Mentalidades en conflicto alrededor de la TDT, por Gonzalo Martin

Digamos que, con ciertas limitaciones, se me puede calificar de geek. Las limitaciones vienen de que no sé tirar una línea de código y me pierdo en las especificaciones de red, pero desde un punto de vista de consumo interactivo, mi dependencia de vivir colgado en una especie de mutante de...

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tdt_logo.jpgDigamos que, con ciertas limitaciones, se me puede calificar de geek. Las limitaciones vienen de que no sé tirar una línea de código y me pierdo en las especificaciones de red, pero desde un punto de vista de consumo interactivo, mi dependencia de vivir colgado en una especie de mutante de eso tan criticado que se llama a veces nativos digitales, no deja lugar a dudas. Así que me referiré ahora al grupo de los que viven en la red como eso, como una especie de geeks que no se parecen en nada al sentido original de la palabra pero que nos ayuda. En este paraguas que me hago a mi medida, puedo incluir a la generación youtube, porque de eso va.

Así, las personas que defino como geeks en sentido amplio, a la hora de enfrentarnos a la nueva televisión, razonamos en términos muy claros: no entendemos como un contenido no está disponible donde queremos y cuando queremos (on demand, time-shifting y place-shifting, la any era), no entendemos que los contenidos no se puedan rehacer y remezclar, nos organizamos solos nuestras páginas de información (pasamos de outlook y vivimos con RSS, twitter y mensajería) y nuestro tiempo de ocio y trabajo se funde sin saber qué es una cosa y otra frente a una pantalla. Tampoco entendemos la inexistencia de funciones sociales. Para este usuario, para mi, la TDT es un instrumento insuficiente y prescindible, en lo que se refiere a su verdadero posicionamiento diferenciado frente a la analógica (no es tener más canales gratis, su valor real en el mercado) y que es la interactividad. Las funciones potencialmente interesantes requieren un tipo de señal de retorno que me da la red convencional que ya estoy usando. PERO, así, en grandes mayúsculas, estos no somos la mayoría de la población. Los adolescentes van de otra manera, pero la penetración y el conocimiento que requieren estos usos, está limitado en la población por las estrecheces de la implantación de la banda anchita que vivimos y, debe decirse, los hábitos y la “alfabetización” tecnológica. Los creadores de los sitios online, confían ciegamente en la convergencia internet/televisor.

En segundo lugar, están las empresas de sistemas que están viendo el gran negocio potencial de llenar autonomías, ayuntamientos y, nos enteramos ahora, América Latina, de plataformas, sistemas, conocimiento, etc. para desarrollar sistemas interactivos de valor añadido. Hablamos de muchas corbatas y mucha querencia por windows media y las cosas de microsoft, frente al gusto por salir de windows, usar flash y añadir miles de gadgets del geek. Su razonamiento se basa en la fuerza del peso legal y apoyo institucional y político a este sistema, que se traduce claramente en mucho dinero público para proyectos. Ellos ven lo que digo: proyectos, lo que lleva a que estén fuera o tengan propuestas (ni malas, ni buenas, propuestas) que chocan claramente con la percepción del negocio de contenidos que tiene la gente del sector, por no hablar de la rentabilidad comercial de las estaciones privadas que tienen que surgir. Así, la TDT es una forma de vender hardware y software. A estos no les veo muy concernidos por los nuevos hábitos de consumo y lo que puede suponer la revolución PVR, si se produce en Europa.

Seguiremos con los gestores de contenidos tradicionales. Para ellos el razonamiento es otro: ¿cómo llenar las trescientas mil horas de programación previstas? ¿cómo pagarla? ¿cómo ganar dinero? ¿cuáles son los modelos publicitarios que se pueden vender? Así, su visión es pesimista: la TDT está regulada como el resto de la televisión en abierto, con restricciones de participación accionarial (se reducen las concentraciones al contrario de la lógica mundial del negocio de distribución de contenidos), restricciones para emitir en cadena y restricciones de publicidad. Eso por no hablar de la escasez de contenidos relevantes y, hasta ahora, porque va a cambiar si el tono de políticos y empresarios del sector se confirma, no se puede hacer pay-per-view. Aquí vaticinan que en 2008 el Gobierno permitirá cobrar.

Los siguientes a sumar son los fabricantes de electrónica de consumo. Para ellos las transmisiones digitales son un cambio tecnológico y ellos adoran los cambios tecnológicos porque significa que la gente renueva sus aparatos. Adoran las subvenciones a los dispositivos porque bajan los precios y ellos ganan lo mismo. Así, TDT, alta definición, PVR, wifis e IPTV’s son una manera de vender cacharros. Esta gente reacciona muy rápido frente al consumidor. Así, si detectan que la gente quiere ver internet en el televisor lanzan el aparatito y ven la repuesta. Como la respuesta sea buena, empiezan a entrar todo tipo de fabricantes y bajan los precios terriblemente. Como la competencia es terrible, procurarán que la gente use sus cacharros para todas las posibilidades, de ahí que SONY esté en todas las pomadas.

Y nos quedan los consumidores. La gente que no piensa nada de esto y que se sienta en la tele, usa su movil o accede a internet para usos muy concretos y que no tienen nada que ver con la fascinación por la tecnología. Qué es lo que quieren, nadie lo sabe bien, pero hay unos cuantos hechos bastante habituales. Uno, demostrado, que el contenido tiene vida propia y no se sabe de antemano lo que funciona y lo que no funciona. Eso hace que repartan su atención de manera impredecible: si los adolescentes no ven la tele, al menos como es hoy, ¿se preocuparan de ver la TDT?. Dos, pagar no gusta, así que hay resistencia a adoptar modelos pay-per-view o de suscripción. Móviles y televisión de pago serían un refugio para los empresarios, pero parece ser que hay una altísima sensibilidad al precio, ergo presión a la baja. Tres, detesta la complejidad. Quiere hacer fotos apretando un botón sin tener que saber lo que es una norma ISO y que se vea bonito. No le gusta aprender a programar el vídeo, o el PVR para nuestros tiempos, no le gusta acumular aparatitos y cables encima de la tele cada uno para una cosa. Los estudios que se presentan aquí vienen a decir que la gente está encantada con la TDT en la medida que tiene muchos canales, pero que no entra o no ve tanta ventaja en la interactividad. Aquellos que ya tienen ONO, IPTV o satélite ven poca diferenciación. Pagar, pagar… se paga por el fútbol. De momento, usa la interactividad como usaba el teletexto: el tiempo, que es una cosa demandada de toda la vida.

La suma de todo esto, más la suma de tecnologías que compiten y cooperan entre sí tiene que dar un espacio determinado: difícil apostar, pero cabe pensar que si la característica esencial de los destinatarios, el público, la audiencia, es la fragmentación de intereses y consumos, cabe esperar que se comporten igual frente a las fuentes de acceso a imágenes – televisión – y que veamos muchos patrones de conducta y modelos de negocio compitiendo entre sí y buscando su sitio.

Gonzalo Martin

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