajar significa no cobrar. Mi salario semanal es considerablemente superior al pequeño porcentaje de ganancias que esperamos obtener con esta negociación y si me paso en el piquete tres meses, nunca recuperaré esas pérdidas, sin importar el tipo de acuerdo al que se llegue.

Pero estoy dispuesto a mantenerme firme durante más tiempo de los tres meses porque esta es una lucha por la vida de las futuras generaciones de escritores, cuyo trabajo nunca saldrá al “aire”, sino que se emitirá, propulsará [en internet] o encapsulará en un pequeño chip.

Las cosas se han puesto feas y las líneas de comunicación se han roto completamente entre la asociación y los estudios. Sin embargo, puede que no sea demasiado tarde para que ambas partes aceleren alrededor de la única cosa que seguimos teniendo en común: nuestro lamento por la forma en que solían ser las cosas. En vez de luchas unos contra otros, tal vez deberíamos estar intentando resucitar a nuestra amada TV.

Porque el tercer estado de la amargura es la negociación.

Y debemos negociar, porque cuando la televisión muera definitivamente, aún habrá entretenimiento; seguirá habiendo programas y películas y vídeos, justo ahí, en la pantalla de tu salón. Y al igual que los propietarios de los teatros de vodevil quebraron y compraron cámaras de cine manuales, los estudios encontrarán la forma de hacer absurdas cantidades de dinero en todo aquello que aparezca sobre cualquier tipo de pantalla.

Y nosotros seguiremos escribiendo cada palabra que se diga en ellos.

Damon Lindelof es el co-creador y guionista jefe de la serie de televisión “Perdidos”

Traducido del New York Times

0 0 votos
Article Rating
Subscribe
Notify of
0 Comments
Opiniones Inline
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría saber tu opinión, por favor, deja un comentariox
()
x