Según leemos en Marketwatch, el caso antimonopolio del gobierno de los Estados Unidos contra Meta Platforms Inc. ha empezado con planteamientos interesantes que, si bien recogen el conocimiento público, serán difíciles de demostrar.
El caso planteado por el organismo regulador se basa en el argumento de que las adquisiciones de Instagram y WhatsApp de Meta son un movimiento monopolista para anular a la competencia, y deberían ser deshechos.
El caso, que se está escuchando en la corte federal de Washington, D.C., es la primera demanda antimonopolio que se inicia bajo la segunda administración Trump. La Comisión Federal de Comercio presentó el caso contra Meta en 2021 y argumenta que la compañía es una monopolista que compró Instagram y WhatsApp para acabar con su competencia, mientras luchaba en la entonces naciente arena móvil.
Este movimiento, que es vox populi -y nos parece recordar que en algún otro juicio ya se ha expresado que esa era la visión de Mark Zuckerberg- permitió mantener a Facebook como la plataforma de red social por excelencia, a base de añadir bases de usuarios -aunque el uso de Facebook no dejaba de descender.
Según la FTC, Facebook, «recurrió a un esquema ilegal de compra para mantener su dominio» y «adquirió ilegalmente competidores innovadores con características móviles populares que tuvieron éxito donde las propias ofertas de Facebook se estancaron o se desmoronaron».
Meta, por su parte, argumentó en su apertura de argumentos que no es un monopolio, y que tanto la evidencia directa como la indirecta proporcionada a lo largo del juicio demostrará que no lo es.
«Han manipulado un mercado ficticio en el que Facebook e Instagram compiten solo con Snapchat y una aplicación llamada MeWe», escribió la directora legal de Meta, Jennifer Newstead, en una publicación en el blog de la empresa el domingo. «En realidad, se pasa más tiempo en TikTok y YouTube que en Facebook o Instagram; si añades TikTok y YouTube a la definición de mercado de redes sociales de la FTC, Meta tiene una cuota de mercado menor del 30%».
Aunque parece poco probable que se dictamine que Facebook, Instagram y WhatsApp deban ser empresas independientes, el supuesto plantea un interesante debate sobre cómo serían las redes sociales si se produjera esa ruptura.
¿Se hundirían todas por falta de masa crítica? ¿Sobreviviría alguna quedando como vencedora? ¿Ampliarían su alcance ocupando el espacio que ahora se mantiene vallado por pertenecer al mismo grupo? ¿Mejoraría la innovación en las diferentes apps si no dependieran unas de otras?
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