El negro panorama de la industria de la cultura

A las empresas les gusta tomar la parte por el todo, y por eso ellas hablan de la cultura, cuando en realidad se refieren a la industria de la cultura, es decir, a la parte del sistema que intenta hacer negocio intermediando entre el artista y el público. Es ésta (la industria) la que tiene un futuro cada vez más negro.

Hace pocos días, un buen amigo me invitaba a leer un artículo sobre el declive (probablemente definitivo) de las ventas de música a través de tiendas, tanto tradicionales como digitales. Ya hace bastante tiempo nos hicimos eco de esto a través de un artículo de Billboard (sí, nuevamente tuvisteis la suerte de visitar faq-mac y os enterásteis antes que el resto).

En cuanto al cine/vídeo la breve (pero intensa) ventana temporal en que la app Popcorn Time estuvo disponible ha demostrado el frágil sustento sobre el que se asienta la costumbre del espectador de pagar por acceder a las películas que la industria decide que va a poner en alquiler (que no son todas las que se estrenan) , tarde, y a un precio cuando menos discutible.

Sobre el libro digital, ¡qué decir! Es casi aburrido observar cómo las editoriales de libros están repitiendo paso por paso los mismos errores que las editoriales de música, intentando mantener un sistema que ha quedado obsoleto mientras su público objetivo (el que lee, como antes el que escuchaba) se va desplazando a otras opciones.

La miopía de estas superestructuras, empeñadas en sobrevivir el tiempo que puedan a base de esquilmar a los fieles que aún les quedan, mientras le echan la culpa de su desgracia a la tecnología, que es como decir que la culpa la tiene el progreso, es difícil de explicar, especialmente cuando han ido pasando de una en una por el pasillo de lo digital y todas han podido ver qué sucede, cómo sucede y cómo está sucediendo.

Yo me crié en un pueblo (por entonces era pueblo, ahora está asimilado a Madrid ciudad) donde había lavadero, centralita telefonica, vaquería, bodega, tranvías,… de todo eso no queda nada, claro. Y aunque recuerdo mi niñez con nostalgia (me hubiera fijado mucho más en todo si hubiera sabido que el mundo cambiaría tanto en tan pocos años) no se me ocurre quejarme de que ya no pueda haber vacas, o -por cambiar de ejemplo- fuentes públicas, o ¡cabinas telefónicas! en las calles. El mundo cambia. Tenemos que cambiar con él o morir.

Todos los que nos ocupamos de la actualidad de Apple sabemos que su mantra es «si no organizas tú la revolución, otro la organizará por ti» (y te echarán del mercado). Por eso Apple no tiene problemas en matar los iPods que vende como churros para sacar nuevos modelos, o renovar su modelo básico de teléfono para sacar otro diferente y arriesgado, etc.

Si no tienes voluntad de estar en la cabeza, acabarás en la cola.

La industria de la cultura es a la cultura como los fabricantes de ordenadores a la informática. Cada vez el pastel de la tecnología es más grande (teléfonos inteligentes, tablets, ordenadores, portátles,… hasta llegar a «la internet de las cosas» que viene) pero los fabricantes de ordenadores ya pierden todos dinero (menos Apple, claro) porque no tienen la voluntad, el coraje o la visión de saltar a la siguiente casilla -todos esperan a que la empresa de la manzana les diga cuál es, claro.

Eso le pasa a la industria de la cultura. Aunque la cultura sigue en expansión constante, su pedazo de pastel es cada vez más pequeño, porque su pereza, su miedo o su ceguera (o todo a la vez) les impide saltar hacia adelante siguiendo a su público. Por eso mientras los focos iluminan al pueblo que avanza, su escenario se queda cada vez más negro, porque se hacen a si mismos irrelevantes.

Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

32 Comments

  1. --540993--

    Espero no tener que explicarlo en detalle… Consumidores ávidos de nuevos formatos, empresas dispuestas a arrancarse los ojos (a la competencia y a nosotros) para no quedarse a la cola en innovación… Así vamos, subidos todos a la gran ola del progreso si no quieres ser un cadáver. El artículo habla del «pastel de la tecnología», si «te echan del mercado», etc. etc. etc. Vamos, si esto no es una visión ultra capitalista del mundo…

  2. Alf Post author

    Javier, no es visión capitalista, es un hecho.

    Te pueden echar del mercado y obligarte a «democratizar» el acceso a la música, como hizo Apple con su venta de canciones sueltas en iTunes.

