Esto es lo que hay. Estas empresas podrían haber hecho lo que nosotros hicimos. En los primeros tiempos de internet, todo el mundo pensaba que los sellos discográficos crearían ramificaciones para la distribución digital. Pero no lo hicieron porque no comprenden la tecnología, y no querían invertir en adquirir esa experiencia, y estaban como locos contra la piratería y paralizados por el miedo.
Así que entramos en escena. Hacemos la gran inversión. Contratamos los programadores. Desarrollamos software que es sencillo de usar y que funciona sin fallos (y si crees que eso lo hace cualquiera, vuelve a pensarlo. Es un logro enorme). Montamos el sistema. Lo promocionamos, lo publicitamos, nos ganamos a todos los sellos discográficos y llegamos a acuerdos. Asumimos todo el riesgo, que noera poco. Ahora estamos recibiendo nuestra recompensa. Y los grandes sellos discográficos quieren una porción mayor. Hm ¿de qué? Nosotros hemos hecho todo el trabajo. Así que lo llevan claro.
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Esto es lo que de verdad pasa. Las discográficas están en un negocio que se muere, y lo saben. Está claro que se pavonean porque se mueven entre estrellas del rock. Pero por debajo de todo ese glamour estos tipos están en realidad operando en dos empresas de bajo perfil tecnológico: ponen el dinero para hacer discos, y después obligan a los artistas que los graban a devolverles el dinero con un interés exorbitante. El otro negocio es la distribución. Tienen enormes almacenes y controlan los envíos de pequeñas cajas de plástico que casualmente contienen música.
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Su negocio de tiburones del alquiler está siendo eliminado por la tecnología de grabación digital, de muy bajo coste, que permite a la gente hacer su disco por muy poco dinero.
Y al dejarnos contruir a nosotros la tienda musical en línea, se han quitado ellos mismos del negocio de la distribución. En los días de los vinilos y posteriormente de los CDs, los sellos se las arreglaron para controlar la cadena de valor a base de tener montones de tiendas en un mercado muy fragmentado, y que se pelearan entre ellas. En el mundo digital, nos tienen a nosotros. Y punto.
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Irónicamente, el error que cometieron los grandes sellos discográficos es el mismo que cometió IBM cuando el dió la franquicia DOS a Microsoft hace casi 30 años.
Se enfrentaban a un nuevo mercado que no entendían. Tenían un trabajo que no sabían hacer solos o que no querían hacer solos, y no lo veían como crítico o importante, así que lo externalizaron a un socio.
El socio convirtió ese trabajo aparentemente ininportante en una forma de acumular poder y crear un monopolio y controlar la industria.
Hoy, el negocio de la música en el que nos encontramos está en el mismo punto en el que estaban IBM y Microsoft en 1989, cuando IBM finalmente se «cayó del guindo» y se dió cuenta de lo que estaba haciendo Microsoft.
Reflexiones de Fake Steve Jobs