[Diez días de verano] Las ideas (creativas)

Este primer semestre ha sido bueno. Aparte de trabajar, escribir y vivir, he podido presentar tres proyectos importantes, que han supuesto retos mentales porque partía de cero y tenia que encajar todas las piezas.

Sé que mucha gente ha crecido en la convicción de que no son “personas creativas”, que no tienen imaginación,  o que se les da mal. No voy a malgastar párrafos intentando argumentar que eso es falso, y que forma parte del machaque de la personalidad por la que ser creativo (mal entendido como artista) es algo malo, que puede hacer que nos torzamos buscando disciplinas que no nos permitirán vivir de nuestro trabajo.

Suficiente sobre el tema. Sólo quédate con esta idea. No es verdad que no seas creativo, sí lo eres. Y seguro que aplicas soluciones ingeniosas a la resolución de problemas en aquellas áreas que te apasionan, sea la jardinería, la contabilidad o la organización de un torneo de ajedrez.

El caso es que, como todo, la creatividad es un músculo que requiere ejercicio. Por supuesto que hay gente que nace superdotada, o con una predisposición natural. Está claro que Messi tiene muchas capacidades innatas, pero si no entrenara todos los días, y sólo jugara cuando va al partido, no sería ni titular.

En mi caso, por mi trayectoria (y mi predisposición natural) la creatividad es algo que practico naturalmente, desde las fotos que hago con el iPhone, pasando por las conversaciones, escribiendo -por favor, no aproveches para calificar mis logros literarios, déjame vivir la ilusión- o, por supuesto, en el trabajo.

Nada es mejor que un reto creativo. Cuando te lo plantean inmediatamente te transportas a un nivel diferente. Sientes la excitación, la sangre corriendo por tus arterias deseando llegar al cerebro para que funcione a toda velocidad, y ya solo puedes pensar en eso.

Cuando tienes una idea creativa, tu cerebro, tu cuerpo, tu vida, está en permanente ignición, como un volcán preparándose para la erupción.

Las ideas que vas examinando, desechando, analizando, son como las burbujas en el magma. Se inflan hasta un punto y luego explotan o se deshinchan. No es la idea adecuada. Tiene demasiados ángulos sin resolver, demasiadas incertidumbres o requiere un salto demasiado arriesgado para plantearlo.

Vuelta al horno. Hay que seguir cocinando. 

Querer resolver un problema creativo es obsesivo, acaparador, secuestrante.

Te obliga a vivir una farsa, en la que hablas, sonríes, vas a sitios, y fines que te interesan las cosas, cuando en realidad sólo puedes pensar en el problema que quieres resolver.

Para los demás “tienes una apariencia funcional” pero en realidad sólo eres un holograma. Tu cabeza, tu atención, tus cinco sentidos, siguen trabajando en el problema.

Está claro que una tensión así no se puede sostener mucho tiempo. Si las piezas no encajan, si no avanzas en la resolución, poco a poco la lava se enfriando. Por supuesto, por debajo quedará un rescoldo vivo durante mucho tiempo, de forma que si se produce un accidente afortunado y algo -repentinamente— te da una pista sobre cómo tienes que enfocarlo, o por qué no estabas llegando a ninguna parte, todo el cráter volverá a activarse en un intento frenético de recuperar el tiempo perdido.

Y cuando todo encaja… cuando resuelves el problema, cuando encuentras la solución, cuando, lo mires desde el punto de vista que quieras, está resuelto, se puede hacer.

Es una explosión de belleza perfecta. Todo tiene respuesta. Todo tiene cabida. Aunque te cambien o modifiquen partes, cuando has encontrado la solución, no importa. Porque es perfecta y en la perfección todo es posible.

Una vez que has encontrado la solución al reto, estás en la misma situación que cuando la estabas buscando pero mucho peor. Porque conoces un secreto que nadie más sabe. Y no lo puedes contar, porque tienes que examinarlo desde todos los ángulos, ponerla a prueba, plantear todas las preguntas que se te puedan ocurrir, para estar seguro de que es una solución perfecta, sin fisuras. Y en esa búsqueda, tu cerebro se queda sin oxígeno. No puedes pensar en otra cosa y te consumes deseando que llegue el momento de ponerla por escrito, de presentarla, de contarla, de venderla.

Por supuesto, a veces la belleza sólo es visible a tus ojos. Presentas tu solución mágica que, como es evidente para ti, resuelve todos los interrogantes y el resto ()los que tienen que aprobarla) no lo ven. No les convence. Puede que hasta te digan que es demasiado perfecta -la gente desconfía cuando no pueden poner objeciones, quieren poder salvar la cara diciendo que tal o cual cosa fue una sugerencia suya.

Pero, colegas, una vez que la presentas, es como si la espita se hubiera abierto, la presión se alivia, la vida vuelve a su rutinaria ordinariez y vuelves a ser uno más. 

Tu puedes refugiarte en que tuviste la idea, que resolviste el enigma, diste con la solución. Pero el mundo no le dará una segunda pensada. La vida sigue y tú tienes que encontrar nuevas ideas creativas.

Pero es por esos momentos perfectos, bellos, únicos y propios -que me pertenecen solo a mi- por lo que todo lo demás merece la pena.

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Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

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