Posiblemente una de las mayores satisfacciones de un aficionado a los videojuegos es encontrarse de vez en cuando con alguna de las pequeñas joyas que los estudios independientes consiguen sacar a flote. Éste es precisamente el caso que nos ocupa, porque Gish es seguramente uno de los mejores juegos que se han cruzado por la pantalla de mi mac en los últimos tiempos.
Si analizamos sus antecedentes, nada parece indicar que estemos ante una de las apuestas más divertidas y originales que ha ofrecido el panorama independiente. Chronic Logic, los responsables de Gish, son un pequeño estudio que tiene ya una amplia experiencia en la creación de —ejem— simuladores de puentes. Sí, sí, son unos hachas creando simuladores recreativos de puentes. Evidentemente, de primeras, esto no tiene por qué representar nada bueno. Sin embargo el bagaje que han obtenido con estos exóticos simuladores ha sido precisamente la clave para que Gish sea tan brillante, ya que el uso de la física ha trascendido lo funcional para convertirse en un componente de primera línea en lo que a jugabilidad se refiere.
De hecho, bastan tan sólo diez minutos frente a este juego para comprender por qué ha obtenido varios galardones y una bien merecida reputación en la «scene» del desarrollo independiente.
La historia
Seamos sinceros, la historia en Gish es prácticamente inexistente. Y es que, como le ocurre a muchos clásicos, tampoco la necesita. Pero, como diría el forense de CSI, mejor vayamos por partes: En Gish no encarnaremos al tipo duro y con recursos que estamos acostumbrados. De hecho, no encarnaremos a tipo alguno. Más bien seremos —¿cómo decir esto sin que quede ridículo?— una apuesta, aguerrida y temeraria… mancha de chapapote. Has leído bien, una informe mancha de petróleo que se verá obligada por las circunstancias a dejar su rutinario día a día y emprender la más peligrosa y emocionante aventura de su vida.

La razón es bien sencilla: un siniestro y misterioso malvado ha secuestrado a Brea, la hermosa novia de Gish y se la ha llevado al extremo más recóndito de un gigantesco laberinto subterráneo plagado de trampas y monstruos ávidos de sangre. Sólo hay un camino para rescatarla y sólo Gish puede lograrlo.
El juego
Pues bien, partiendo de este simple argumento, donde este título realmente pone sus cartas sobre la mesa es en la mecánica de juego propiamente. Y ahí la gente de Chronic Logic demuestra sobradamente que han sabido guardarse más de un As en la manga.
A primera vista estamos ante un plataformas de los de toda la vida. 2 dimensiones, saltos precisos, plataformas móviles y niveles que no se conectan entre sí. Pero en cuanto juguemos un poco y, sobre todo, una vez que le pillemos el truco a los controles descubriremos la verdadera dimensión de lo que tenemos entre manos.
Porque Gish no salta como lo haría un fontanero bigotudo cualquiera, no, Gish necesita tomar impulso contrayéndose contra el suelo antes de elevarse. Y dependerá del empuje inverso la altura de nuestro salto. Esto sí que es auténtica física recreativa. Del mismo modo, Gish tendrá que tener muy en cuenta la inercia de sus movimientos y los efectos de la aceleración.

Además, nuestro valiente protagonista podrá hacer uso de dos habilidades especiales. Podrá escurrirse por pasadizos estrechos, aprovechando su capacidad para cambiar de forma. Y podrá también dirigir todo su peso en una dirección, consiguiendo así eliminar a sus enemigos por el tradicional método del aplastamiento o destrozar paredes y suelos de poco grosor.
Creedme cuando os digo que ver interactuar a Gish con el escenario es una auténtica gozada. Comprobar como podemos controlar cada movimiento, cada reacción y cada —literalmente— contracción es lo que hace a este pequeño juego independiente algo grande. Y es que el magnífico trabajo que han hecho los programadores con la física lo cambia todo. Convierte lo que de otro modo sería un juego más en una experiencia mucho más rica y divertida e inyecta un torrente de sangre fresca a un género que ya parecía destinado al olvido.