    Y el PDF, o el ePub, si quieres, están al alcance de todos, de hecho las editoriales los usan.

    El problema es que quieren utilizarlos para seguir manteniendo rehenes a los usuarios, cuando el valor percibido de sus propuestas no se corresponde con lo que quieren cobrar. Resultado: se buscan otras alternativas.

    Los mismos actores (discográficas, editoriales, estudios) podrían liderar este cambio de medios. Pero no quieren. Quieren que todo siga igual y eso no va a suceder.

  3. --540993--

    Pues eso: ¿Qué más da que los usuarios sean rehenes de un editor tradicional o de Apple? El sistema siempre necesita rehenes, lo que se decide es quién será el secuestrador mientras los demás asistimos a la pelea como palmeros…

  4. amaya

    Es un poco lo que explicaron ayer en la conferencia sobre los inicios de Pixar, comentaban que Pixar fue una empresa netamente tecnológica, que entró en la arena de la del cine/animación y que fueron un éxito rotundo desde el día 1, es decir, algo que tradicionalmente se hacia a mano, a pulso, pasó a hacerse de forma bastante brillante diría yo, de mano de las computadoras/ordenadores y se convirtió en el referente del mercado, prácticamente destronando a Disney que era/es lo mas clásico en animación, y como aquello de si no puedes con ellos, únete, pues ya sabemos el resto de la historia……

  5. Alf Post author

    Que no Javier, que no. Que la «industria cultural» quieren seguir ellos los que corten el bacalao diciendo a cuánto el corte, cómo es el corte, y cuándo se puede cortar.

    Y la tecnologia no se detiene, y abarata los costes, y la gente no se queda esperando a que bajen a la tierra, se buscan las fuentes en otros lados.

    La tecnología precisamente lo que hace es ofrecernos opciones. No somos palmeros, somos los que decidimos dónde cuándo cómo y por cuánto (y ahí ya entra la ética de cada uno, que es otro tema).

  6. margotan

    Estando de acuerdo contigo Alf, en la mayoría de tus artículos, en éste no puedo estarlo. Me parece muy simplista tu exposición sobre un fenómeno con muchas caras y matices y del que hace muchos tiempo se discute en todo el mundo.
    Mi razonamiento pecará también de simplista. La industria de la música, con todos sus excesos, no es sinónimo de las «estrellas del pop». Permitió que los artistas pasaran de ser unos menesterosos a ser capaces de vivir de su talento, que desde la otra punta del planeta supiéramos de su existencia, etc. Ejemplos ilustres los hemos visto los de nuestra generación (Leadbelly, John Lee Hooker. Willie DIxon, …). Lo mismo podemos decir de los escritores, pintores, actores, etc.
    Pensar en la tecnología y la «red» como medio de transmisión inocuo de la cultura me parece que es ser muy optimista. Este medio se quedará en muy pocas manos, las telefónicas dueñas de la infraestructura y cuatro tecnológicas (los Google, Amazon, etc. de su momento) como ha ocurrido con la energía, la automación, las editoriales, etc.
    La historia nos muestra cual era la situación de la cultura antes de la aparición de la ahora denostada industria cultural. El clero y las cortes de los estados daban de comer a los «artistas» para su propio deleite o secuestraban el saber en las grandes bibliotecas de los conventos, ninguno de estos estamentos dieron muestras de compartir la cultura hasta la aparición de la imprenta, etc..
    Todo esto sin entrar en lo que a puestos de trabajo se refiere. La demolición de muchas industrias en pos de la «sociedad del conocimiento», entelequia que nos vendieron durante años, no me parece que a día de hoy sea una razón muy convincente para liquidarse otro sector industrial más.
    Siento el «ladrillo» y las simplificaciones en la que habré caido.
    Un saludos

  7. salguzro

    Hace apenas diez años soñaba con una colección de CD’s de la que pudiera sentirme orgulloso: abrir la caja, sacar el booklet y olerlo, meter el disco a la bandeja del reproductor y escuchar, me quedé a la mitad, no pude resistirme al internet, demasiado poderoso.
    Hace apenas dos años no me imaginaba frente a una pantalla leyendo una novela o cuento, ahora contemplo seriamente la opción de comprar un Kindle ¿razón? los precios prohibitivos de las editoriales, mal servicio por parte de las tiendas en línea de libros impresos, poca oferta en tiendas locales, etc.
    Efectivamente, la tecnología nos da opciones, si quieres lo tomas si no pues no. Siguen existiendo los CD’s y los libros impresos, ¿por cuánto tiempo? no sé. Por el momento tú eliges.
    Interesante artículo, saludos.

