En estas fechas, vayas donde vayas, seguramente vas a encontrar revisiones de los nuevos relojes que Apple presentó hace pocas semanas. De acuerdo, aquí también las verás.

Pero no todavía. Antes de entrar en la arena de las máquinas, quiero hacer una pequeña reflexión sobre algo que normalmente damos por supuesto,  y que no sólo ha marcado a todas las industrias sobre cómo se presenta un producto, sino que supone un auténtico manifiesto de la filosofía de Apple.

Me estoy refiriendo al empaquetado de los productos. A su presentación ante el cliente.

Cada paso que es necesario dar para acceder al producto final es como participar en un ritual destinado tanto a aumentar la excitación por el producto como a transmitir la sensación de que la pieza que tenemos entre manos no ha sido fabricada en serie, sino que horas de dedicación y mimo se han invertido en ese producto que ahora tenemos ante nosotros.

Por supuesto, saldrán los que me recuerden que sólo se trata de marketing, que todo es mentira y que están fabricados en China (como si no lo supiera). 

Pero tan sencillo y tan obvio no debe ser cuando ninguna otra empresa lleva el trabajo tan hasta el último detalle como para convertir algo tan obvio como sacar un producto de su caja en una experiencia similar a comprar descubrimiento de una joya.

En abrir un producto de Apple no hay violencia, apenas hay que romper nada. Todo se va desenvolviendo suavemente, dejándote descubrir -debo reconocer que en esta ocasión he paladeado- cada paso con deleite.

Incluso me atrevería a decir que, aunque -por prisa, ansiedad, insensibilidad- quisieras acelerar todo lo posible el momento de poner tus manos sobre el producto, la propia manera en que el empaquetado está concebido te lo va a impedir.

Descubrir un Apple Watch

Para este momento, puesto que fui consciente al final, no tengo fotografía de cómo se quita el plástico externo, pero el sistema es el mismo que en el iPhone así que si quieres verlo, búscalo más abajo.

El exterior del paquete del Apple Watch es blanco, con el nombre ( Watch) estampado en seco. Una manera sobria de presentar el producto que -a priori- podría parecer que es la manera de abaratar el paquete.

Resulta que el exterior es, literalmente, un envoltorio de cartoncillo, que protege los contenidos. Para retirarlo, hay que tirar de unas solapas que hay en la parte inferior. 

No hay celos, ni adhesivos. Tirando suave pero firmemente de las “orejas”, el envoltorio se despliega liberando los contenidos.

Uno pensaría que ese cartoncillo es deleznable, blanco y sin ningún interés. Pero resulta que el interior está impreso a todo color, y plastificado.

Si eres de la nueva generación digital esto no te va a decir nada, pero para los diseñadores de la vieja escuela, al abrirlo se libera el olor de las tintas, del plastificado,… como si de mi propio Ratatuille se tratara, un montón de recuerdos se agolparon en mi cabeza con el mero olor del papel impreso

El interior está compuesto por dos cajas. Por un lado la correa del reloj y por el otro la máquina propiamente dicha, con el cargador y la documentación.

Tampoco necesitarás tijeras o tener las uñas largas para poder acceder al interior de las cajas. El contenedor de la correa tiene una pestaña adhesiva que se “pela” para poder abrir la caja.

Sacar la correa de la “carcasa” donde viene sujeta es nuevamente un mensaje de cariño: “Alguien puesto a mano esta correa aquí para asegurarse de que no se mueva y te llegue en perfecto estado”.

Fijarse en cómo las piezas de cartón están ensambladas para que la correa quede sujeta pero al mismo tiempo sea sencilla de extraer sin tener que hacer fuerza o romper nada es un ejercicio de virtuosismo.

El Apple Watch viene en una caja independiente, donde la atención al detalle sigue siendo obvia -para el que quiera disfrutarla, claro.

Tanto el estampado como la impresión a color del modelo de reloj en la caja están destinados a hacerte pensar que has comprado una joya.

Como tal joya, la unidad viene protegida por una funda aterciopelada, perfectamente ajustada -y a su vez la pantalla del reloj viene protegida por un plástico electrostático, es decir, sin pegamento.

En el otro extremo están el enchufe y el cargador por contacto, perfectamente presentados y sujetos por unas cintas de cartón -el plástico se ha reducido al mínimo necesario.

Una de las cosas que llaman la atención es que todo está encajado al milímetro. Nada de cables enrollados en huecos mucho más grandes, o cajas dentro de cajas con holguras que hacen que todo se mueva dentro.

El conjunto forma una masa compacta, unida, coherente, en colores y materiales, que muestra que todo tiene una intención y un porqué. Y nada se ha empleado porque sea “suficientemente” bueno, o porque sea lo normal.

Apple va a lo suyo, plasmando su filosofía en todo, desde el diseño de los productos hasta su empaquetado: la experiencia del usuario a través de la atención al detalle.

La revisión del producto… proximamente.

Nota: Apple me ha cedido un Apple Watch Serie 5 de Acero inoxidable para que lo revise. Desconozco si en otros modelos el empaquetado y/o la presentación (packaging que dicen los que quieren demostrar que saben idiomas) será idéntica.
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5 comments

  1. Alf

    Las fotos están hechas con un iPhone XR

  2. Farangi

    A mi, siempre me ha fascinado el empaquetado de sus productos, también disfruto desempaquetando.

  3. JGVia

    …sí, Apple cuida esto mucho.
    Esto se podría cuidar más en general… Las multas de tráfico molarían más con un empaquetado más fino, más allá del mísero sobre.

  4. Yules

    Yo tengo un serie 0 de acero que también venía muy bien empaquetado en una caja casi cúbica, enorme para su tamaño.

    Ahora lo uso sólo para dormir porque, con las actualizaciones, a los tres años de su salida al mercado ya era insufrible usarlo con el lag que tenía cualquier operación, a pesar de que, por su presunta antigüedad, no le habían llegado novedades de software tan poco exigentes para el procesador como reordenar los iconos del panel de control.

    Hoy mismo he leído en un comentario de un usuario que sí actualizo mi iPhone a iOS 13 ya ni siquiera podré usarlo. Tendré que contrastarlo pero, en ese caso, la ventaja que tiene la caja actual sobre la mía, es que es mucho más aparente para servirle de ataúd.

    Como por cuestiones básicas de seguridad me interesa actualizar, tendré que ir despidiéndome de él. Podría haberlo hecho el pasado fin de semana, pero después de empezar la descarga de la actualización desde cero en 4 ocasiones, porque a estas alturas de la película las descargas de iOS no son reanudables si cualquier circunstancia provoca un timeout, y con un tiempo estimado para la descarga de 5 horas, lo dejé para mejor ocasión.