Un sistema de juego como éste requiere necesariamente un control preciso y ágil. Y Gish lo tiene. Nuestra mancha de alquitrán preferida se deja guiar con absoluta fidelidad y responde al instante a cada movimiento. Eso sí, si tenéis a mano un pad permitíos el lujo de utilizarlo: comprobaréis como la experiencia de juego mejora considerablemente.
Si el control es bueno, el diseño de niveles tampoco se queda corto. Cada nivel está pensado para añadir un plus de dificultad al anterior, haciendo la curva de aprendizaje muy equilibrada y dejando que el jugador aprenda poco a poco lo que es capaz de hacer.

Es cierto que los niveles acaban pareciéndose demasiado entre sí y que los tipos de enemigos se aprovechan en exceso. Pero estos detalles negativos tan habitualmente asentados en el género de las plataformas, nunca han sido un impedimento para que crítica y público hayan ensalzado algunos títulos que ya cuentan con su lugar de honor entre los clásicos.
Quizás lo que es menos perdonable sea el hecho de que nuestros enemigos no muestren la menor inteligencia, limitándose a perseguirte sin tener en cuenta los cambios del terreno. Supongo que habría sido pedirle peras al olmo, pero con ese pequeño detalle algo más pulido el juego hubiese ganado aún más enteros.
Tan sólo en el modo historia nos tendremos que enfrentar a más de treinta niveles. Pero los chicos de Chronic Logic han decidido que esto no era suficiente. Y junto al modo «historia» nos podemos encontrar un modo de «recolección» en el que tenemos que conseguir todas las monedas de un escenario en una frenética lucha contra el reloj y, sobre todo, el magnífico modo «versus». Gracias a él podremos enfrentarnos a otro jugador en 6 diferentes minijuegos que exprimen al máximo las capacidades especiales de nuestros escurridizo protagonista. Desde una lucha de sumo en el que gana el que lanza al contrincante fuera del ring, hasta un peculiar partido de fútbol americano en el que saber dosificar tus fuerzas es casi tan importante como saber «placar» al enemigo.
Pero lo que realmente ha conseguido llegarme al pequeño corazoncito de jugador que debo guardar en alguna parte, ha sido la inclusión de un editor de niveles. Esta aportación por sí misma ya justifica la compra del juego. Si bien es cierto que no presenta precisamente un interface muy intuitivo (todo se configura por medio de comandos de teclado), la posibilidad de generar y jugar nuestros propios niveles aumentan geométricamente las posibilidades de Gish.
Los gráficos
Posiblemente a más de un jugador de los de última generación los gráficos de Gish le parezcan, siendo generosos, un completo atraso. Y es que la proliferación de las tres dimensiones nos han dado magníficos momentos pero también han extendido entre los jugadores de nuevo cuño la idea equivocada de que cualquier cosa que se represente sin profundidad no vale un pimiento (digital o no).
Sin embargo los más veteranos, los que nos dejamos los dineros en las recreativas durante las dos últimas décadas y borramos los caracteres de las teclas de goma de nuestros Spectrums, esos que nos emocionamos cuando vimos en movimiento el legendario Shadow of the beast, sabemos valorar unos gráficos 2D cuando están hechos con cariño, estilo y sentido del humor.
Y justo éste es nuevamente el caso. Los sprites de nuestros enemigos se mueven con fluidez gracias a unas animaciones muy trabajadas. Es cierto que no se llega al virtuosismo de Street Fighter 3 o Guilty Gear, pero el magnífico estilo cartoon que le han querido imprimir a todos los personajes se transmite también a los movimientos de los enemigos. Y la mala leche que destila el juego se puede percibir perfectamente en las sangrientas muertes de los esbirros.

Esto, que me parece una muestra de divertido humor negro es por otra parte una apuesta arriesgada que desgraciadamente le roba al título de un plumazo un buen número de jugadores potenciales. Lo que de primeras es un juego magnífico para los más pequeños por su uso de la física y su desarrollo «plataformero», gracias a esos macabros momentos se convierte automáticamente en una obra para jugadores más maduros.