  8. Daniel Jimenez

    La industria de la fotografia bien que se ha adaptado al mundo digital y ahi siguen las tiendas de fotografia con otros productos diferentes a los de antes. Ahi pueden mirarse

  9. Alf Post author

    margotan, creo que malinterpretas mi artículo.

    Yo no digo que haya que acabar con la industria de la cultura. Sólo digo que ellos no están a la cabeza de la innovación, Y PODRÍAN ESTARLO, porque sólo se trata de avanzar con el tiempo.

    Es exactamente como tú indicas: si los conventos y cortes se quejaran de la imprenta porque les impide seguir teniendo el control de lo que se publica y lo que se lee. Al final es una batalla perdida.

    Cada día que esta industria deja de ponerse a la cabeza, es una día que le será un poco más difícil sobrevivir. Y no porque no tengan los medios, los conocimientos o la audiencia.

    Es sólo porque no quieren dejar las viejas costumbres que tanto tiempo les ha dado dinero a raudales. Cuando se les acaba el queso, en vez de buscarlo en otras partes, siguen quejándose de que no se lo llevan.

    Y dejan la puerta abierta para que entren otros que ven la oportunidad.

  10. Jaime

    Hola Alf, estoy totalmente de acuerdo contigo en lo que expones en el artículo. Creo que la industria cultural no ha sabido adaptarse a la nueva realidad de internet y las posibilidades de los mercados digitales.

    En su momento perdieron la oportunidad de crear algo similar a iTunes antes de que Apple diera el golpe en la mesa y creara un nuevo modelo de negocio que se ha demostrado muy beneficioso para ellos, cuando era un extraño en el mercado musical.

    De manera similar está ocurriendo con los ebooks y el Apple TV.

    Hace años que ya no veo la televisión, porque no soporto la publicidad ni que me digan lo que tengo que ver y cuando lo tengo que ver. Ahora veo lo que quiero, ya sea mediante Netflix o por otros medios, y sin publicidad.

    Con los ebooks me ocurre lo mismo. Tengo personalmente un Nook y a mi abuela le regalé un Kindle. Pero el problema es que al vivir en latinoamérica no es posible comprar ebooks ni en la Nook Store, ni en Amazon USA, ni en Amazon España, ni en la Casa del Libro… etc. Por tanto, la única opción que me queda para poder leer libros electrónicos es «conseguirlos de manera compartida», pues aunque tengo la voluntad de pagar por ellos, no me lo permiten.

    Es un sinsentido que con el potencial que tiene el mercado digital de eliminar las antiguas fronteras y limitaciones de sistemas antiguos, la industria se aferre a modelos caducos.

  11. --540993--

    Me temo que nadie conoce el mercado editorial. La cantidad de libros publicados, las ventas, lo que se lleva el distribuidor, el autor, el editor… Está claro que aquí no se habla de cultura: se habla de Apple, de Google, de Amazon…
    Da igual que desaparezcan los tranvías, porque si no conduces uno, puedes llevar un autobús, o un taxi. O llevar un carro de caballos para turistas… Pero no estoy muy seguro que se hagan canciones que valen menos que lo que cuesta un chicle (a la espera de que Amazon se haga con el mercado de chicles, claro), o escribiendo libros que únicamente se podrán comprar en Amazon y en Apple.
    Lo bueno es que todavía se hacen dibujos tradicionales porque, gracias al gran Demiurgo, Pixar-Apple todavía no lo han impedido. Veo cada semana como se cierran librerías por todas partes. En muy poco tiempo, únicamente podrás comprarlos en Amazon o Apple y al precio que ellos les de la real gana. El autor, como siempre, será el esclavo del sistema y los «consumidores» el engranaje esencial que mueve las ruedas.
    Un escritor que no sea un bestseller se lleva un 8 -10 por ciento del precio final de cubierta por ejemplar vendido. Prácticamente nadie (salvo los grandes nombres) cobran adelantos y las cantidades percibidas son, simplemente ridículas, igual de ridículas que se pagan en Amazon a los precios «populares» que reclama el consumidor.
    Por otra parte, el trabajo del editor que busca nuevos talentos, pone el dinero, el criterio y el trabajo de edición (una labor de gigantes incomprendidos, como los de editoriales como Pálido Fuego o Alpha Decay, por nombrar dos españolas) y promoción desaparece poco o paco de un sistema en el que Amazon y Apple te dan las herramientas para que publiques tu mierda.
    Ahora, con suerte, tu libro autoeditado en Amazon (que se puede llevar hasta el 70 por ciento de las ventas) lo comentan cuatro blogueros que ni saben quien fue Proust ni se les importa no haber leído ni la décima parte del canon literario occidental. Así que estamos bien jodidos.
    Por eso estos artículos escritos sobre el democrático acceso de la humanidad a la cultura a precios asequibles y de que las editoriales son el demonio y que los que realmente saben de esto son Amazon y Apple no me provocan risa: me producen una extraña mezcla de decepción y miedo.

