[Diez días de verano] El valor de la palabra

Siempre me he tenido por una persona sincera. Esto quiere decir que cuando una cosa me importa la digo, cuando algo me ofende o me parece injusto así lo indico y si algo no me importa, o no me urge, pues lo manifiesto igualmente.

Traer cada semana un invitado diferente al podcast no es algo que ocurra mágicamente. Aparte de otras consideraciones (interés, enfoque, etc.) en muchos casos son conversaciones que se alargan semanas, incluso meses, hasta que por fin cristaliza.

A veces incluso, los caminos parece que convergen hasta que empiezan a separarse, y conversaciones que parecía que iban a tener lugar de repente se van volviendo más y más complicadas hasta que llega el momento en que, simplemente, las dejas correr.

 Con los años he aprendido a ser paciente, a mantener una presión suave, pero constante, de forma que sepan que no me olvido, que tengo interés, pero que tampoco es urgente. Un poco en plan “la victoria es de los que perseveran”.

Así que, cuando ando pidiendo que vengan a contarnos su vida, su historia, una de las frases que más suelo utilizar es “Sin presión, si se puede, se puede, y si no, no pasa nada” (si alguna vez te he pedido algo es probable que me lo hayas oído/leído).

Y lo digo genuinamente, es decir, sin presionar. Completamente a disposición del receptor. Cuando pueda/quiera, yo estoy dispuesto.

Por eso me sorprendió cuando uno de los invitados me respondió airadamente sobre mi actitud pasivo-agresiva, diciendo que “sin presión” pero presionando.

Os juro que me quedé atónito. Jamás se me hubiera ocurrido que alguien pensara que cuando digo, sin presión, es una forma de presionar.

Es probable que esté demasiado acostumbrado al dicho bíblico “que tu sí sea sí” y no estoy acostumbrado a la retranca corporativa donde se dicen cosas que son lo opuesto a lo que se piensa, sólo por mantener las formas.

Ya me acerco al “tercer acto” que dice Jane Fonda de mi vida, y no me ando con disimulos. Y tengo que ser sincero. Aquella respuesta me provocó una erupción violenta que me costó controlar. ¿Cómo se atreve?

La gente está tan poco acostumbrada a que se diga exactamente lo que se piensa, y que las palabras estén escogidas para transmitir exactamente el mensaje que se quiere formular, que inmediatamente sospechan, o adivinan, una intención oculta detrás de lo que se dice.

Estamos tan acostumbrados a que todo el mundo lleve careta, que si alguien va sin ella inmediatamente pensamos que “ir sin careta” es su careta, y que lo hace para ir de buena persona, para mostrar superioridad moral o cualquier otra razón retorcida que pueda convenirnos en ese momento para intentar explicar por qué alguien puede ir a cara descubierta, sin segundas intenciones.

No sé si será tu experiencia, o si serás de los que siempre piensan que todo el mundo tiene una agenda oculta, pero para mi fue un auténtico shock descubrir que, incluso cuando no quieres presionar, y dejas toda la libertad del mundo, la gente se siente presionada.

La consecuencia es que ahora tengo que dar muchas más explicaciones cuando digo “sin presión”, para intentar que comprendan mi punto de vista y que de verdad quiero decir exactamente eso.

Qué pena ¿verdad?

Puedes escuchar este texto haciendo clic abajo (sólo está disponible aquí):

https://www.faq-mac.com/wp-content/uploads/2022/08/EL-VALOR-DE-LA-PALABRA.mp3
Alf

Propietario de www.faq-mac.com.

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Admin
1 month ago

Y en ocasiones la situación es más exagerada, antes de hablar, o si dejar decir toda la frase, tú interlocutor ya se imagina lo que vas a decir y va preparando su “defensa”, su respuesta.

Y digo “defensa” porque actúa como si le estuvieses atacando, aunque no haya ningún ataque, aunque sea un comentario o una pregunta inocente.

Esto se da mucho en el mundo empresarial, no sé si más que en otros, pero es verdad que pasamos muchas horas en el trabajo y tenemos más números para vivir una situación como esta.

Pero también lo he visto en ámbitos más distendidos, sin compromiso ni repercusión, como un simple chat de Telegram, donde alguien dice algo y saltan varios miembros del mismo como una jauría de perros a atacar. O haces un comentario y ya te sueltan la “defensa”, sin que haya habido ningún ataque.

Hay una tensión en el aire, hay malas interpretaciones pero incluso pre-interpretaciones, donde el receptor del mensaje se imagina el mismo sin haberlo escuchado.

Y todo esto nos lleva a vivir en un enfado innecesario. ¿Qué tal si en lugar de presuponer una intención negativa presuponemos una positiva? Nadie dice que seamos tontos y firmemos una hipoteca sin mirar, podemos presuponer buena intención sin por ello tener un mínimo cuidado para estar protegidos de engaños.

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