A la búsqueda del futuro de la televisión

Prácticamente cada semana desde el pasado febrero hasta mediados de mayo, Google hacía pasear a sus visitantes con los ojos abiertos como platos por una pequeña habitación de madera en su colorida sede en Mountain View, California.

En ella había un cómodo sofá y varios sillones, una planta de interior de tela en una esquina, y un gran televisor de alta definición sobre un aparador. Bajo la atenta mirada de los ingenieros y responsables de producto desde el otro lado de un espejo ventana, los visitantes se acomodaban frente a un teclado inalámbrico. Estos buscaban y sintonizaban con All My Children en ABC, miraban un episodio de Glee a través de la Web, reproducían una grabación de The Daily Show desde un grabador de vídeo digital, o pasaban el ratón sobre los ingeniosos anuncios de Old Spice en YouTube–todo esto en la fantásticamente grande pantalla de televisión.

La empresa estaba probando una de sus apuestas más atrevidas en sus 12 años de historia: Google TV. Se trata de un software que tiene como objetivo ofrecer a las personas una manera fácil de acceder a todo lo disponible en los canales de televisión comunes y en el vasto mar de contenidos de Internet, todo en la pantalla más grande De la casa–un intento de reinventar la televisión para adaptarla a la era de Internet. La primera demostración pública de la iniciativa había sido establecida para el 20 de mayo, y los geeks de Google tenían que asegurarse que el producto atraería al espectador medio, que consume aproximadamente cinco horas de televisión al día. Así que semana tras semana, el equipo de Google TV estaría probando innumerables variaciones de todo, desde la vista de los resultados de búsqueda hasta los colores del fondo de pantalla, con la esperanza de aprender qué funcionaba mejor.

Google tenía buenas razones para trabajar cada detalle. Desde mediados de la década de los 90, varios costosos esfuerzos de llevar la Web a la televisión han fracasado rotundamente. Los híbridos, tales como las redes WebTV, que desaparecieron dentro de Microsoft a finales de los 90, sufrían de múltiples problemas, incluyendo conexiones de red inestables, hardware poco potente, e burdas interfaces de usuario. No obstante, incluso si hubieran funcionado mejor, estos esfuerzos anteriores habrían sufrido de un problema mayor: sus desarrolladores parecían olvidar que la mayoría de personas no habían comprado sus televisores para navegar por Internet. Sólo querían ver la televisión.

Todavía es así. Sin embargo, actualmente las nuevas tecnologías y un aumento en el contenido web adecuado para la TV están hinchando la variedad de opciones de programación mucho más de las que tienen disponibles a través de su cable coaxial, antena parabólica, o reproductor de DVD. A medida que Internet realiza incursiones en el último medio de comunicación de masas, millones de personas están empezando a programar sus propias experiencias de televisión especializadas. Por tan sólo 60 dólares, los nuevos dispositivos y programas de los fabricantes de televisores, las nuevas empresas como Roku y Boxee, y los gigantes como Apple han conseguido que sea muy fácil transmitir contenido en línea a cualquier dispositivo. Además de lo que está disponible en línea gratuitamente, se pueden transmitir programas a los aparatos de TV desde Netflix por 8 dólares al mes o desde Amazon Video on Demand partiendo de 1 dólar por episodio.

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