  12. Jaime

    Me parece muy romántica tu visión del libro físico, pero no puedes negar que el avance del libro electrónico es imparable. Y con ello las nuevas formas de publicación y distribución.

    En cuanto al tema de las fronteras, me parece absurdo que por vivir en otro país no pueda comprar legalmente un libro que publica Amazon España. Allá ellos.

  13. Jaime

    Personalmente no compro libros porque me los promocionen, sino por que se ajusten a mis intereses o alguien me los recomiende. De hecho ya he comentado que tengo aversión a la publicidad.

    Lo que necesito es un sistema que me permita buscar lo que quiero y acceder a ello. Por eso comento que tu visión del mercado editorial está desfasada y que no se adapta a las nuevas posibilidades.

  14. Alf Post author

    Javier, no es que no hablemos la misma lengua. Es sólo que tu insistes en que Amazon, Google y Apple son los que están destruyendo el negocio de las editoriales cuando la realidad es que todo lo que hagan éstas lo podían haber hecho ellas antes.

    Y si ni con las tiendas de libros digitales consiguen vender, no es culpa de AGA /Amazon Google Apple/ sino de que los precios de los libros digitales no son asumibles por el nuevo público.

    No sé si ese es un punto en el que podemos estar de acuerdo.

    Yo he tenido mucho (bueno, algo) trato con artistas, y sugerirles que deberían pasar de intermediarios y vender sus productos (novelas, monólogos, libros de audio, etc.) directamente, solo conseguía provocar miradas de desconcierto como si no supieran a qué me refiero.

    Que las herramientas (MP3, PDF, MPG) están ahí para que todo el mundo pueda comerciar con ellas. Y que si no lo hacen los que tienen los medios, vendrán otros y lo harán.

    Si las editoriales de libros (que parece que es lo que tú conoces mejor) no aportan nada -o poco- a los autores, que de todas formas no venden sus libros, ¿por qué siguen con ellas? ¿por qué no se asocian para crear su propia distribuidora cuyo único y principal interés sea acercar su literatura al público que esté dispuesto a comprarlo?

    Aunque los demonices, los Apple y Amazon han demostrado que por el precio adecuado hay mucha gente dispuesta a pagar por su ocio. Igual que la serie de Kevin Spacey en Netflix. Igual que las giras de Iron Maiden por los países donde más piratería sufrían.

    Hay una desconexión entre las estructuras establecidas de la industria cultural y la realidad de los consumidores. Y la culpa no es de Apple o Amazon, ellos sólo han visto un hueco enorme que les dejaba espacio para maniobrar a sus anchas.

    Que se han dejado comer el bollo y ahora se quejan de que tienen hambre.

    No sé si aclaro lo que quiero decir y/o si podremos estar de acuerdo en algún punto pero yo sólo señalo que el origen de sus males está en ellos mismos, que no han sabido reaccionar.

  15. margotan

    Completamente de acuerdo con #13 por Javier Vizoso.
    Quizá parezca exagerado, pero me parece que se esta alimentando un gran hermano cultural con el pretexto, tantas veces utilizado en la historia de la humanidad, del «progreso».

  16. Carlos Burges Ruiz de Gopegui

    #13 Me temo que categorizar sobre que «nadie conoce el mercado editorial» es un poco arriesgado. Yo estuve 15 años inmerso en ese mundo y lo conozco perfectamente, con todas sus luces y sus, sobre todo, muchas sombras.