Los decorados presentan un aspecto más cercano a las 3D para un desarrollo claramente 2D. Aun siendo bidimensionales, el uso de texturas y los efectos de iluminación los distinguen claramente de los personajes. Quizás no consiga el magnífico aspecto que muestra, por ejemplo, el extraordinario Vietiful Joe de Gamecube, pero el efecto está bien conseguido y el scroll es bastante suave.
Sin embargo, se echan en falta más variedad de escenarios, ya que aunque la repetición de fondos es más que habitual en los juegos de plataformas, los últimos exponentes del género han demostrado que no tenemos por qué tener siempre necesariamente esa sensación de «deja vú».
Mención aparte merecen las imágenes fijas entre nivel y nivel, excelentes tributos a los carteles de conocidas películas versionados por los personajes de Gish. El primero, parodiando al de Pulp Fiction, está pidiendo a gritos convertirse en el fondo de escritorio de nuestros macs.
El sonido
La banda sonora es otra de esas agradables sorpresas. Los temas con aire jazzístico tienen una magnífica factura y aunque no tan variados como querríamos, no llegan a resultar en ningún momento monótonos.
Los efectos de sonido consiguen el dudoso honor de pasar desapercibidos. Es decir, no son tan desagradables como para molestar pero tampoco consiguen robarnos la atención por su brillantez. Cumplen bien su cometido pero sin alardes.
Es posible que se pudiese haber mejorado considerablemente este apartado, pero tal como está, el juego no se resiente en ningún caso por este motivo. Es un «pero», uno tan insignificante frente a la magnífica experiencia que aporta el conjunto que tampoco deberíamos tenerlo demasiado en cuenta.
Concluyendo
Gish es, a mi juicio, uno de los mejores juegos independientes creados para la plataforma mac hasta la fecha. Sus desenfadados gráficos, la brillantez de sus niveles y su casi inmejorable jugabilidad bien merecen ser disfrutados. No es Mario, Sonic o Jack, es cierto. Pero Gish es mucho Gish.
Si te gustan los juegos de plataformas no puedes perder la oportunidad de jugar, al menos, a la versión demo. Eso sí, si eres un devoto de las tres dimensiones y valoras la calidad de un juego en polígonos este no es precisamente tu Santo Grial. Gish es un título discreto en sus planteamientos, poco ambicioso en sus objetivos pero que les ha salido casi redondo a sus creadores.
Cuidado a los padres con las animaciones un tanto violentas. Por lo demás, es uno de esos juegos que uno puedo recomendar sin temor a equivocarse. Diversión inmediata con una excelente relación calidad / precio. ¿Alguién puede pedirle más a un juego?
Lo mejor
• Su excelente control y uso de la física.
• El diseño de niveles.
• Es un plataformas de los de siempre.
• Los modos versus y el editor de niveles.
• Su bajo precio.
Lo peor
• Falta diversidad en fondos y personajes.
• El sonido no está a la altura.
• ¡Quiero un versus online ya!
Requisitos mínimos:
• Mac OS X 10.1 o superior
• Power PC G3
• Tarjeta de vídeo Open GL con 32 MB
• 256 MB de RAM
Requisitos recomendados:
• Power PC G4
• Tarjeta de vídeo Open GL con 64 MB
• 256 MB de RAM
Enlace: http://www.chroniclogic.com/
Salu2, aprovecho este maravilloso artículo para recordar a la redacción que es interesante dar a conocer este tipo de juegos indendientes en los que podemos encotrar pequeñas joyas escondidas como esta, donde una buena idea supera a cualquier superproducción cargada exclusivamente de buenos gráficos.
Creo que la industria del videojuego está más estancada que nunca y que practicamente no destinan ningún recurso ha innovar, simplemente se dedican a producir juegos al estilo «más de lo mismo» para poder recaudar sus 50 o 60€ de nuestros bolsillos sin ninguna justificación.