    Pero lo que más gracia me hace de todo el comentario, con el que no estoy de acuerdo en absoluto, es la parte que dice:

    [quote]Ahora, con suerte, tu libro autoeditado en Amazon (que se puede llevar hasta el 70 por ciento de las ventas) lo comentan cuatro blogueros que ni saben quien fue Proust ni se les importa no haber leído ni la décima parte del canon literario occidental. Así que estamos bien jodidos.[/quote]

    Te voy a exponer un caso, exactamente el mío. Hace un año que publico libros en la iBooks Store de Apple. Elegir la iBooks Store fue una acción premeditada por varias circunstancias entre las que estaban que cuadraba perfectamente con el modelo de negocio que pretendía desarrollar, si no, quizás hubiera elegido entre las diferentes plataformas una que me hubiera convenido más.

    Según tu, con suerte, tu libro autoeditado (en este caso, en la iBooks Store) se lleva una «quita» por parte de la plataforma. Bien, das a entender que te roban ese dinero. En el caso de Apple, un 30%. Eso si, por ese dinero Apple me da:

    – Las herramientas para crear los libros, gratis, tanto Pages como iBooks Author, por no hablar de otras utilidades repartidas a lo largo del sistema.
    – Una pasarela de pago para el cobro de los libros que cada dos meses me ingresa en cuenta
    – El almacenamiento de los libros en sus servidores, y una tienda con su correspondiente gestión y organización donde mostrarlos, incluyendo información sobre ventas y estadísticas.
    – El ancho de banda de la descarga de esos libros (que ojo, también hay que pagarlo)
    – La capacidad de vender mis libros en 50 países, es decir, alcance internacional, cosa que ninguna, NINGUNA editorial tradicional te va a dar.
    – Un control de calidad de los libros para que, en el caso de un error o problema, alguien se encargue de decirte que ese probleam está ahí y que lo tienes que corregir.

    Todo esto que la iBooks Store me da por el 30% de mis ventas (ojo, si publicas gratis, todo eso entonces es GRATIS) me quita un montón de horas de trabajo y de dolores de cabeza a la hora de la comercialización de mis libros. Solo tengo que dedicarme a producir y a promocionar mis libros.

    En cuanto a que «lo comentan 4 blogueros que ni saben quien era Proust» te voy a dejar claras unas cifras: este año habré publicado una docena de libros aproximadamente y he vendido más de 5.000 ejemplares. Es una bonita cifra para un autor novel que se autoedita sus propios libros y espero que el año que entra podré, al menos, llegar a los 7 u 8.000 libros vendidos. Estas cifras, con una editorial tradicional, por muy buena y amigable que sea NI LAS SUEÑES. y no hablemos de los beneficios: el 70% de las ventas sin dolores de cabeza al respecto de la distribución y de nuevo, vendiendo en todo el mundo, van PA’LA SACA, BABY. Cada dos meses llega puntualmente el ingreso, por cierto, y no tengo que discutir con editoriales sobre si pagan, no pagan o que ahora no les viene bien. Ah, y los derechos sobre las obras siguen siendo míos. Sin contratos draconianos. Sin ingerencias en los contenidos. Sin negativas a publicar esto o lo otro.

    Y así, mientras sigas empeñándote en que la gente «publique su mierda», esa gente te pasará por la izquierda y por la derecha pitando y saludando con la mano mientras tu sigues todo cabreado debajo del puente.

  17. josuu

    Javier, que tal si te miras la pelea entre Apple y el departamento de justicia de Estados Unidos. Y con quien estaban autores y editores. No precisamente con el DoJ, sino con Apple. Por contra, ¿sabes quien movia los hilos?, Amazon. Asi que procura no meter a todos en el mismo saco, porque la formula de agencia de Apple era defendida por editores y autires. Tienes razon con Amazon, que vende los libros por debajo de lo que paga a las editoriales para acaparar el mercado.

  18. josuu

    Por otra parte, perdonad que escriba dos pasts, estoy muy de acuerdo con Alf, me puede sino alguien explicar porque existen murallas chinas con servicios online como Netflix o Hulu. Pues para proteger el suculento negocio de las majors con la venta de los derechos de distribución en exclusiva en cada país. Por cierto, estas murallas chinas son ilegales, al menos en la UE. Y sin envargo, no puedes ver Netflix o Hulu «a pelo» solo previo pago de una buena VPN puedes acceder a ellos.

    Hace creo que dos años que se anuncio la llegada de Netflix a España, pero no, razon, las cadenas españolas tienen acaparados los derechos de emision en España para todos los contenidos de exito.

  19. josuu

    Perdón, cuando me refería a que era ilegal, quería decir que según la legislación europea, desde españa se debería poder acceder a las versiones de Netflix en la Unión Europea sin VPN.

  20. Yules

    Apunto unas pinceladas de mi experiencia personal (intentaré hacerlo telegráficamente):

    – Yo estuve muchos años consiguiendo los libros gratis ¿Robándolos? No, en una biblioteca pública. Nunca he comprado tantos libros como entonces. Esto es lo que no comprendieron las discográficas: Que los piratas y sus clientes eran las mismas personas y que criminalizando a los piratas estaban insultando a sus clientes.

    – Entonces la lectura era una de mis principales formas de ocio, luego el ordenador fue comiéndole espacio, luego el iPhone le comió espacio a los dos y, por último, el iPad arrinconó a todos los demás. Dejé de comprar libros porque, aún hoy, si apilase los libros comprados que tengo sin leer, la pila tendría varios metros de altura.

    – Me costó un poco dar por vencido al último bastión de compra de libros en papel: El Círculo de Lectores, pero si algo ayudó en esa decisión fue que los libros, que habían crecido en precio hasta rondar el de mercado, cada vez eran de peor calidad, tanto el continente, con traducciones infames, erratas, faltas de ortografía, etc… como en el continente, con defectos de entintado, defectos del papel, letras enormes para convertir un cuento en una novela…

    – Esto último, la pérdida de calidad, ya lo había observado antes en libros comprados en librerías y era muy ofensivo. Para mí las editoriales estaban cavando su tumba con una insultante carrera hacia el ahorro de costes en la que se traslucía que la labor editorial era ínfima o inexistente hasta en su manifestación más esencial y visible: la corrección ortográfica de los textos. Ni hablar, claro, de la verdadera labor editorial de corrección de estilo y orientar al escritor para mejorar la obra.

    – En esta situación es posible que haya tenido mucho que ver el que a las empresas ha arribado una generación de ejecutivos que se han encontrado con el negocio hecho, sin saber lo que hubo que hacer para levantarlo y lo que había que dar a los clientes a cambio de su dinero, y han ido a saco a practicar la táctica de tierra quemada, esquilmando al cliente y a la empresa para obtener dinero rápido, aun a costa de poner en peligro o hundir la propia empresa, es decir, destripar a la gallina de los huevos de oro. Lo hemos visto en el negocio inmobiliario, en las telecomunicaciones, en la banca… Es una pena que esta generación de mangantes no tenga su merecido, empezando por sus criaderos: los teleoperadores mentirosos, los que ofertan empleos falsos, los que cambian la goma del butano a los jubilados, los políticos tan ignorantes como chorizos, las clínicas franquiciadas que cobran, en cómodos plazos, tratamientos innecesarios o alargados innecesariamente… En fin, estamos en manos de ladrones, pero quizá sea lo que nos merezcamos, porque hubo un tiempo en que ser un ladrón era un estigma, algo que condenaba al ladrón a la marginación social, y ahora se le envidia el gusto y se le reverencia, y ese es el modelo al que aspiran los ladrones.

    Vale, ya me he desahogado. Ahora me tomo la pastilla. 😉

  21. Alf Post author

    Todo esto sin mencionar que ni Apple ni Amazon se han convertido en editoriales, solo ponen la pasarela.

    Las editoriales podrían montar (haber montado) su propio chiringuito y competir.

  22. margotan

    Me parece un apunte muy bueno #28 por yules de cual es el cáncer de esta «industria» y que puede hacer desaparecer a grandes conglomerados de ella.

    Junto a este panorama también encontramos a maravillosos individuos que crean, a partir de su oficio, plataformas donde el cuidado y el mimo del artista y el espectador son patentes: Nick Lowe (Stiff Records), Peter Gabriel (Real World Récords), Rhino, …En el apartado editorial: Jaume Vallcorba Plana (El Acantilado), Lengua de Trapo, etc. y en todo el panorama cultural encontraremos ejemplos similares.

  23. Alf Post author

    En este caso viene al pelo recordar este articulo de Enrique Dans que (ya lo mencioné de pasada en otro comentario) podría dar muchas claves de cómo está el negocio mal entendido.

    [url]http://enriquedans.com/2013/12/reinterpretando-las-descargas-el-caso-de-iron-maiden.html[/url]

    Y es que -en el caso concreto de los músicos- en general han pasado de querer vivir de su música a querer vivir de las discográficas. Y claro, eso no funciona para nadie, especialmente en estos tiempos.

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